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viernes, 16 de junio de 2017

El desprecio rascista de los "sabios".



El desprecio racista de los “sabios”

Sergio Rodríguez Lascano

Una de las características más bajas del pensamiento teórico de izquierda es que ubica los planteamientos, conceptos, análisis, tendencias y teorías que vienen del abajo profundo como parte del folclore de quienes no han sido formados en la academia.

De un plumazo o de un teclazo no sólo se empobrece la historia de la teoría emancipatoria, sino que se miente rotundamente sobre el origen de esa teoría.

No importa si uno es marxista o anarquista o sindicalista revolucionario o blanquista.

Siempre, las diversas teorías emancipatorias estuvieron vinculadas a procesos sociales que no tan sólo las permitieron, sino que las hicieron inevitables.

Así, por ejemplo, la Liga de los Proscritos —luego Liga de los Justos y finalmente Liga de los Comunistas—, estaba conformada por sastres, zapateros, relojeros. El conjunto de esos revolucionarios elaboraron sus teorías no en el medio académico (es más, muchas veces lo hacían en condiciones de hambre o en la cárcel), sino en medio de la gente común con la que trabajaban, práctica y teóricamente y, desde luego, en medio de grandes confrontaciones sociales: la revolución de 1830 en Francia, la revolución de 1848 en gran parte de Europa y, desde luego, la Comuna de París en 1871.

Por eso, Carlos Marx acuñó una frase que todavía hoy causa escozor a muchos comentaristas de la lucha social:

Cada paso de movimiento real vale más que una docena de programas.” (“Carta de     C. Marx a W. Bracke”. Londres, 5 de mayo de 1875.            https://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/gotha/c5-v-75.htm ).

Todo esto viene a cuento porque un grupo de comentadores de la realidad, cuya actividad práctica se reduce a atravesar con temor la avenida Eje Central, de la ciudad de México (no sin antes pedir ayuda a alguien porque la gente les provoca asco), desde las redes sociales (aquí se ubica la zona de su praxis) se han sumado al coro de ataques contra el zapatismo, en especial contra el Subcomandante Insurgente Moisés. Su “argumento” —que sería risible si no fuera tan deshonesto— consiste en señalar que él no es realmente anticapitalista (con un dejo bondadoso, este sí muy chic, señalan que… lo puede ser, siempre y cuando estudie y entienda el profundo significado de la ley del valor y de la fetichización de las mercancías).

Uno se podría preguntar: ¿Desde qué ladrillo se ubican esas personas para hacer esta crítica? o ¿cuáles son sus bases teóricas y prácticas para hacer esta crítica?

Desde luego, no es extraño que ahora se sumen al coro antizapatista, tampoco que ubiquen lo fundamental de su crítica con una gran dosis de desprecio racista. La fila es larga. En la práctica, comienzan el camino de Octavio Rodríguez Araujo y escriben su versión cool de “mi paso por el zapatismo”.

La elaboración zapatista, por lo menos la que se ha hecho pública, viene desde 1994. Ellos han planteado una serie de conceptos y categorías que, muchos años después, algún escritor famoso retoma, desde luego, sin citar el origen del planteamiento.

Están también quienes, en el colmo del atraso y el racismo, plantearon la idea de que el zapatismo estaba bien para la selva pero no para la polis. Que la polis era una sociedad compleja y no una simple como la indígena (¡chale!).

La idea era muy sencilla: el zapatismo no debe meterse en los vericuetos de los planteamientos teóricos, sino que debe construir sus Caracoles y quedarse en la selva sin opinar sobre temas candentes como neoliberalismo, mercado, capital financiero, crisis del Estado-Nación, fetichización de la mercancía (para quien quiera una explicación sencilla, pero profunda de lo que significa este último concepto le recomiendo el discurso del difunto Subcomandante Insurgente Marcos en Altepexi, Puebla, sobre las trabajadoras de las maquilas), acumulación por despojo, etcétera.

Pero resulta que sobre todos esos temas el zapatismo no sólo ha hablado sino que ha construido un método de aproximación que, por lo menos, tiene dos variantes:

1. Como ellos lo han dicho: su reflexión teórica es producto de su práctica.

2.  Lo que ellos plantean no son juicios terminados ni teorías cerradas, tan queridas por esos que se llenan la boca de hablar de ciencia y no entienden que, desde el punto de vista histórico, la duda ha desempeñado una función saludable. Desde luego, hablamos de la “duda científica”, que ha servido para poner en tela de juicio las verdades reveladas. Entonces, para la ciencia, toda verdad para ser científica ha de ser refutable. Una verdad científica “indiscutible” es por consiguiente un oxímoron. Toda la elaboración teórica de l@s compañer@s ha tenido como característica el “principio precaución”, que casi siempre va acompañado de la siguiente idea: “bueno, así la vemos nosotros, pero quién sabe cómo la vean ustedes”.  Ellos analizan los procesos económicos, sociales, políticos tratando de ubicar las tendencias que ahí se expresan. Y hay que decirlo: casi todas esas tendencias por ell@s señaldas se han evidenciado como realidades.

¿Por qué esa precaución? Creo que hay tres razones:

a)  Son modestos y su forma de explicar las cosas no tiene la pedantería de los teóricos de buró.

b) Parten de un principio ético que, en este caso, es profundamente ajeno no sólo a los teóricos de las redes sociales sino a los intelectuales de la academia, los cuales nunca o casi nunca se hacen responsables de lo que escriben. Una semana se expresa una idea, la realidad demuestra un día después que todo el planteamiento fue equivocado, y no se retoma el análisis para señalar explícitamente el error o el horror, sino que se pasa al siguiente tema sin el menor rubor. En cambio, para l@s zapatistas su palabra tiene valor. Por eso cuando escriben o dicen algo, ese algo ha sido producto de un largo proceso de reflexión y no de la ocurrencia del momento. Y, por eso, ell@s sí se hacen responsables de lo que dicen. No se olvidan de lo que dijeron, lo tienen presente y le dan seguimiento a esa tendencia señalada, ven si otros tienen otras ideas y luego, por medio de la práctica, saben quién tuvo razón. Pero, sin embargo, eso no los lleva a cantar victoria ni a mostrar superioridad. Una nueva tendencia se abre frente a sus ojos y recomienzan todo el proceso.

c) Como su reflexión teórica es producto de su práctica, pues entonces tienen que estar confrontando permanentemente esas tendencias que señalan con la realidad.

Le dejan a otros la soltura con la que descalifican a todo un movimiento que, cuando se había decretado el fin de la historia, la construcción de un “nuevo orden mundial”, cuando la resignación se había engalanado cubierta de cinismo, dijo ¡NO!  y ¡Ya Basta!

Luego se han dicho frases tontas como que el zapatismo es un “eticismo chic” o que no son del todo anticapitalistas (independientemente de que así se definan) porque no entienden la teoría del valor  y la fetichización de las mercancías.

Los que han dicho esto último no se caracterizan por ser unos estudiosos serios de los trabajos de Marx. Nunca han leído las obras fundamentales del marxismo, sólo buscan estar a la “moda” sin saber que, como dijo Walter Benjamin:

La moda tiene un olfato para lo actual, donde quiera que lo actual dé señales de            estar en la espesura de los antaño. La moda es un salto de tigre al pasado. Sólo que     tiene lugar en una arena en donde manda la clase dominante” (Walter Benjamin:          Tesis sobre la historia. https://marxismocritico.com/2013/05/31/tesis-sobre-la-            historia-y-otros-fragmentos/)

Entonces, interpretan a Marx a través de las gafas de Robert Kurz (muerto en 2012). No me interesa en esta ocasión discutir las tesis de Kurz, que además de cosas muy interesantes,  destilan un pesimismo producto de alguien que vomita desprecio hacia la gente común, la que vive, crece y se relaciona en las calles o en los campos. De aquél que nunca habla con la gente común ni busca encontrar un piso común con ella, no busca entenderla, más aún, tampoco la ve.

Pero me llama la atención que estas personitas se agarren de Kurz para criticar a l@s zapatistas y “demostrar” por qué no son realmente anticapitalistas —bueno, que todavía no lo son y que a lo mejor algún día, si les hacen caso a ellos (no lo dicen pero se sugiere), lo llegarán a ser— y que pasen por alto algo fundamental: ¿Cuáles son las expresiones concretas, prácticas, del anticapitalismo zapatista?

Veamos con un poco de detalle el problema:

En una serie de párrafos memorables, el Subcomandante Galeano, a nombre de l@s zapatistas, en referencia a los discursos de cinco generaciones diferentes de mujeres zapatistas señala lo siguiente:

El zapatismo no puede ser explicado por sí mismo, necesita conceptos, teorías y pensamientos críticos para dar cuenta de sí mismo. Porque ustedes han escuchado o leído la maravillosa genealogía de la lucha de las mujeres zapatistas, sí, su heroicidad, sí, su terco empeño, pero faltó algo.

Faltó la economía política.

Sí, porque esas rebeldía y resistencia pudieron crecer, desarrollarse y extenderse a lo que ahora nos sorprende y aterra, sólo cuando existieron las bases materiales que las concretaron. Fue hasta que las mujeres se fueron desprendiendo de la dependencia económica de los varones, que se pasó de la teoría a la realidad.

Fue hasta que surgieron sus cooperativas, sus proyectos propios, hasta que se apropiaron de la economía, que despegaron. Porque el trabajo incansable de las Ramonas, las Susanas y todas las mujeres zapatistas que malorientaron (ok, eso fue un desliz machito), que contagiaron a otras mujeres, y éstas a otras y así, pudieron hacerlo y pueden hacerlo porque no dependen económicamente de los varones.

Y déjenme decirles que esto fue posible sólo hasta que ocurrieron al menos dos hechos fundamentales: el uno, el cambio en la propiedad de los medios de producción, y el otro la toma y ejecución de sus propias decisiones, es decir, la política.

Al explicarles esto, he usado las herramientas de la economía política. Sin ellas, ustedes podrían llegar a pensar que todo fue y es una cuestión de voluntad, de firmeza, de compromiso, de militancia.

En las ciencias exactas y naturales funciona el llamado Principio del Tercer Excluido. Bueno, en realidad dice “Tercio Excluido”, pero los “Tercios Compas” somos zapatistas y resistimos. Este principio es muy sencillo: una cosa no puede ser y no ser.

Es decir, en condiciones idénticas una premisa siempre tendrá una y sólo una conclusión.

En las ciencias sociales es tal el ritmo vertiginoso de la mutación en las condiciones de las premisas que, cuando el teórico llega “loco de contento con su cargamento” a la realidad, ésta ya se ha modificado.

A menos que sea un cínico que sólo quiera mantener la beca o la plaza, el pensador crítico tendrá que ir y venir continua­mente de la realidad a la teoría, de tal forma y con tal celeridad que no es de extrañar que luego se maree y vomite.

Pero el científico social no tiene por qué rehacer todo, qué más quisieran en las redes sociales y en los medios de paga o no. El científico social no vuelve a descubrir el fuego cada vez que quiere dar cuenta de los múltiples incendios que crecen y se extienden en la realidad social. Parte él de un marco teórico, de unas ideas fundamentales, de unos conceptos científicos, de teorías base.

Por ejemplo, en la ciencia de la economía política, la teoría del Valor, o la teoría que nos orienta a buscar las explicaciones generales en las bases materiales. Partir de la propiedad de los medios de producción, circulación y consumo de mercancías (nosotros hemos agregado “los medios de despojo”, por lo que explicaré luego), y de las relaciones sociales de producción que esa propiedad impone.

Esas teorías, esos conceptos ¿son sólo buenas intencio­nes, ocurrencias, ideologías más o menos estructuradas?

¿Sirven para explicar una realidad? Por ejemplo, ¿se puede explicar la genealogía del sistema capitalista sin el concepto de mercancía, sin la teoría del valor? O de forma más provocadora: ¿se puede explicar a cabalidad el nacimiento y desarrollo del capitalismo con conceptos y teorías contrarias y contradictorias a las de la economía política?” (El Pensamiento Crítico frente a la Hidra Capitalista. Tomo 1)

¿Así que todavía les falta para ser anticapitalistas? ¿Así que tienen que leer a Kurz? ¡JA!

En estos párrafos se ubican, desde mi punto de vista, por lo menos cuatro elementos fundamentales de la práctica y la teoría anticapitalista de l@s zapatistas.

Quienes pudimos escuchar la narración de las cinco compañeras zapatistas fuimos tocados profundamente por dicha narración. Lo que oímos fue la evidencia de la lucha por “el tránsito del dolor a la esperanza”. De la vida bajo el finquero a la construcción de nuevas relaciones sociales. Pero la narración no se llevó a cabo a partir de un discurso cerrado, duro y aburrido sino desde la perspectiva de aquéllas que cuentan, de manera completamente natural, su gran creación heroica.

Y luego el Sup, a partir de esa experiencia práctica crea y recrea una serie de conceptos claves:

a) Esto fue posible, sólo gracias a que se dio un cambio en la propiedad de los medios de producción.

 

Pero el cambio de propiedad se ha dado muchas veces en la historia, la peculiaridad es que no se trató de una estatización de los medios de producción sino de una socialización de los mismos. La diferencia no es baladí. El proceso de organización que ha permitido la creación de las nuevas relaciones sociales tiene como base material la apropiación social de los medios de producción, en especial de la tierra.

A partir de eso, todo cambia. Las leyes mercantiles como tales se modifican. Los nuevos dueños de los medios de producción deciden la forma, el tiempo, la estructura, los ritmos, todo lo que tiene que ver con el trabajo, el producto y la distribución del excedente social llevada a cabo con criterios sociales.

El trabajo deja de ser una relación social impuesta por intereses privados, que determinan las metas y las cadencias de la producción y que se apropian del tiempo de trabajo no pagado, para su beneficio personal.

Pero, igualmente, el trabajo deja de ser algo impuesto por una burocracia estatal que determina las metas y las cadencias de la producción y que, aunque distribuya un poco menos mal el resultado del tiempo de trabajo no pagado, se apropia de una parte fundamental desarrollando la corrupción y el proceso de conformación, a la larga, de una burguesía burocrática.

En ambas formas anteriormente señaladas de control de los medios de producción el resultado del trabajo no sólo no le pertenece a los productores directos, sino que son la base de la explotación y la dominación.

Pero, cuando los productores directos tienen el control del proceso productivo, gracias a que son los dueños de los medios de producción, entonces se hace realidad la idea axial de que la sociedad por la que luchamos es aquélla que está basada en “la asociación libre de los productores”.

b) Pero ese hecho no se ubica únicamente en una relación económica sino en algo igualmente profundo: “la toma y ejecución de sus propias decisiones”. Para los que les obsesiona la ontología, ¿aquí cuál es la diferencia entre el sujeto y el objeto? ¿Se puede separar? ¿Es posible construir otra relación social si la apropiación de los medios de producción no va acompañada de la “toma y ejecución de sus propias decisiones” por parte de los productores?  ¿Se pueden tomar y ejecutar (por lo menos completamente) sus propias decisiones sin la apropiación de los medios de producción? ¿No estará aquí la base real del concepto de libertad? ¿No estará aquí la base real del concepto de dignidad? ¿No estará aquí la base real del concepto de democracia? ¿No es esto antagónico a la ley del valor y a la fetichización de la mercancía?

c) ¿Y la ley del valor? ¿Y la fetichización de la mercancía? Si cambian las relaciones sociales de producción y si la comunidad (no un patrón, no el Estado, no el gobierno, no un burócrata, tampoco un revolucionario) decide la forma que van a tener las relaciones de producción y si se definen en función del interés colectivo y no hay apropiación privada del excedente social, entonces pues solamente alguien muy obtuso que no tiene más punto de mira que una pantalla sea grande o chica, puede decir que eso “no es anticapitalismo, pero que a lo mejor algún día lo será”.

Si entendemos que la base fundamental de la ley del valor tiene que ver con la apropiación y control de la vida por medio de la apropiación del trabajo no pagado, pues entonces la respuesta es obvia.

Y si entendemos que la base de la fetichización de las mercancías es el carácter externo, ajeno, que tiene la producción para el productor —lo cual permite que las mercancías cobren vida ante sus ojos azorados y comiencen a bailar—, entonces entenderemos por qué en las comunidades zapatistas la gente baila con exceso, ell@s son los que bailan y festejan su creación, no al revés.

d) Pero tampoco tienen la idea de que lo que están construyendo es un falansterio que vive al margen de las relaciones sociales de producción capitalista. Tampoco la caricatura que hace Kurz, cuando dice:

En los últimos años, esta fórmula ha sido cada vez más utilizada en el sentido de            ser sólo una economía alternativa cooperativista, por así decirlo ‘al lado’  de la            síntesis social por el capital, y la que de alguna manera habría que ampliar   gradualmente. Esto solo da continuidad al particularismo ‘colorido’ posmoderno.  Sin embargo, la formación de una sociedad negativa (negativeVergesellschaftung)           del capitalismo solo puede ser superada por entero, o no será superada” (“La era del           capitalismo pasó”. http://www.sinpermiso.info/textos/la-era-del-capitalismo-pas-la-    izquierda-y-la-dialctica-sujeto-objeto-del-fetichismo-moderno).

L@s zapatistas han hecho de una frase la insignia de su buque: “falta lo que falta”. Su construcción heroica, llevada a cabo en las zonas zapatistas, son sólo la demostración de que la sociedad se puede organizar de otra manera. Que el objetivo no puede circunscribirse a un territorio, una región, un estado, un país, un continente, un mundo… Que sí se pueden construir otras relaciones sociales. Que es mentira que inevitablemente el egoísmo de la humanidad impida una construcción común, pareja, colectiva. Que el capitalismo o es superado del todo o no será superado.

Que hablen los cinco continentes y que todos escuchen. Que la humanidad suspenda un momento su silencio de vergüenza y angustia. Que hable la humanidad. Que la humanidad escuche que…

En el mundo de ellos, los que en el Poder viven y por el Poder matan, no cabe el ser humano. No hay espacio para la esperanza, no hay lugar para el mañana. Esclavitud o muerte es la alternativa que el mundo de ellos ofrece a todos los mundos. El mundo del dinero, el mundo de ellos, gobierna desde las bolsas de valores. La especulación es hoy la principal fuente de enriquecimiento y, al mismo tiempo, la mejor muestra de atrofia de la capacidad de trabajo del ser humano. Ya no es necesario el trabajo para producir riqueza, ahora sólo se necesita la especulación” (Segunda declaración de la Realidad, agosto de 1996.ttp://enlacezapatista.ezln.org.mx/1996/08/03/segunda-declaracion-de-la-realidad-por-la-humanidad-y-contra-el-neoliberalismo/ )

No, la idea no es hacer seis, siete caracoles —cada quién su modo—, pero lo que sí creo que está en la base del pensamiento anticapitalista del zapatismo es que es indispensable enfrentar las dos cabezas madres del capitalismo: la propiedad privada de los medios de producción y el dominio que permite que la sociedad sobreviva o muera sin tener el control de su vida. ¿Cómo se va a lograr? Los zapatistas nunca le dicen a los demás lo que esos demás deben saber, hacer y, sobre todo, descubrir. Por eso formulan una pregunta clave: ¿Y tú qué?

Porque ningún programa puede sustituir al camino por el cual el movimiento real avanza. Por lo tanto, ese paso es el indispensable para poder generar (con programa codificado o no) las bases de la liberación.

Eso es un poco más complicado que vivir con el placer de contar con un grupo de ocho que abren la boca con cara de ¡Oh ha hablado el científico!

Es una pena. No, no todos lo pueden hacer. No, no todos pueden ser el dron subterráneo llamado Subcomandante Insurgente Moisés, pero por lo menos deberíamos tener un poco de sobriedad en los juicios. Pero, en fin, allá cada quien y su grey.

Una idea diferente solamente podría partir de algo que es profundamente desconocido por este tipo de personas. Para poder llegar a esa visión compleja de la economía política y la vida, l@s zapatistas nos dejan una huella por la cual se podría avanzar, claro, no es sencillo, pero es una huella:

Es necesario reeducar al deseo. Enseñarle al deseo a desear, a desear mejor, a desear más, y sobre todo a desear de un modo diferente.” (Subcomandante      Insurgente Marcos. Desde las montañas del sureste mexicano, agosto de 1996.)

Son 137 caracteres, tres menos que su universo. No sé, puede ser, en una de ésas lo entienden.
 


miércoles, 23 de noviembre de 2016

“La Sexta y la propuesta del CNI y del EZLN” en vivo.

Gracias a los compas de SubVersiones tenemos en vivo ésta conferencia de Sergio Rodríguez Lascano:


“La Sexta y la propuesta del CNI y del EZLN”


viernes, 1 de enero de 2016

Lo que va de ayer a hoy.

Foto:Ernesto Zamorano de REDES


Lo que va de ayer a hoy.

En 22 años de existencia pública y diez de existencia clandestina, los zapatistas han logrado crear algo nuevo, pero nuevo de verdad. ¿qué cómo se llama eso? Es lo de menos. Ellos lo han hecho, lo han modelado con sus manos, lo han pensado y por ese simple hecho ya ha exsistido, lo han soñado como sueñan los que se despiertan y comienzan a construir lo que sueñan, porque se merecen lo que sueñan.

Ahora, sólo por un momento cerremos los ojos y pensemos ¿Qué sería de nosotros si esos indígenas no se hubieran insurreccionado el 1 de enero, hace 22 años? ¿Que sería de nuestra vida? ¿Cómo nos podríamos haber mantenido en la lucha?

Ya sé que muchos dirán (los hombres y mujeres de mármol), "hubiéramos seguido construyendo la lucha socialista".

Yo no lo sé. Creo que mi vida hubiera sido miserable.

Por eso yo no tengo mucho más que decir que GRACIAS. Gracias a esas mujeres, hombres niñ@s, jóvenes, ancian@s del Ejército Zpatista de Liberación Nacional.

Su creación heroica volvió a darle sentido a nuestra vida. Cuando vivíamos la medianoche del milenio, el 1 de enero representó la posibilidad de volver a tener destino. Sólo que éste no era el mismo. Ya no se basa en creencias metafísicas de que uno llevaba la conciencia desde afuera del movimiento, ni con la angustiante y perversa idea de que uno tiene que construir una vanguardia que dirija a las masas hacia la revolución.

Ahora tenemos una idea nueva, realmente nueva, lucharemos para siempre. Pero no porque tengamos esa vocación metafísica de vivir para siempre sino porque tenemos la convicción de como seres humanos pasajeros, el para siempre se construye siempre transmitiendo y heredando nuestra voluntad de lucha a las nuevas generaciones y, poco a poco, o más rápido de lo que se piense, irse haciendo a un lado, no abandonando la lucha sino jugando otro papel.

Bueno, eso es lo que yo creo. No ando a la búsqueda de sobrevivir a como de lugar aliándome a lo peor de colectivos de vividores u ONGs que sobreviven de administrando (en el peor sentido de la palabra) los movimientos sociales, como expertos en "solucionadores de conflictos". Como desde 2005, soy adherente a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, creo que ahí está mi horizonte y mi destino.

Creo en esos pueblos indígenas zapatistas que con su ejemplo nos dieron la mano y nos sacaron de nuestro invierno del desconsuelo.

Eso quería decir después de leer este texto-balance-herencia que nos regalaron este 1 de enero de 2016 nuestros compañeros zapatistas

"Antes para saber si alguien era zapatista se veía si traía paliacate rojo o pasamontañas.

Ahora basta ver si sabe trabajar la tierra; si cuida su cultura; si estudia para conocer la ciencia y la técnica; si se respeta como mujeres que somos; si tiene la mirada en alto y limpia; si sabe que manda como colectivo; si ve los cargos de gobierno autónomo rebelde zapatista como servicio y no como negocio; si cuando le preguntan algo que no sabe, responde “no lo sé… todavía”; si cuando se burlan diciéndole que los zapatistas ya no existen, que son muy pocos, responde “no preocupas, ya vamos a ser más, de repente tarda, pero sí vamos a ser más”; si mira lejos en calendarios y geografías; si sabe que el mañana se siembra hoy.

Pero pues sí, reconocemos que nos falta mucho por hacer, nos hace falta organizarnos más y mejor.

Por eso nos tenemos que esforzar más por prepararnos para realizar más y mejor nuestros trabajos de gobernarnos, porque ahí viene de nuevo el mal de los males: el mal sistema capitalista.

Y tenemos que saber cómo enfrentarlo. Ya tenemos 32 años de experiencias de lucha de Rebeldía y Resistencia.

Ya somos lo que somos.

Somos el Ejército Zapatista de Liberación Nacional".
(extracto del discurso del EZLN en el 22 aniversario del inicio de la Guerra contra el olvido)


Rodríguez Lascano S., 2016. Lo que va de ayer a hoy. [en línea]. 01 enero 2016. Disponible en: https://www.facebook.com/rodriguezsergiolas/posts/10204169560239444 [Consultado el 01 enero del 2016]

jueves, 15 de enero de 2015

Verdad y Justicia, elementos corrosivos contra el poder


Por Sergio Rodríguez Lascano

El tema central del discurso pronunciado por el Subcomandante Insurgente Moisés, el 31 de diciembre pasado, en el Caracol de Oventik, fue la relación entre verdad y justicia.

Verdad y justicia, dos términos centrales en la construcción de un relato teórico de los de abajo. La mejor manera de no sólo desnudar al poder sino, sobre todo, de minar completamente su capacidad de control y manipulación.

Verdad y justicia, los dos términos que engloban la lucha por la presentación con vida de los desaparecidos y justicia para los asesinados de Ayotzinapa.

Verdad y justicia, que aparentemente son dos términos muy chiquitos comparados con las palabras grandotas: Revolución proletaria, Huelga política nacional, Paro cívico, Caída de Peña Nieto, Revolución socialista, Plan de acción, etcétera.

Hace muchos años, un pensador de abajo, Carlos Marx, dijo: “El trabajador tiene más necesidad de respeto que de pan”.

Para ganar ese respeto se requiere de Verdad y Justicia. Y esos dos conceptos, que en realidad son prácticas de vida contra la acción de la muerte, sólo se edifican cuando los de abajo dejan de tener confianza en el mandón, en el señor del dinero, en la sociedad del poder.

Por eso, el 31 de diciembre de 2014 y el primero de enero de 2015, los zapatistas nos dieron a conocer la buena nueva:

No sólo la verdad desaparecida en Ayotzinapa, también todas las verdades que han sido secuestradas, encarceladas y asesinadas en todos los rincones del planeta Tierra.

Sobre esa verdad ahora ausente podremos construir la justicia.

Porque nosotras, nosotros los zapatistas, pensamos que ya no hay que confiar más en los malos gobiernos que hay en todo el mundo.

Esos malos gobiernos que sólo sirven a los grandes capitalistas.

Esos malos gobiernos que sólo son los empleados del capital.  Los capataces, mayordomos y caporales de la gran hacienda capitalista.

Estos malos gobiernos no van a hacer nunca un bien para los pueblos.

No importa qué tantas palabras digan, esos gobiernos no mandan, porque el mero Mandón es el capitalismo neoliberal.

(Discurso del Subcomandante Insurgente Moisés, el 31 de diciembre del 2014 y el 1 de enero del 2015, en Oventik, territorio rebelde zapatista).

Esa lucha por Verdad y Justicia ha animado muchas otras luchas, pero casi siempre muy rápidamente éstas se desvían hacia generar confianza en la buena voluntad del poder o de los hombres y las mujeres del poder.
Bajo la coartada de darles el beneficio de la duda, se olvidan de a quién encabezaban y se dedican a cortejar o insultar a los gobernantes. Pero no a construir las herramientas y la argamasa de la otra justicia, que siempre está basada en la verdad.

Lo que le ha dado resonancia nacional y mundial a Ayotzinapa no ha sido únicamente el acto perverso y criminal de las desapariciones y de los asesinatos, sino la firme voluntad de los familiares por encontrar la Verdad y la Justicia.

Por eso, de manera natural, reaccionan con profunda desconfianza frente a un “poder” que ha dado muestras inequívocas de que no quiere saber nada de la verdad y la justicia, pues ellos trabajan con base en otras coordenadas, a saber, la mentira y la arbitrariedad.

Por eso, desde el gobierno y los medios de paga se llevó una campaña para criminalizar a los estudiantes de las normales rurales, por eso se llevó a cabo una campaña para “evidenciar” sus prácticas internas, por eso siempre se ha buscado criminalizarlos como seres viles que no merecen respeto.

No hay que olvidar la campaña de Mexicanos Primero de Claudio X González y Televisa para poner en la picota todo el sistema de educación pública.

Mentira y arbitrariedad. La base de la política del mandón, de la sociedad del poder, no importa qué problema económico o conflicto social o acción criminal enfrente, en su ADN corre la mentira y la arbitrariedad.

No importa si se trata de preparar el asesinato de Emiliano Zapata o de atacar a los mineros de Nueva Rosita o de calumniar la lucha de los ferrocarrileros o de enfrentar a los médicos.

No importa si se trata de tener pláticas con los líderes estudiantiles de 1968, al mismo tiempo que se preparaba la masacre, o de hablar de apertura democrática mientras se creaba el cuerpo paramilitar de los halcones (sólo para ilustrar a las buenas conciencias de izquierda: los halcones fueron un grupo paramilitar creado no para romper cristales o quemar la puerta de palacio, sino para asesinar a estudiantes de izquierda, pequeño breviario cultural, dedicado a l@s Sinsajos de México).

No importa si se trata de reconstruir la ciudad con miles de personas vivas bajo los escombros. Su sello es la mentira y la arbitrariedad.

Es el sello de quienes elaboraron la frase insignia del gangsterismo político: “En México, a diferencia de otros países, estudiamos los resultados electorales no contamos los votos y ya” (Manuel Bartlett, ídolo del Sinsajo de MVS y del diario La jornada, una vez que en el “camino hacia Damasco” vio el resplandor del señor AMLO).

De quienes, en 1995, firmaron los acuerdos de San Andrés y luego se echaron para atrás argumentando que se habían bebido ocho chinchones y que eso les había afectado su capacidad intelectual (¿).

De los que organizaron y avalaron un referéndum (procedimiento, dicen, democrático) amañado, para unos días después permitir la entrada de la policía a la UNAM.

La mentira y la arbitrariedad de quienes ahora buscan que los padres y madres de los normalistas acepten que con una muela se identifique a un cadáver y, entonces, se “resuelva” el asunto por medio de los cañonazos de los que hablaba Álvaro Obregón.

Pero los familiares, y de ahí la importancia de Ayotzinapa, no han caído en ese juego. Siguen siendo 43 los desparecidos no 42, como algunos expertos de la mercadotecnia del poder, disfrazados de izquierdistas, nos quieren hacer creer. Porque a ellos les apura que se encuentren muchas muelas más e ir contando al revés, para que así se salve la elección del 2015, que es lo único que les importa.

La organización, el otro elemento corrosivo

Posteriormente, el Subcomandante Insurgente Moisés pone un punto esencial en el debate político. Desde la  visión del poder, lo que sin lugar a dudas se ha constituido como su catecismo es evitar los procesos de organización que desde abajo se crean o eliminar, por medio de su arrasamiento, aquéllos que ya existen.

Dice el Subcomandante:

Por eso es mejor que tomemos el ejemplo de los familiares de Ayotzinapa de organizarse. Hay que construir y crecer organización en cada lugar donde vivimos.

(Ídem)

La verdad y la justicia sólo se construyen cuando se dan pasos hacia adelante en los procesos de auto-organización. La razón es sencilla: en México, como en pocos lugares, una religión de Estado ha sido evitar las dinámicas de organización independiente con relación al poder, por parte de la sociedad.

En la relación dominio-sujeción, para el poder es indispensable evitar la organización de los de abajo. Y esto tiene que ver con el temor fundado de que todo proceso de organización transgrede las normas, reglas, los usos y costumbres que buscan asegurar esa relación de subordinación.

Ya sea manteniendo atomizada a la sociedad o generando procesos que simulan la organización, pues se trata de construir organizaciones que cumplen el papel de fuerzas contrainsurgentes. Ya que al mismo tiempo que aparentan ser rezongonas, reciben millones de pesos con el único objetivo de inhibir, impedir o agredir a las organizaciones realmente independientes (CIOAC-H o I, ORCAO, etcétera, no son sino ejemplos de algo más profundo).

Ayotzinapa ha demostrado que, en medio de la tragedia, la firmeza de los y las familiares ha logrado impulsar un proceso de organización independiente. No hay que olvidar que hace solamente dos años, surgió otro movimiento de familiares de desaparecidos y asesinados, encabezado por Javier Sicilia.

Ese movimiento evidenció la catadura moral de un poder que usa el crimen y la desaparición como formas para incrementar las ganancias. Sin embargo, en lugar de construirse hacia abajo lo que hizo fue buscar incidir en la crisis de los de arriba. El problema no era simplemente si se besaba al poder (la imagen ya era fuerte, pero no era lo fundamental), lo central es que todo se diseñó al margen de los actores fundamentales de la tragedia.

Los “expertos” tomaron en sus manos el control del movimiento y dejaron en un segundo plano a los actores verdaderos.

En Ayotzinapa, muchos (muchos más que con el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad) han querido usurpar la dirección del movimiento. Por todos los flancos eso ha sucedido. Sin embargo, los familiares no se han movido de su objetivo y no han perdido de vista quiénes son los responsables.

En los informes que los familiares han hecho de los diálogos con el gobierno, evidencian una completa y sana desconfianza y, si se me permite, náusea de estar sentados frente a los causantes de su dolor.

Saben que están enfrente de los que han generado el horror que hoy se vive en un país donde cada día desaparecen trece personas.

Por eso las palabras firmes y fuertes del Subcomandante Moisés:

Así lo vemos nosotras, nosotros los zapatistas, que el esfuerzo de trabajo y lucha con rebeldía y resistencia con dignidad de los familiares de los compañeros estudiantes desaparecidos, es que nos están llamando a organizarnos para que no nos pase igual.

O para que sepamos qué hacer antes de que nos pase igual.

O qué hacer para que nunca le pase a nadie esto lo que les pasó por este sistema en que estamos.

Porque lo han explicado muy bien los familiares de Ayotzinapa. Como buenos maestros, los familiares han explicado que el responsable del crimen es el sistema por medio de sus capataces.

(Ídem)

La lección de Ayotzinapa

Posteriormente se analiza el significado profundo de Ayotzinapa. Y se nos da la clave de su repercusión.

En toda la geografía de abajo estamos viviendo los efectos más nocivos de la fase actual del capitalismo, que se llama neoliberalismo. Por eso es tan ridículo querer separar ambas partes. Aquellos que sueñan con crear una fase posneoliberal, pero todavía en los marcos del capitalismo, lo único que generan son ilusiones falsas que sólo van a llevar a la desilusión y la desesperanza.

En esta fase neoliberal del capitalismo, las fuerzas más sombrías del capitalismo se han soltado. El horror se pasea por todos los territorios donde habitamos los de abajo. Ya no importa si es un territorio bajo población indígena o campesina o urbana. La geografía de abajo ha sido escogida para desatar ese horror.

La idea es sencilla, pero no por eso menos espeluznante. Hoy el enemigo del sistema no se ubica únicamente en las zonas industriales. Hoy se ha precarizado tanto el trabajo que se ha vuelto mayoritario el trabajo precario.

Ese trabajo precario habita, por un lado, en los territorios que antes eran conocidos como de vocación agraria, y que ahora son factores de la nueva generación de ganancias producto del saqueo de los bienes terrenales. Y, por el otro, en las zonas “urbanas hiperdegradadas”, donde habitan millones de seres humanos en condiciones de sobrevivencia.

Entonces, de lo que se trata es de desarrollar el horror en todas esas regiones. Paralizar e inhibir por medio del miedo cualquier tipo de organización independiente.

Para eso, las sociedades del poder (los dueños del mundo) cuentan con gobiernos que sólo sirven como instrumentos de seguridad interna. Y cuentan con el ejército, la marina (que ya nunca está en las costas, más que para proteger la salida de minerales y la entrada de cristal), las diversas policías, las bandas de grupos criminales y los cuerpos paramilitares para garantizar esa seguridad interna.

Eso no es algo que pase únicamente en México, sucede en toda la geografía de abajo en el mundo. El valor de Ayotzinapa es que los familiares han evidenciado que se puede, no sólo desnudar las intenciones del poder, sino que es posible luchar por conseguir Verdad y Justicia:

Lo que nos ha hecho pensar la lucha de los familiares y compañeros de Ayotzinapa es que quienes secuestran, asesinan y mienten son los mismos.

Que no va a buscar la verdad quien predica la mentira.

Que no va a hacer justicia quien impone la injusticia.

Y es que pensamos que esto ya no puede ser que siga siempre así, en todas partes y en todos los niveles.

Y esto es lo que nos enseñan los familiares de Ayotzinapa, que es mejor que nos busquemos y nos encontremos quienes padecemos esta enfermedad que se llama capitalismo.

De su mano de los familiares de Ayotzinapa buscamos a las desaparecidas que hay en todos los mundos que somos.

Porque las desaparecidas y asesinadas todos los días y a todas horas y en todas partes son la verdad y la justicia.

De su mano de los familiares de los 43 entendimos que Ayotzinapa no está en el estado mexicano de Guerrero, sino que está en todo el mundo de abajo.

De su mano entendemos que el enemigo común del campo y de la ciudad es el capitalismo, no sólo en un país sino en todo el mundo.

Pero esta guerra mundial capitalista encuentra en todos los rincones a gente que se rebela y resiste.

(Ídem)

La pluralidad de la respuesta, la limitación del dogmatismo

En otra parte del discurso, el compañero Subcomandante Moisés claramente señala la inoperancia de un pensamiento dogmático. En última instancia, no sólo el capitalismo ya no es el mismo de hace veinte años, tampoco lo puede ser el pensamiento libertario.

La idea de un programa, un plan de acción, una forma de lucha se ha evidenciado hasta el cansancio no sólo como errónea sino, sobre todo, como frustrante. El dogmatismo es el padre de la pereza práctica e intelectual.

Las respuestas conocidas, no sólo por repetitivas sino por ineficaces han prohijado el pensamiento impotente de la izquierda. La vieja idea que se repetía, cambiando únicamente el autor del mando (sea el comandante, el dirigente partidario, el líder social, el creador de opinión pública, el intelectual que tiene respuesta para todo, es decir para nada, el hombre providencial, el caudillo carismático que habla con dios, etcétera), de que alguien nos iba a decir por dónde empezar, qué hacer y cómo hacerlo, no tiene asidero en la actualidad.

La pluralidad de respuesta tiene que ver con algo objetivo: la pluralidad de actores o sujetos. Esto no es una debilidad en sí misma. Más aún, puede ser una gran fuerza si entendemos que el poder está acostumbrado a enfrentar un polo centralizado y único.

El problema se le presenta cuando lo que tiene al frente es tan variado, tan diverso, tan plural, que no encuentra ni a quién clavarle sus dardos o agujas envenenadas, ni a quién comprar, halagar, cortejar.
Esa es la razón por la que no puede encontrar la cuadratura al círculo de cómo enfrentar a los familiares de los desaparecidos. Ellos y ellas se han mantenido a buen recaudo de adoptar una sola visión, una sola línea política.

Y en sus luchas de rebeldía y resistencia se van conociendo entre sí y hacen sus acuerdos para lograr lo que se quiere.

Se conocen pero no se juzgan entre sí.

No entran en competencia a ver quién es mejor.  No se preguntan quién ha hecho más, quién va adelante, quién es vanguardia, quién manda.

Lo que se preguntan entre sí es si hay algún bien en lo que hace el capitalismo.

Y como la respuesta que encuentran es que NO hay nada de un bien, sino todo lo contrario, nos hace mil formas de males, entonces es lógico que tenemos mil formas de respuesta a ese mal.

O sea que la pregunta pasa a ser ¿cómo se hace para rebelarse contra el mal?  ¿Cómo se resiste para que ese mal del capitalismo no destruya?  ¿Cómo se hace para volver a construir lo destruido de modo que no quede igual sino que sea mejor?  ¿Cómo se levanta al caído?  ¿Cómo se encuentra al desaparecido? ¿Cómo se libera al preso?  ¿Cómo viven los muertos? ¿Cómo se construyen la democracia, la justicia, la libertad?

No hay una respuesta sola.  No hay un manual.  No hay un dogma.  No hay un credo.

Hay muchas respuestas, muchos modos, muchas formas.

(Ídem)

La defensa del territorio, la defensa de la existencia de los pueblos originarios

Y, entonces, las y los compañeros zapatistas nos descubren la razón profunda (desde luego aparte de su generosidad) de darle a la lucha de los familiares de los desaparecidos de Ayotzinapa el lugar central en el Primer Festival Mundial de las Resistencias y las Rebeldías contra el Capitalismo.

Hoy, las dos luchas fundamentales en las que se juega, no el futuro en abstracto de México (como les gusta decir a los que hacen discursos grandilocuentes), sino la sobrevivencia y la vida de los de abajo de México son las de quienes luchan por la Verdad y la Justicia (las y los familiares) y las de quienes luchan por defender el territorio (la vida de los pueblos originarios).

Esas dos luchas no tienen vuelta atrás. En ambas, un triunfo del poder significaría un retroceso fundamental de la sociedad mexicana.

Si la mentira y la arbitrariedad se imponen, y si se expropia para beneficio de las trasnacionales el espacio vital de existencia de los pueblos originarios, que en el transcurso de la historia de México son los que le han dado identidad y razón de ser, entonces el capital tendrá el camino despejado para realizar todas sus tropelías y horrores.

Una vez más frente a México se abre un dilema: la vida o la muerte.

La vida, si por fin se logra imponer la verdad y la justicia. Si ya no confiamos en un poder económico excluyente y criminal. Si no seguimos pensando que alguien va a resolver nuestros propios problemas. Si no permitimos que todos esos rincones de México donde persisten de manera necia y terca los pueblos originarios se eliminen y, por lo tanto, los mismos pueblos dejen de existir.

O la muerte. La muerte de los que asesinan o desaparecen con el único “argumento” de que lo hacen porque PUEDEN. Porque necesitan dejar en claro que están dispuestos a llegar hasta lo más terrible, hasta el horror más intenso. La idea es simple: tenemos el poder podemos hacer lo que nos venga en gana.

Eso puede parecer algo exagerado o apocalíptico pero, no hay nada que nos convenza de que no es verdad. De que no fue el Estado el que desapareció a 43 jóvenes normalistas y asesinó a tres de sus compañeros de Ayotzinapa. O de que no es el Estado el que está haciendo leyes y promoviendo la entrega de todo el territorio nacional a las trasnacionales. ¿Alguien puede darnos argumentos serios que demuestren lo contrario?

Entonces, abajo se lucha por la vida, la verdad y la justicia. ¡Poca cosa! Y ahí es donde es posible encontrarnos los que ya nos cansamos de pedir al gobierno que nos resuelva nuestros problemas. Los que sabemos que ahí no está el poder. Que Peña Nieto, Osorio Chong, Murillo Karam, o Cárdenas, López Obrador o Calderón y su mujer, solamente cumplen órdenes (lo hacen muy mal, pero eso es otro cantar) del verdadero poder.

Y que ese poder, en una sala de juntas de sus “cabezas pensantes”, compraron la idea de que hay que apropiarse de todos los rincones del mundo donde se encuentren los bienes terrenales.

Para eso entendieron que tenían que desatar una nueva guerra (la IV) y que esta guerra, a diferencia de las otras, tendría que ser librada en todo el mundo, al mismo tiempo y con todos los instrumentos con los que cuentan.

Con armas, sí, en algunas ocasiones, pero también con usura y especulación, cartas de intenciones, fuga de divisas, boicots económicos y caídas artificiales de los precios de las materias primas (como lo que pasa ahora con el petróleo).

Con ideologías degradativas de los pueblos del mundo, con el pensamiento único, un solo idioma, una sola “cultura”, una sola comida.

Con la puesta en pie de grupos terroristas que cuentan con armamento de la sociedad del poder, que cometen asesinatos para ayudar a justificar el sionismo y la dominación contra el pueblo de Palestina o que ayudan a avanzar las ideologías fascistas en muchos países.

Esa guerra total no está hecha en función de enfrentar a dos o tres o cuatro ejércitos. Es una guerra contra la humanidad y por la ganancia.

El Subcomandante Moisés lo explica así:

Desde hace más de 18 años nos hemos encontrado como Congreso Nacional Indígena de la mano de la finada Comandanta Ramona.

Desde entonces hemos tratado de ser alumnos de su sabiduría, de su historia, de su empeño.

Desde entonces hemos ido revelando, juntos, el andar de la tétrica carroza del capitalismo sobre nuestros huesos, nuestra sangre, nuestra historia.

Y nombramos la explotación, el despojo, la represión y la discriminación.

Y nombramos el crimen y al criminal: el sistema capitalista.

Pero no sólo, también con nuestros huesos, sangre e historia nombramos la rebeldía y la resistencia de los pueblos originarios.

Con el Congreso Nacional Indígena levantamos el digno color de la tierra que somos.

Con el Congreso Nacional Indígena aprendimos que tenemos que saber respetarnos, que todos vamos a tener nuestro lugar en nuestras demandas.

Entendemos que ahora lo más urgente es la verdad y la justicia para Ayotzinapa.

Hoy lo más doloroso e indignante es que no están con nosotros los 43.

Mañana no queremos que nos pase así también, por eso difundamos allá en nuestros pueblos, naciones, barrios y tribus.

Llamemos a nuestros pueblos a ya no permitir que nos sigan engañando con miserables migajas, sólo para mantenernos callados y que los Mandones se sigan enriqueciendo a costa nuestra.

Juntemos nuestras rabias y organicemos y luchemos dignamente sin vendernos, sin rendirnos y sin claudicar por nuestros presos políticos, que por luchar por las injusticias en que vivimos los tienen en la cárcel.

Como pueblos originarios peleamos por lo que es nuestro derecho, sabemos cómo hacer esto, así nos enseñaron nuestros tatarabuelos que no los pudieron acabar como originarios que somos de estos suelos.

Por eso existimos tantas lenguas, porque supieron cómo no dejarse acabar nuestros antepasados, ahora nos toca a nosotros lo mismo ahora.

Todos debemos decirle NO a las transnacionales.

(Ídem)

Finalmente, es indispensable destacar las palabras finales:

En los próximos días, semanas, meses, saldrá más de nuestra palabra, de nuestro pensamiento de cómo vemos el mundo pequeño y el mundo grande.

Serán palabras y pensamientos difíciles porque son sencillos.

Porque lo vemos claro que el mundo ya no es el de hace 100 años, vaya ni siquiera es el mismo de hace 20 años.

Como zapatistas que somos, aunque pequeñas y pequeños, lo pensamos el mundo.

Lo estudiamos en sus calendarios y geografías.

El pensamiento crítico es necesario para la lucha.

Teoría le dicen al pensamiento crítico.

No el pensamiento haragán, que se conforma con lo que hay.

No el pensamiento dogmático, que se hace Mandón e impone.

No el pensamiento tramposo, que argumenta mentiras.

Sí el pensamiento que pregunta, que cuestiona, que duda.

Ni en las condiciones más difíciles se deben abandonar el estudio y el análisis de la realidad.

El estudio y el análisis son también armas para la lucha.

Pero ni sola la práctica, ni sola la teoría.

El pensamiento que no lucha, nada hace más que ruido.

La lucha que no piensa, se repite en los errores y no se levanta después de caer.

Y lucha y pensamiento se juntan en las guerreras y guerreros, en la rebeldía y resistencia que hoy sacude al mundo aunque sea silencio su sonido.

Pensamos y luchamos las zapatistas, los zapatistas.

Luchamos y pensamos en el corazón colectivo que somos.

(Ídem)

Hace ya varios años, era el 2007, el Comandante Tacho me preguntó: ¿Por qué son así los intelectuales.

Leen mucho, saben lo que es el sistema capitalista, entonces, por qué hacen lo contrario de lo que leyeron y
piensan?

Yo, balbuceé algunos intentos de respuesta, pero nunca pude acertar a dar una medianamente creíble.

El 1 de enero de 2015, los propios compañeros zapatistas me dieron la respuesta.

La intelectualidad de izquierda, en su inmensa mayoría, abandonó el pensamiento crítico para refugiarse en “verdades” siempre desmentidas por la práctica.

Una forma elegante y amable de explicarlo nos refiere al pensamiento haragán, el que ya no investiga y sobre todo el que ya no se pregunta a sí mismo. El que se repite hasta el cansancio, repitiendo formulaciones manidas, que son simplemente una coartada para evitar pensar. Porque el pensar siempre da vértigo.

Efectivamente, los lugares comunes y los asideros teóricos siempre son más sencillos que el arriesgarse a formular una pregunta. Una pregunta molesta, complicada, insolente.

Pero, existiendo eso, no cabe duda que la haraganería es sólo el síntoma de algo más profundo

El éxito del pensamiento dogmático lo debemos buscar en otro lugar: en el abandono del combate ideológico con la derecha. En la impresionante voluntad de no sobrepasar los límites culturales, ideológicos o políticos que la derecha ha impuesto.

Especialmente, en la aceptación pasiva de que no hay nada más allá de la democracia representativa, del mercado, de sus “leyes”. En que no hay horizonte más allá del capital.

Todo esto nos deja como necesidad el ser apreciado, la fama como objetivo y, por lo tanto, la necesidad de ser bien portado. Intelectual de izquierda sí, pero responsable, no extremista, siempre cool.

En unos cuantos años, entre la intelectualidad de izquierda se ha creado la gramática de la resignación. A lo más que aspiran es a aconsejar al poder sobre cómo no ser tan salvaje en sus mecanismos de explotación.

Esta autocensura tiene sus raíces en un fenómeno aún más profundo: el intelectual progresista ha dejado de ser alguien que tiene responsabilidad social (hoy puede decir algo y mañana lo contrario, pero no media ninguna reflexión), para pasar a ser el experto, el asesor, el consultor.

Aquél que se ubica frente a la sociedad de abajo y pone por enfrente todo lo que tiene de diferente a ella. El que tiene que decirle, por obligación, lo que tiene que hacer. Aquél que se siente experto en todo aunque, por convicción, renuncia al análisis de la totalidad.

Aquél que se siente cómodo frente al que reconoce su obra y no entiende que lo que dice normalmente no tiene repercusión. Ya que no está vinculado a una lucha, a una movilización, a una clase social popular.

A lo más que llega es a ser asesor de movimientos sociales, que son la cobertura de izquierda de los burócratas sindicales o de los neocaciques campesinos.

Atrás quedó la época en que los intelectuales formaban parte de las luchas sociales y arriesgaban lo que decían, en tanto lo decían en función de su adscripción a la lucha anticapitalista.

Hoy, buscan resquicios para forjar un muro entre la lucha antineoliberal y la lucha anticapitalista.

Desde luego, existen excepciones importantes. Quienes día con día renuevan su pensamiento. Esto lo han logrado porque han decidido jugarse con los más pobres del mundo y de México.

Hace algunos meses, el difunto Subcomandante Insurgente Marcos escribió: “Un fanático es alguien que, con vergüenza, esconde una duda”.

Si para que exista la teoría ésta debe ser producto de un pensamiento crítico, la obligación del intelectual es dudar. O, por lo menos, hacer que otros duden.

Claro, lo mejor es cuando un pensamiento está ligado a una práctica. Si eso es verdad, el pensamiento será crítico o no será. Porque la práctica
siempre está llena de matices y de diversos colores.

El pensamiento crítico es el que tarda en ser elaborado, necesita ser compartido, debe siempre ser revisado, debe entender que sólo designa tendencias y no situaciones terminadas.

El pensamiento crítico debe siempre partir de un planteamiento ético, debe ser ambicioso por ser modesto, debe ser diáfano y sencillo, no debe poner a quien lo lee o escucha en la posición de decir “cuántas cosas no sé”. En síntesis debe ser subversivo y libertario.

Fuente: https://zapateando.wordpress.com/2015/01/14/verdad-y-justicia-elementos-corrosivos-contra-el-poder/

sábado, 10 de enero de 2015

Sí debería escribirle al Más de 131

Fotografïa: http://www.radiochimia.org/wp-content/uploads/2015/01/oventik21_f.jpg

Por Sergio Rodríguez Lascano

Hace algunos años, el finado Subcomandante Insurgente Marcos acuñó una frase de antología: “Perdonen las molestias, pero esto es una revolución”.
 
Esa frase cae como anillo al dedo al artículo que salió publicado con el evidente aval en la página electrónica Más de 131, escrito por Miguel Hirsh, titulado “No debería escribirle a Oventik”.

No puede pasar desapercibido que el artículo revela un profundo desprecio por las comunidades zapatistas. Sobre todo porque se les da un trato de agiotistas o banqueros, o amantes del dinero:

“Porque sólo en Oventic me sentí despreciado y maltratado, sólo en Oventic las cosas funcionaban exclusivamente alrededor del dinero…
 
“Porque sentí que no quieren que nos juntemos sino que nomás desde allá les echemos porras y pesos”.

Yo me pregunto: ¿Qué fue lo que sucedió que permite que el autor insulte con tal desparpajo a miles de bases de apoyo zapatistas?

Muy posiblemente, el tal Miguel Hirsch se refiere a que, a diferencia de las sedes donde hubo compartición, es decir, Xochicuautla, Amilcingo y Monclova, en el caso de Oventik las y los de la Sexta nacional e internacional pagamos nuestra alimentación.

Pero, como es costumbre para los que escriben textos que buscan reflejar una realidad que sólo existe en sus cabezas, este autor no investigó cuántas personas de la Sexta llegaron a Xochicuautla, Amilcingo y Monclova en tanto que eran eventos cerrados, en comparación con aquell@s que llegaron al evento abierto que fue la Fiesta de la Resistencia y la Rebeldía, en el 21 aniversario del EZLN en Oventik, incluyendo los miles y miles bases de apoyo zapatistas.

Esta última condición no hizo que quedaran sin atenderse todas las necesidades de las y los familiares de Ayotzinapa invitad@s, así como las de los y las integrantes del Congreso Nacional Indígena.

No preguntó siquiera, ya no digamos investigó, con cuánto dinero se apoyó a las tres sedes donde hubo compartición para que pudieran sufragar los gastos que les implicaba ser sede. Cuántos kilos de arroz y frijol, aceite y cobijas se consiguieron, cuántas actividades previas para conseguir fondos se realizaron para apoyar a esas sedes y, cómo no se entregó ni un centavo a las comunidades zapatistas, debido a que los compañeros señalaron que todo se canalizara hacia las tres sedes del CNI. Típica actitud de alguien que sólo piensa en el dinero ¿No, Miguel Hirsh?

Ell@s tuvieron que sufragar los gastos de comida de los compañeros del CNI y de los familiares, así como la movilización de miles de bases de apoyo. ¿Sabrá Miguel Hirsch, quien seguramente toma el metro y ya está en una marcha, lo que significa que miles de bases de apoyo zapatista se muevan por ejemplo desde el Caracol 1 de La Realidad hasta Oventik, con sus propios recursos y con el único objetivo de abrazar a los familiares de Ayotzinapa, al CNI y a la Sexta Nacional e Internacional? ¿Sabrá qué significa para la economía de una familia, una comunidad, esa voluntad de ser solidario? Y todo esto sin ninguna ayuda de la Sexta. “¿Dinero y pesos?”. Carajo, cuánta soberbia, cuánta mezquindad.

En el artículo se habla de la escuelita, según se sabe el referido autor fue alumno de la primera generación de la escuelita. ¿Recuerda cuánto pagó? ¿Recuerda si pagó algo por el transporte? ¿Recuerda si pagó algo por el alimento que le dieron en la casa de su familia? ¿Recuerda que está hablando de su familia? “¿Dinero y pesos?”. Cuánta soberbia y cuánta mezquindad.

Sobre los familiares de Ayotzinapa: ¿Sabe el autor quién sufragó los gastos de su traslado, sus alimentos, su avituallamiento para que no tuvieran frío y no se mojaran, desde que salieron de Ayotzinapa hasta que volvieron san@s y salv@s hasta allá mismo? A lo mejor piensa que todo salió de su bolsillo, con todos los pesos que le ha entregado al EZLN, pero no, salió de las finanzas del EZLN.

Hirsh dice: “Y que palabras como bienvenidos, bienvenidas y bienvenidoas habrían sido bien recibidas”. Resulta que el cronista olvida que con esas palabras inició su discurso el Subcomandante Insurgente Moisés: “Por mi voz habla la voz del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Reciban todas, todos y todoas que están y no están presentes, el saludo de los hombres, mujeres, niños y niñas, ancianos y ancianas zapatistas. Sea bienvenido el paso, la voz, el oído, la mirada, el corazón colectivo de abajo y a la izquierda”.

En otra parte de su texto el autor dice: “sólo en Oventic hicieron a lxs invitadxs de honor quedarse paradxs sosteniendo los rostros del dolor que hoy dan rostro al dolor del mundo durante horas de discursos”. Esta frase no tiene desperdicio.

Yo no sé si el autor habló con los familiares, muchos de la Sexta y el CNI lo hicieron, de hecho todos los que querían. No se puso un mecate para que nadie se acercara, ni se les puso un cerco de personas para que nadie se acercara. Si el autor hubiera hablado con ellos se hubiera enterado de varias cosas que son fundamentales:

a) Hay una frase que odian los familiares: “ya me cansé”. No soportan que alguien les pregunte si ya se cansaron.

b) No fueron horas lo que duraron los discursos, muy probablemente a él le parecieron horas pero nunca es bueno confundir la realidad con lo que uno imagina.

c) Perdió de vista un hecho trascendental, el EZLN, que es un ejército (muy otro, es verdad, pero un ejército) quería abrazar a todos los familiares y nombrar con su nombre (lo digo así porque nadie lo hace) a los desaparecidos y a los asesinados. Y si hubiera tenido la curiosidad de entender lo que pasó hubiera ido él a abrazar a los familiares como muchos lo hicimos y a llorar con ellos y de paso les hubiera preguntado si estaban molestos por haber estado “horas” como invitados de honor en el estrado, compartiéndolo con el EZLN y el CNI.

d) Y, luego, en el CIDECI se hubiera acercado a preguntar qué les había parecido el trato que recibieron. Les hubiera hecho la pregunta clave, que todo buen periodista de medio libre debería tener a flor de boca: ¿valió la pena tanto sacrificio para llegar hasta territorio zapatista? Pero hacer eso es muy fatigoso para alguien que sabe la respuesta de antemano, porque él piensa que no valió la pena, que fue tratado como extraño, pero para sentirse así hay dos posibilidades: que lo traten como extraño o ser un extraño porque pone por enfrente sus peculiaridades propias sin aceptar las diferencias.

e) Los compas del EZLN, a pesar de lo que dice Hirsch, son los únicos que hablan de los 46, no sólo 43. Los únicos que han nombrado a los 46 y 46 fueron los abrazos. Son los únicos que demandan verdad y justicia, que es lo que sintetiza la demanda de los familiares. El poder del dinero lo sabe y por eso les quiere dar a cuenta gotas restos de alguno de los 43, para que vayan contando en sentido inverso como lo hace el #Yamecansé (que ya no habla de 43 sino de 42). Pero, ¿ya hubo justicia y verdad para todos?

Cuando se dice “vivos se los llevaron, vivos los queremos” ¿eso se traduce en que si se entregan restos ya no hay nada más que hacer? Hasta donde yo entiendo, “vivos se los llevaron, vivos los queremos” quiere decir tal y como se los llevaron los queremos. ¿Se resuelve el asunto si entrega el gobierno una muela y un pedazo cuasi microscópico de carne? ¿Eso finiquita el problema? ¿Eso resuelve el problema de justicia y verdad?

Con la muerte del finado Galeano, los zapatistas demostraron qué hay que hacer con la muerte (a mí me parece que el autor del artículo publicado en Más de 131, no tiene la menor idea de lo que es la muerte): demandar verdad y justicia. Y lo consideraron tan importante que alguien tuvo que morirse para que el finado maestro Galeano viviera y, se los aseguro, para las comunidades zapatistas y para muchos de nosotros, tanto de México como del mundo, no cualquier “alguien” fue el que tuvo que morirse. En resumen, la demanda de verdad y justicia es la que tiene en crisis al poder del dinero y a sus monitos cilindreros de los gobiernos y de la clase política. Porque esto es lo que pone a los dueños del dinero frente al espejo, a un espejo gigante que nos muestra su rostro pútrido.

f) Doña Berta Nava, madre del compañero asesinado Julio César Ramírez Nava, fue la que insistentemente señaló que le hubiera gustado que los compas del EZLN hubieran estado presentes en las comparticiones. También fue la primera que dijo que era un honor ocupar su lugar, saber que en esos momentos los familiares eran el EZLN y saber que el EZLN siempre estará atrás de ell@s.

De doña Berta no se recibió sino buenos sentimientos, siempre entrañable y franca. En cambio, el autor no sólo olvida sino que es perezoso porque no investiga: “Pero en las mismas voces de Ayotzinapa escuchamos que ojalá no se hubieran quitado de la lista de las comparticiones, sino que nomás se hubieran hecho tantito más chiquitxs para que cupieran juntxs porque también queríamos compartir con ustedes”.

Olvida o ignora o no pela que las y los compañeros habían declarado que sí iban a estar, pero que lo iban a hacer con el rostro descubierto, para que nadie los viera. Es decir, al quitarse el pasamontañas y asistir al Festival, son los que, paradójicamente, mejor saben lo que ahí sucedió. Por muchas razones: primero porque siempre están con su lápiz y su cuaderno, porque siempre están atentos y no en los pasillos, porque siempre miran hacia la gente y no hacia los oradores, porque son maestros de la escucha y no les cuesta trabajo tener la boca cerrada. Ahí estuvieron l@s delegad@s zapatistas. No l@s vimos porque eligieron no ser vist@s.

Cuando los compas deciden participar con el rostro descubierto para pasar desapercibidos, significa hacerse a un lado y dejar toda la tribuna a las y los familiares de los desaparecidos y asesinados de Ayotzinapa, lo hacen a sabiendas que muchos se podían sentir molestos y desilusionados. Pero ellos no trabajan con encuestas para saber cómo los posibles participantes aprecian o no un gesto suyo.

Lo deciden a partir de lo que les dicta su posición política que siempre tiene como punto de partida la ética. 

Y la ética les decía que debían hacerse a un lado y eso es lo que hicieron.

Lo que doña Berta decía la engrandecía porque evidenciaba su modestia, ella también actuaba con base en la ética.

Lo que el autor hace es querer contraponer lo que no es posible contraponer. Es decir, lo guía… la grilla estudiantil.

El abrazo entre la ética zapatista y la dignidad de Ayotzinapa no podrá ser manchado por el dedo flamígero del autor.

No es la primera vez que personas muestran su indignación por actos éticos del zapatismo.

Ya en el pasado muchos se enojaron porque para la primera reunión nacional del CNI salió la comandanta Ramona y no el Subcomandante Insurgente Marcos y se atrevieron a decir: “Cómo mandan a una persona enferma, casi moribunda, que no habla castellano”. O cuando la comandanta Esther habló en nombre de la delegación zapatista en el Congreso de la Unión, frustrando a varios diputados y senadores que ya tenían su cámara fotográfica lista para sacarse la foto con el Subcomandante Marcos, a quien, paradójicamente, acusaron de protagónico por no asistir. O cuando guardaron silencio varios años, o cuando hablaron en medio de la coyuntura electoral de 2006 o cuando “el fin del mundo” o…

g) En otra parte de su texto aparecido en el Más de 131, el autor dice: “que no sabía que me iba a convertir en una clave de registro, más que una persona”.
 
En la entrada de Oventik pasaron primero los familiares de Ayotzinapa, en un recibimiento que los hizo llorar. Luego el CNI y luego la Sexta. La Sexta, tardó mucho porque eran un buen.

Se decidió que entraran primero los que ya se había registrado y tenían gafetes, luego los que tenían número de clave y no tenían gafetes (a pesar de que durante todas las comparticiones la comisión de registro funcionó para que se registraran y a pesar de que el día 31 desde la 0700 hasta las 1700 funcionó la comisión de registro en el CIDECI. Sí, se buscaba un poco de orden.

Yo estaba en la puerta del Caracol tratando de ayudar. Vi cuando entró un niño y su amiguito se quedó llorando porque él todavía no entraba y su amiguito de juegos era separado de él. Uno de los comandantes se acercó y me dijo al oído: “registra a la familia del niño que está llorando para que pase inmediatamente”. Eso hice y entró dos minutos después de su amiguito. Esa familia probablemente pensó que yo era un compañero con buen corazón, pero yo no lo decidí, así actúan los que nunca quieren llevarse la gloria, los que siempre actúan desde la sombra.

Sí, eso hicieron los seres extraños que según el autor no devuelven el saludo ni expresan nada en los ojos, más que indiferencia.

Y, como ésa, puedo contar miles de anécdotas, sin exageración miles de anécdotas. Pero, más aún, yo hablé con mucha gente que conozco, que tardó mucho tiempo en la puerta y todos estaban felices de estar adentro, no les pesaba pagar 15 pesos por cuatro chalupas o una torta, no les pesaba pagar 5 pesos por un rico ponche bien calientito y sobre todo veían el esmero en el trabajo. ¿Para que sirvió ese dinero? Para que los miembros de los pueblos indígenas comieran, lo mismo que los familiares.

Aunque resulte banal, (aquí se confirma que la amnesia de las banalidades habla más del que olvida que de lo olvidado) no está por demás recordar que el EZLN no es un banco, ni una ONG, ni una financiadora y tampoco es un colectivo que se disfraza de zapatista para organizar conciertos y seminarios en su nombre y quedarse con el dinero y luego es puesto como equipo de seguridad en una sede, o que viaja por el mundo haciéndose pasar por zapatista para engañar a la gente de buena voluntad.

Finalmente, después de su publicación los compañeros del más de 131 publicaron una aclaración que dice: “En  la sección “compartimiento” se expresan las posturas personales de las y los respectivos autores, no se debe de entender necesariamente como el sentir o la postura de masde131.com. Para réplicas o colaboraciones dentro de esta sección escribir a: redaccion@masde131.com. Esa aclaración hace más enigmática su posición. El “no se debe entender necesariamente” deja a la imaginación si este es el caso o no. Pero, como todo mundo sabe, la coartada que dice “ésa es una posición individual” esconde algo profundo, a saber, la decisión de publicarlo.


Fuente: http://www.radiochimia.org/2015/01/08/si-deberia-escribirle-al-mas-de-131/

sábado, 20 de diciembre de 2014

Sin permiso para serlo



Sin permiso para serlo
Sergio Rodríguez Lascano

El texto que acaba de publicar el Subcomandante Insurgente Moisés (De Ayotzinapa, del Festival y de la histeria como método de análisis y guía para la acción) tiene una gran importancia. Estamos frente a una visión del quehacer político de la que, a pesar del paso de los años, podremos seguir extrayendo una serie de aportes y enfoques que, sin duda, marcarán a una nueva generación de militantes de abajo y a la izquierda.

Desde la reunión con los familiares y los condiscípulos de los desaparecidos de Ayotzinapa, del 15 de noviembre de 2014 en el Caracol de Oventic, en el discurso pronunciado por el SCI Moisés (Palabras de la Comandancia General del EZLN, en voz del Subcomandante Insurgente Moisés, al terminar el acto con la caravana de familiares de desaparecidos y estudiantes de Ayotzinapa) se había señalado explícitamente el peligro que corría esta movilización.

Esto después de que, al inicio del movimiento, muchos no habían vuelto la cabeza para mirarlo y otros habían tratado de desprestigiar a los compas desaparecidos.

El desprecio y la calumnia chocaron con la firmeza y necedad de los familiares y compañeros. Y con el espejo en que se convirtió esta tragedia, de todas las tragedias que en México se han vivido en los últimos años. Después, ya se vuelve moda y entonces sí «Todos son Ayotzinapa» (hasta Enrique Peña Nieto) o #Yamecansé, o lo que sea la ocurrencia del día.

A partir de ese momento, el objetivo y la estrategia de la izquierda bien portada ha sido apagar la justa y legítima voz de los familiares y los compañeros de los desaparecidos.

En esa ocasión, el SCI Moisés les dijo:

Y nosotros leemos, escuchamos y vemos que allá afuera se discuten tácticas y estrategias, los métodos, el programa, el qué hacer, quién dirige a quién, quién manda, a dónde se orienta.
Y se olvida que las demandas son simples y claras: tienen que aparecer con vida todos y todas, no sólo los de Ayotzinapa; tiene que haber castigo a los culpables de todo el espectro político y de todos los niveles; y tiene que hacerse lo necesario para que nunca más se vuelva a repetir el horror en contra de cualquiera de este mundo, aunque no sea una personalidad o alguien de prestigio.
A nosotros nos importan sus palabras de ustedes.
Su rabia, su rebeldía, su resistencia.
Porque en sus palabras de ustedes también nos escuchamos a nosotros mismos.
Ahora, los compañeros zapatistas explican el cómo se pretende realizar esa labor devastadora de ocultar la voz de los agraviados: «secuestrando la verdad», «desapareciendo la justicia».

Y, entonces, se reafirma: ¿qué es lo fundamental? Escuchar a los familiares y a los compañeros de los desparecidos.

Y eso tiene que ver con algo que está presente en los últimos textos que han escrito, sea el finado Subcomandante Marcos o el Sup Galeano o el SCI Moisés: «Escuchar a los actores de la lucha, a los que resisten y se rebelan».

Cuando los interpretadores quieren traducir la lucha (hace tiempo un filósofo francés dijo: «Toda traducción es una traición»), lo que hacen es acomodarla a su agenda preestablecida, aplastarla con el ruido estentóreo de sus sesudos análisis. Domar y socavar la resistencia y la rebeldía.

Pero, no se trata simplemente de tratar de controlar, lo que realmente se busca es decirles: «no, así no; sin nosotros, no; con nosotros todo… lo que queramos». Porque para esos buitres la política es, antes que nada:

  1. Campo exclusivo de los «pensadores», de los miembros de la clase política. Y no puede ser que unos pobres y despreciables indígenas modifiquen sus tiempos y sus espacios en su quehacer político.

Educados en la necesidad de luchar en contra de la separación entre trabajo manual y trabajo intelectual, cada vez que un trabajador manual o un hijo de un trabajador manual se decide a ser el sujeto de su propio destino, al político profesional o al «pensador» le tiemblan las corvas y quiere explicarles —a veces con paciencia y veces de manera histérica— que para eso existen los intelectuales, las vanguardias, los especialistas, los que han leído a Marx o a Weber.

  1. Espacio de las oportunidades. La peor de las plagas que ha sufrido la política, ya no es tan sólo separar lo que yo he leído de lo que tú, pobre ignorante, has leído. Desde hace ya muchos años, la política es parte de las mercancías que se ofrecen en el mercado.

Tiene valor de uso y valor de cambio. Bueno, para ser más preciso, su valor de uso es casi nulo y su valor de cambio cada vez es más grande.

Acostumbrados a ofrecer en el mercado de la ignominia a los movimientos, todo lo deciden a partir de las siguientes preguntas ¿Cuánto pido por tu lucha?, ¿Qué gano yo?, ¿Cuántos votos me vas a dar?
En ese bazar de oportunidades lo único que no existe es la ética. La ética está arrumbada en el rincón más obscuro del desván de los recuerdos. Y, cuando alguien la recuerda, inmediatamente le asignan el papel de «slogan moral», de «impotencia política», de «no entender que el arte de la política es encontrar oportunidades para negociar».

Se insiste en que no hay conflictos, sino desavenencias. Que todo se puede arreglar con una buena comisión de mediación.

Hoy, en algunas universidades se dan diplomados y se discute el crear doctorados con el título: «Solución de conflictos».

Claro que no es fácil resolver un conflicto como la desaparición de seres humanos. Los familiares han dicho correctamente: ¡Vivos se los llevaron, vimos los queremos!

  1. Espacio para ejercer la hegemonía y, por lo tanto, para practicar la homogeneización. La lucha por la hegemonía fue una obsesión para la izquierda que, cansada de la lucha por tomar el palacio de invierno, decidió que era fundamental conquistar la hegemonía en la sociedad, en especial entre los trabajadores.

El problema, lo que no se percibió, es que nadie puede hegemonizar sin homogeneizar. Y, como está demostrado en todas las facetas de la vida, la homogeneización es sinónimo de pobreza, de carencia. Y en el terreno de lo político es sinónimo de ausencia total de democracia.

  1. La búsqueda del Sinsajo. Los compañeros zapatistas señalan: «Basta de buscar su Sinsajo». En el tren de la desilusión, las próximas estaciones son ‘apatía’ y ‘cinismo’. Su destino final: ‘derrota’ (op.cit). En la teoría política de arriba y la historia de arriba, e incluso algunas veces en la historia que se piensa de abajo, se explican las cosas de manera «científica».

El pueblo mexicano siempre ha necesitado su tlatoani, su caudillo, su líder, su jefe, su salvador, su personaje providencial. Su Sinsajo, para estar a la moda. Atrás de todo esto hay una pereza intelectual y una coartada de dominación. El hombre, la mujer providencial, desprecia siempre a los de abajo (yo creo que hay un problema con lo del Sinsajo, porque la gente que habla así ha visto la película Los Juegos del Hambre, pero no ha leído los tres tomos).

En México, tenemos ejemplos cúspide en este entramado político. Las declaraciones de «si no votan lo que estoy proponiendo es porque son agentes de Peña Nieto», o «si no aceptan mis candidaturas, decididas por mí, es que son agentes de gobernación», ponen en evidencia la catadura de esos personajes.

Ahora algunos ponen en sus tuits: «Denise, sé nuestro Sinsajo» (refiriéndose a Denise Dresser). Se podrían hacer miles de chistes crueles al respecto, pero lo que queremos destacar es que una de las características de la política actual es expropiarle al ser común, a los de abajo, su capacidad de decidir, de pensar, de actuar.

El temor a la libertad existe en función de que desde afuera siempre se le dice a la gente: necesitas a un líder, a un jefe. El zapatismo ha enseñado que no se requiere ni de unos comandantes, ni de dos subcomandantes, mucho menos de un rayito de esperanza, ni de un Sinsajo. Que lo único que es indispensable es perder el temor y el terror a tomar nuestro destino en nuestras propias manos.

La política ha sufrido una conversión. Si antes la guerra era la continuación de la política por otros medios (Clausewitz dixit), ahora, estamos frente a un nuevo concepto que los compañeros zapatistas han denominado la guerra total hecha totalmente.

De ésta no se encargan los políticos, auténticos monitos cilindreros, sino los dueños del dinero, los que controlan México y no se ven. En la guerra total conviven el ejército, la marina, la policía —en todas sus variantes, desde los federales hasta los rurales —, los miembros del crimen organizado, los paramilitares, los policías gringos, los asesores del Departamento de Estado norteamericano.
Y, desgraciadamente, parece que los «analistas» y los «creadores» de opinión, no se han dado cuenta.

La razón es sencilla: se sigue teniendo una visión decimonónica de la guerra.

Pero no está dicha la última palabra en esta movilización.

El compañero SCI Moisés lo explica claramente, cuando dice:

Esas voces tienen juicio, saben de lo que hablan, y es su corazón como el nuestro cuando se hace dolor y rabia. Saben su camino y lo andan.
Se saben ell@s. Nos saben a nosotr@s en rabias y dolores. Nada tenemos qué enseñarles nosotros, nosotras. Todo tenemos que aprenderles.
Por eso ahora, cuando su voz pretende ser tapada, silenciada, olvidada o torcida, les mandamos nuestra palabra para abrazarlos.
Por eso decimos que lo primero, más importante y urgente es escuchar a los familiares y compañeros de los desaparecidos y asesinados de Ayotzinapa. Son esas voces las que han tocado el corazón de millones de personas en México y en el Mundo.
Son esas voces las que han señalado el dolor y la rabia, las que han denunciado el crimen y han señalado al criminal.
La importancia de esas voces la reconocen, tanto el gobierno, que trata de deslegitimarlas; como los buitres, que tratan de torcerlas.
Busquemos que esas voces retomen su lugar y rumbo.
Esas voces resistieron a la calumnia, resistieron al chantaje, resistieron al soborno. Esas voces no se vendieron, no se rindieron, no claudicaron. (Ídem)

A pesar de la impresionante presión que genera la ficticia unanimidad —Carlos Loret de Mola tan indignado como Carmen Aristegui, aunque ambos sean policías del conocimiento. Enrique Krauze tan violento en sus críticas a Peña Nieto como Dérbez. Cárdenas renunciando al Partido de la Revolución Democrática (PRD) porque su «conciencia» ética no le permite soportar más tiempo la inmundicia (claro, la realidad es que se está preparando para aplicarle a Andrés Manuel López Obrador (AMLO) la misma política que le aplicó AMLO a él en el 2005-2006). Y AMLO indignado pide la renuncia de Enrique Peña Nieto (EPN), pero no dice nada sobre su candidato a gobernador de Guerrero en el 2015, jefe del chacal alcalde de Iguala—, los familiares y sus compañeros de los desaparecidos se han mantenido distantes y muchas veces críticos de esa unanimidad.

Al final, saben de dónde viene su fuerza. Ésta no viene de «un plan de acción» o de que los «líderes proletarios» de Teléfonos o del Sindicato de Trabajadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (STUNAM) digan que los apoyan. Su fuerza viene de algo más profundo: de su dolor y de su rabia.
Frente a ese dolor y a esa rabia se han encontrado los buitres que buscan generar un ruido avasallador y han chocado frente a ellos como frente a un muro. El muro de la dignidad y la rabia.
Y eso traducido en palabras, gestos, caras, miradas, es lo que ha permitido que, a diferencia de otras tragedias que hemos vivido en México, lo de Ayotzinapa se cuele por todas las grietas y poros del sistema capitalista, nacional e internacional. Y que se logre lo que siempre es esencial para que las cosas se modifiquen: el levantamiento de un gran espejo donde todos nos miramos, pero, sobre todo, donde las víctimas de tragedias similares se pueden ver, reconocer y recuperar su fuerza.
Y es eso lo que ha puesto en jaque al Estado, pero no al cascarón de estado con minúsculas que queda, sino al sistema de dominación como tal: a sus instituciones, sus partidos, sus leyes, sus legisladores, su justicia, su lenguaje, sus códigos, su forma de ser, su vida. Ellos segaron la vida de varios estudiantes y desaparecieron a 43 compañeros. Ahora éstos, con su imagen, sus rostros, sus historias… han desnudado todo el sistema de dominación.

Y lo que les urge a los medios de paga (tanto a los reaccionarios como a los progresistas, tan reaccionarios como los otros) es volver a vestir a los dominadores.

¿Cómo? Llevando a cabo una política tan vieja como el sistema capitalista mismo: lo que alguien llamó política vudú.

En 1958-59, cuando los ferrocarrileros estallaron su huelga, el comunismo fue utilizado como tal. A Demetrio Vallejo y a Valentín Campa se les clavaron los alfileres de la política vudú. En 1968, Díaz Ordaz se aventó el puntacho de echarle la culpa de esa gran movilización social a los «filósofos de la
destrucción»: Marcuse (no pudo mencionar otro nombre, su asesor no sabía otro).

Luego, en 1994, se buscó en los primeros días ubicar a los guerrilleros guatemaltecos como los que dirigían la insurrección indígena en el estado de Chiapas. En 1999-2000, se ubicó al Mosh como el muñeco al que había que clavarle los alfileres.

Desde el 2012, pero más ahora, los anarquistas son las víctimas de esa política vudú. Ahora son ellos a los que se les clavan los alfileres. Feos, sucios y vestidos de negro, por lo tanto: halcones. La lógica es abrumadora, pero, quien la emplea, en su vida se ha enfrentado a los halcones ni tiene la menor idea de lo que fue eso.

Lo que se busca es que los actores del conflicto (los padres, las madres y los compañeros de los desparecidos) tengan una alternativa frente a ellos: o se deslindan o se asimilan a la izquierda bien portada y entonces se deslegitiman.

Pero la gran experiencia de movimientos profundos nos enseña que nunca hay solamente dos posibilidades en la política, que siempre hay una tercera o cuarta o quinta, si se parte de una posición ética. Y entonces, se puede voltear todo el entramado de la política tradicional y generar en proceso otra política.

A partir de lo anterior es que en este texto los compañeros del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) nos explican de manera clara y precisa que esa disyuntiva es falsa y que es una trampa.

Ya lo habían dicho en el discurso de Oventic, pero ahora le dedican más espacio: el problema no es quemar o no la puerta de palacio, sino el hecho de defenderla a ultranza y de odiarla a ultranza.
Al final, ambas visiones parten de lo mismo: «ahí se ubica el poder», por eso unos la defienden y otros la quieren quemar. Y los dos se equivocan: no sólo porque el poder no se encuentra ahí (¡pequeña cosa!) sino también porque ambas son visiones que no tienen nada que ver con las causas, las palabras, el discurso, las miradas, las caras, los gestos de los que iniciaron y han mantenido esta movilización

Una propuesta cargada de futuro
Ante esto los compañeros zapatistas deciden que el tiempo y el espacio es de los familiares de Ayotzinapa, y generosa y sabiamente se hacen a un lado y les dicen: aquí está, ésta es la tribuna de los meros de abajo.
Aquí van a hablar con los hombres y las mujeres del color de la tierra (con los yaquis que llevan luchando desde la invasión de los españoles; con los otomís de Xochicuautla que defienden su territorio, no por un fin particular sino pensando en que es uno de los grandes surtidores de agua de los chilangos; con los comuneros de Ostula que, a pesar de la marina y sus aliados los narcos y el ejército, han recuperado su territorio y ahora han construido una verdadera policía comunitaria; o con los comuneros de Cherán que un buen día se cansaron de que los talabosques destruyeran su territorio y decidieron que ahí no iba a funcionar el sistema de partidos políticos y nombraron ellos mismos a su gobierno y con tantas otras historias que no aparecen en los diarios de paga ni en la televisión).
Con los padres y madres de l@s niñ@s de la guardería ABC, que igual que los compas de Ayotzinapa decidieron que la vida no tiene precio y no aceptaron tasar a sus hijos; con las madres de los desaparecidos de Coahuila; con los familiares de los mineros de Pasta de Conchos, con los colectivos de joven@s y viej@s de la Sexta.
Y con los colectivos de la Sexta Internacional (ya tenemos inscritos que vienen de Rusia, Italia, el Estado Español, Grecia, Colombia, Argentina, etcétera) que en muchas ocasiones han sido el alma de las movilizaciones que se han realizado por todo el mundo por la presentación con vida de los desaparecidos de la normal de Ayotzinapa.
A los familiares y compañeros de Ayotzinapa el SCI Moisés, en nombre de los pueblos zapatistas, les dice eso.
Y a los miembros del Congreso Nacional Indígena (CNI), de la Sexta Nacional y de la Sexta Internacional nos dice: «miren, eso sucede cuando la política se hace desde otro espacio, desde la geografía de los de abajo y a la izquierda, desde el calendario de los que resisten y se rebelan».
Nos enseña que si la política no es buscar la hegemonía y la homogeneización (una no puede ir sin la otra), entonces, de lo que se trata es de crear espacios de compartición. Donde nos hablemos como lo que somos: iguales, porque somos diferentes, porque somos los Otros. Los que no tenemos lugar en este sistema de depredación y muerte.
Y, creo, el sentido profundo del texto al que nos referimos es: en este momento existe una movilización que no se puede opacar ni desplazar. Es a ellos a quienes tenemos que escuchar, sin que la gente persiga a los encapuchados zapatistas para tomarse una foto o saque el lápiz y el cuaderno sólo cuando ellos hablen.
Al dar un paso al costado los zapatistas nos enseñan que la otra política se construye no solamente dando pasos al frente, se construye con generosidad, señas claras de compañerismo. Y que, en este momento, la mejor manera de hacerlo es no «robándole» cámara a los familiares y condiscípulos de los desaparecidos de Ayotzinapa. Y, como dicen ellos, pasar a la sombra.
Pienso, ¿cuántos estarían dispuestos a hacerse a un lado, a apoyar sin condiciones ni remilgos, sin imponer una línea o una visión del mundo, de la vida
Antes de pasar a la conclusión, una pocas palabras que impiden la política de tabla rasa
En última instancia lo que asimila a los que rompen vidrios con los bien portados es que ambos quieren «robarle» cámara a los familiares y alumnos de Ayotzinapa. Y más importante, a los muertos y desaparecidos de Ayotzinapa.
Ambos quieren marcar el rumbo de la movilización. Ambos actúan como vanguardias autoproclamadas, ambos son profundamente hostiles a una forma de construcción desde abajo de los movimientos.
Pero, en algo no son equivalentes, a pesar de sus gestos grandilocuentes: los preocupados de generar empleos en las vidrieras, son menos peligrosos que los bien portados.
Éstos son la izquierda sifilítica que todo lo corrompe y lo pudre. Son los encargados de causar las derrotas de las movilizaciones. Son los que se «preparan» para ser nuestros mandones.
Sabemos que nunca lo van a lograr pero que no cejarán en su empeño.
Los otros van a ser los presos políticos que, sin condiciones ni reclamos, defenderemos y apoyaremos porque, más allá de no estar de acuerdo con su visión, no son parte de la clase política ni de los que quieren dominar desde la lógica del capital.
Conclusión
Lo fundamental es saber si entendemos que desde el poder se está llevando a cabo una guerra contra el pueblo de México. Que la miseria se enseñorea ya no sólo en el sur del país, sino que se manifiesta en todo el territorio nacional. Que este nivel de ataque no respeta nada.
Que alguien puede ser piloto aviador o trabajador metalúrgico, con formación profesional, o azafata joven o estudiante recién egresado de las universidades públicas, o de las normales y, de la noche a la mañana, se topan con una realidad lacerante: no tienen empleo o, peor, son asesinados o desaparecidos.
Ya no es simplemente un problema de exclusión contra los pueblos indios (la cual sigue, desde luego), sino que ahora toca a sectores que se pensaban a sí mismos como intocables.
Esto se combina con una guerra que se desarrolla en contra del conjunto de la sociedad. El proceso de militarización del país es alarmante y se ubica como uno de los problemas principales.
Esa combinación perversa entre deterioro de los niveles socioeconómicos de la población y la militarización abre una fase mórbida que plantea nuevos problemas a resolver.
La mayoría de los mexicanos viven en la zozobra de dejar de tener ingresos de un día para otro o de ser asesinados o desaparecidos en un retén militar o en una fiesta particular o en una carretera o en una esquina a 300 metros de un cuartel militar. La gente vive en el límite. En la frontera donde cohabitan el dolor y la rabia.
Dolor ante el tamaño de la agresión. Ante el tamaño de la embestida. Ante el sentimiento de indefensión.
Rabia contra los que han sumido en la peor crisis de su historia al país. Y ésta es la peor crisis de su historia no únicamente por la terrible situación económica, sino porque todo ha sido descoyuntado.
El «desierto de lo real». De esa realidad construida a partir de eliminar una serie de conquistas de derechos sociales. De acabar con los elementos de la economía moral agraria, al echar abajo el significado profundo de la base ejidal de este país.
Hoy, la destrucción del tejido social hace de la familia su principal objetivo. Familias destrozadas y partidas por el constante flujo migratorio hacia la frontera del norte.
Familias destrozadas a partir de la política de división que el gobierno impulsa con sus programas sociales, que enfrentan a esposas contra maridos e hijos contra padres.
Familias peleadas por el fin del reparto agrario (los hijos esperan con ansiedad que el padre muera para repartirse la poca tierra que poseía), reparto que ha dejado a más de 20 millones de mexicanos literalmente sin nada.
Familias destrozadas por la violencia desatada por el poder. Que ha llevado a que más de 60 mil hogares tengan un muerto, por lo menos.O 20 mil, según cifras oficiales, que tienen un desaparecido; o decenas de miles de desplazados que han sido aventados por la espiral de la violencia.
Pueblos indios bajo ataque permanente con el objetivo de quitarles lo último que les pertenece: su tierra. Y a partir de ahí, su cultura y sus tradiciones. Pueblos indios orillados a la autodefensa frente a la utilización del narcotráfico por parte de las autoridades, para que luego lleguen las mineras o los emporios turísticos, ambos de capital trasnacional.
Pueblos indios que buscan ser divididos por los partidos políticos que trafican con la posibilidad de ofrecer materiales de construcción de casas o de drenaje y entubado, aunque nunca se sepa de dónde van a traer el agua (en muchos poblados en Chiapas se busca dividir a los pueblos instalando tubería sin que haya agua).
Poblados indígenas bajo ataque para construir proyectos soberbios e insultantes de turismo de aventura.
Mujeres asesinadas masivamente por el único «delito» de ser mujeres. Asesinadas a mansalva, saliendo de su trabajo (la maquiladora), con la complicidad o participación directa de los cuerpos policíacos y militares.
Jóven@s que, si bien les va, en la vida serán un número (en la escuela, no el número de matrícula, sino aquél que engrosará las filas del desempleo, o el joven número tal asesinado o desaparecido, o el joven número equis encarcelado) o el que ni a número llegó, simplemente es inexistente, invisible para la sociedad del poder. Está ahí pero como si no estuviera. Como si no existiera.
Los niños, que cada vez en mayor número viven en la calle, que en las esquinas buscan quién les dé una moneda, que no van a la escuela o que van, pero eso no significa nada, no tienen futuro. Que no saben lo que es un juguete y ya saben cómo jugarse la vida.
Los 25 millones que viven bajo pobreza absoluta y que no tienen nada. Los que son considerados como prescindibles para las estadísticas de la sociedad del Poder. Los que si un día mueren todos, en nada afectarán el desarrollo de la bolsa de valores. Los que si un día mueren todos en nada afectarán «la sana evolución de los procesos electorales», al fin que son los jodidos que no votan, o más, a los que se victimiza echándoles la culpa de que gane el Partido Revolucionario Institucional (PRI) porque «no tienen conciencia».
Los 70 millones de mexicanos que vivimos en la esquina, en el borde, en el rincón, en la frontera de la desesperación. Los indocumentados internos. Los migrantes en nuestro propio país. Los permanentemente ofendidos. Los condenados de México.
Frente a todo eso, una gran movilización social se ha levantado.
Los familiares y los condiscípulos de los desaparecidos y asesinados de Ayotzinapa, con el espejo gigantesco que han construido, nos han permitido ver que del dolor y la rabia sale la dignidad. Y que la dignidad es algo que genera pánico al poder, al verdadero poder, a los mandones de este país y del mundo (son los mismos). Que Ayotzinapa es ahora una palabra grande, que ni siquiera los zopilotes pueden manchar.
Y que, el otro gran movimiento que ha levantado una gran construcción de dignidad, el EZLN, hoy lo invita a ocupar el lugar que le corresponde como el sujeto que debe ser escuchado, apoyado con humildad, abrazado, como se abraza abajo, sin dobleces ni hipocresías.
Por último, un mensaje a nuestros compañeros y compañeras que todavía somos aprendices de una política ética: si eso (la necesidad de muchas veces hacerse a un lado, de no buscar vanguardizar o hegemonizar) lo entendemos, lo asimilamos, lo aplicamos, lo integramos en nuestro quehacer político, a nuestra noción de vida, a nuestro proceso de aprendizaje militante, entonces todo será más diáfano, más claro.
Ya sabremos que de ahí, de todos esos hombres y mujeres, ancianos y ancianas, jóvenes y jóvenas, niños y niñas, saldrá el martillo que nos libere de esta condena, parafraseando al poeta Miguel Hernández.
De la profundidad de los hombres y mujeres invisibles para la sociedad del Poder. De ese gran Nadie que somos o para ser más precisos, que queremos ser. De ese gran Nosotr@s que está en construcción.
Y entonces comprenderemos qué quieren decir las palabras finales del comunicado del SCI Moisés:


Sí, ya sabemos que somos incómod@s para unos y otros. Para unos somos radicales, para otros somos reformistas.
Tod@s, arriba y abajo, tendrán que tragarse esto:
Acá abajo, cada vez somos más quienes nos empeñamos en luchar
sin suplicar perdón por ser lo que somos y sin pedir permiso para serlo. (Ídem)


Ni más, ni menos.