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miércoles, 6 de octubre de 2021

Apenas 500 años después

 

 Fotografía de @ButGoya

Deutsch Übersetzung (Alemán)
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Nederlandse Vertaling (Holandés)
English Translation (Inglés)
Traduction en Français (Francés)
فارسی (Farsi)
Tradução em portugês (Portugués)
Перевод на русский язык (Ruso)

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Palabras de los pueblos zapatistas.

13 de agosto del 2021.

Hermanas, hermanos, hermanoas:

Compañeros, compañeras, compañeroas:

  Por nuestras voces hablan las comunidades zapatistas.

  Primero queremos agradecer.

  Agradecer que nos hayan invitado.

  Agradecer que nos hayan recibido.

  Agradecer que nos hayan hospedado.

  Agradecer que nos hayan alimentado.

  Agradecer que nos hayan cuidado.

  Pero sobre todo agradecerles que, a pesar de sus diferencias y contrariedades, se hayan puesto de acuerdo para esto que hoy hacemos.  Que tal vez les parecerá poco a ustedes, pero para nosotros los pueblos zapatistas es muy grande.

-*-

  Somos zapatistas de raíz maya.

  Somos de una geografía llamada México y atravesamos el océano para decirles estas palabras, para estar con ustedes, para escucharles, para aprender de ustedes.

  Somos de México y en ustedes y con ustedes encontramos cariño, cuidado, respeto.

  El Estado Mexicano y sus gobiernos no nos reconocen como nacionales de esa geografía.  Somos extraños, extranjeros, indeseables, inoportunos en los mismos suelos que fueron cultivados por nuestros antecesores.

  Para el Estado Mexicano somos “extemporáneos”.  Eso dice el acta de nacimiento que, después de muchos gastos y viajes de nuestros poblados a las oficinas del mal gobierno, logramos obtener.  Y lo hicimos para poder llegar hasta ustedes.

  Pero no hemos llegado hasta acá para quejarnos.  Ni siquiera para denunciar al mal gobierno que padecemos.

  Sólo les decimos esto, porque es ese mal gobierno el que le ha exigido al Estado Español que pida perdón por lo ocurrido hace 500 años.

  Deben comprender que, además de ser un sinvergüenza, el mal gobierno de México es también ignorante de la historia.  Y la tuerce y acomoda a su conveniencia.

  Así que dejemos de lado a los malos gobiernos que cada quien padecemos en nuestras geografías.

  Ellos son sólo capataces, empleados obedientes de un criminal mayor.

-*-

  Quienes formamos el Escuadrón Marítimo Zapatista, y que nos conocen como el Escuadrón 421, hoy estamos frente a ustedes, pero sólo somos el antecedente de un grupo más grande.  Hasta 501 delegados.  Y somos 501 sólo para demostrarles a los malos gobiernos que vamos delante de ellos.  Mientras ellos simulan un festejo falso de 500 años, nosotros, nosotras, nosotroas, vamos ya en lo que sigue: la vida.

  En el año 501 habremos de recorrer los rincones de esta tierra insumisa.

  Pero no se preocupen.  No vendrán los 501 delegados y delegadas de un jalón.  Sino que por partes irán llegando.

  Ahora mismo, en las montañas del Sureste Mexicano, se está preparando la compañía zapatista aerotransportada a la que llamamos “La Extemporánea” y que está formada por mujeres, hombres, niños y niñas zapatistas.

  Con esta compañía aerotransportada viajará también una delegación del Congreso Nacional Indígena-Concejo Indígena de Gobierno y del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra y el Agua.

  Todas, todoas, todos han padecido para conseguir papeles y vacunas.  Se han enfermado y se han aliviado.  Han tenido hambre y han estado lejos de sus familias, sus comunidades, su tierra, su lengua, su cultura.

  Pero todos, todas y todoas están animados y entusiasmados por llegar a encontrarles.  Pero no es en actos grandes, sino que en los lugares donde ustedes resisten, se rebelan, luchan.

  Tal vez a alguien le parezca que nos interesan los grandes actos y el impacto mediático, y así valoren los éxitos y fracasos.

  Pero nosotros hemos aprendido que las semillas se intercambian, se siembran y crecen en lo cotidiano, en el suelo propio, con los saberes de cada quien.

  El mañana no se gesta en la luz.  Se cultiva, se cuida y se nace en las sombras inadvertidas de la madrugada, cuando la noche empieza apenas a ceder terreno.

  Los terremotos que sacuden la historia de la humanidad empiezan con un “ya basta” aislado, casi imperceptible.  Una nota discordante a mitad del ruido.  Una grieta en el muro.

-*-

  Por eso es que no venimos a traer recetas, a imponer visiones y estrategias, a prometer futuros luminosos e instantáneos, plazas llenas, soluciones inmediatas.  Ni venimos a convocarles a uniones maravillosas.

  Venimos a escucharles.

  No será fácil, cierto.

  Somos tan diferentes, tan distintos, tan lejanos, tan contrarios y, sobre todo, tan contradictorios.

  Nos separan muchas cosas.

  Tal vez, al hablar, queriéndolo o no, no sólo decimos nuestra historia, también demostramos la convicción de que lo nuestro es lo que vale, es la verdad.

  Cada mirada al pasado nos divide.  Y no es de balde esa diferencia.  En cada mirada hay rabia y dolor que con legitimidad se asoman a lo anterior.

  Es cierto que al mirar la historia pasada buscamos encontrar lo que queremos.  Sea rabias, rencores, condenas o absoluciones.  Aunque hay estudios serios y profundos, podemos buscar el que nos conviene, el que nos da la razón.  El que nos justifica.  Y lo hacemos “verdad”.

  Así podemos juzgar y condenar.  Pero la justicia queda olvidada.

  Y así podemos encontrar muchas cosas que nos dividen y confrontan.

  Tenemos broncas en nuestra familia, en nuestro grupo, colectivo, organización.  En nuestro barrio.  En nuestra comarca.  En nuestra geografía.

  Cada quien tiene un dolor que le marca.  Una rabia que le mueve.

  Y esos dolores y esas rabias, que no son pocas, están ahí.

  Y los pueblos zapatistas decimos que sólo una amenaza más grande, un dolor más terrible, una rabia mayor, es la que puede hacer que nos pongamos de acuerdo en dirigir esa rabia y ese dolor más arriba.

  Pero no es que desaparezcan esas diferencias que tenemos, como en los falsos llamados a la “unidad” que suelen hacer los de arriba cuando los de abajo les piden cuentas.

  No, de lo que hablamos las comunidades zapatistas es de una causa, de un motivo, de una meta: la vida.

  No se trata de abandonar convicciones y luchas.  Al contrario.  Pensamos que las luchas de mujeres, de otroas, de trabajadores, de originarios, no sólo no deben detenerse, sino que debieran ser más profundas y radicales.  Cada quien enfrenta una o varias cabezas de la Hidra.

  Porque todas esas luchas, de ustedes y de nosotros los pueblos zapatistas, son por la vida.

  Pero mientras no destruyamos al monstruo en su corazón, esas cabezas seguirán brotando y cambiando de forma pero con mayor crueldad.

-*-

  Ahora, en estos tiempos, miramos y sufrimos una destrucción gigantesca; la de la naturaleza, con la humanidad incluida.

  Porque bajo los escombros, las cenizas, el lodo, las aguas sucias, las pandemias, la explotación, el desprecio, el despojo, el crimen, el racismo y la intolerancia, hay seres humanos sin vida.  Y cada vida es una historia que se convierte en un número, una estadística, un olvido.

  El futuro, la historia por venir, es, como el presente, una pesadilla real.  Y, cuando pensamos que no puede ser peor, viene la realidad a golpearnos en el rostro.

  Y entonces cada quien ve por sí mismo y, en el mejor de los casos, por sus cercanos: su familia, sus amistades, sus personas conocidas.

  Pero, así como en cada rincón del planeta, en cada corazón que late, hay una desgracia presente y una por llegar, hay también una resistencia, una rebeldía, una lucha por la vida.

  Porque vivir no es sólo no morir, no es sobrevivir.  Vivir como seres humanos es vivir con libertad.  Vivir es arte, es ciencia, es alegría, es baile, es lucha.

  Y claro, vivir también es estar en desacuerdo con una u otra cosa, discutir, debatir, confrontar.

  Entonces hay alguien o algo que nos impide vivir, que nos arrebata la libertad, que nos engaña, que nos estafa, que nos acorrala, que nos va quitando el mundo de cada quien a mordiscos, a tajos, a heridas.

  Ahí podemos elegir al responsable.  Buscar un culpable.  Confrontarlo y hacer justicia.  Alguien o algo que pague, que responda por ese dolor que nos deja solos, solas, soloas.  Que nos arrincona en una isla cada vez más pequeña, tan diminuta que sólo queda el yo de cada quien.

  Y aún ahí, en la pequeña isla, lejana de todo y de todos, nos obligan a ser otra cosa, a no ser lo que somos.  Nuestra historia individual que tiene su parte de historia colectiva: una habitación, una casa, un barrio, una comunidad, una geografía, una causa que debe ser cambiada y traicionada para ser parte de otra cosa.

  Una mujer que sea del agrado del hombre.  Unoa otroa que sea aceptada por lo hetero.  Una juventud a la satisfacción de la madurez.  Una vejez tolerada por la juventud.  Una niñez en disputa por jóvenes, adultos, ancianos.  Una fuerza de trabajo eficiente y dócil para el capataz.  Un capataz al gusto del Mandón.

  Y esa presión para transformarse en lo que no somos tiene el modo de la violencia.

  Y es estructural.  Todo el sistema está construido para imponer el molde de la normalidad.

  Si somos mujeres, debemos serlo según el molde de los varones.

  Si somos otroas, debemos serlo según el molde de lo heterosexual.

  Por ejemplo, ya ven que hasta hay clínicas para “corregir” la diferencia sexual.

  Bueno, pues el sistema es una gigantesca y brutal clínica que “cura” la “anormalidad”.  Una máquina que ataca, aísla y liquida lo otro, lo diferente.

  Entonces pues así nos traen, día y noche, queriéndonos domar, buscando domesticarnos.

  Y nosotros, pues resistiendo.  Toda la vida y generaciones completas resistiendo, rebelándose.  Diciendo “no” a la imposición.  Gritando “sí” a la vida.

  No es nuevo, es cierto. Podríamos remontarnos 5 siglos atrás y la misma historia.

  Y lo ridículo de todo eso es que, quienes nos oprimen ahora, pretenden tomar el papel de nuestros “libertadores”.

-*-

  Sin embargo, algo es diferente.  Y es que el dolor de la tierra, de la naturaleza, también se ha unido al nuestro.

  Y aquí podemos estar o no de acuerdo.  Podemos decir que no es cierto, que las pandemias se terminarán, que las catástrofes cesarán, que el mundo, que nuestra vida en el mundo, volverá a ser como antes.  Aún cuando ese “antes” era y es de dolor, destrucción e injusticia.

  Nosotros, los pueblos zapatistas, pensamos que no.  Que no sólo no volverá a ser como antes.  Que se va a poner peor.

  Nosotras las comunidades zapatistas nombramos al responsable de estos males y le llamamos “capitalismo”.

  Y también decimos que sólo con la destrucción total de ese sistema será posible que cada quien, según su modo, su calendario y su geografía, habrá de levantar otra cosa.

  No perfecta, pero sí mejor.

  Y a eso que se construya, a esas nuevas relaciones entre los seres humanos y entre la humanidad y la naturaleza, se le pondrá el nombre que a cada quien le dé la gana.

  Y sabemos que no será fácil.  Que no lo es ya.

  Y sabemos bien que no podremos solos, cada quien en su parcela combatiendo contra la cabeza de la hidra que le toca padecer, mientras el corazón del monstruo se rehace y crece todavía más.

  Y sobre todo sabemos que no habremos de mirar ese mañana en el que, al fin, la bestia arda y se consuma hasta que de ella sólo quede un mal recuerdo.

  Pero también sabemos que haremos nuestra parte, aunque sea pequeña, aunque la olviden las generaciones venideras.

-*-

  Como comunidades zapatistas que somos, vemos señales.

  Pero tal vez estamos equivocados como pueblos que somos.

  Ya ven que dicen que somos ignorantes, retrasados, conservadores, opositores al progreso, pre-modernos, bárbaros, incivilizados, inoportunos e inconvenientes.

  Tal vez es así.

  Tal vez estamos atrasados porque como mujeres que somos o como otroas, podemos salir a pasear sin temor de que nos ataquen, nos violen, nos descuarticen, nos desaparezcan.

  Tal vez estamos en contra del progreso porque nos oponemos a los megaproyectos que destruyen la naturaleza y nos destruyen como pueblos, y que heredan muerte para las generaciones que siguen.

  Tal vez estamos en contra de la modernidad porque nos oponemos a un tren, una carretera, una presa, una termoeléctrica, un centro comercial, un aeropuerto, una mina, un depósito de material tóxico, la destrucción de un bosque, la contaminación de ríos y lagunas, el culto a los combustibles fósiles.

  Tal vez somos atrasados porque honramos a la tierra en lugar de al dinero.

  Tal vez somos bárbaros porque cultivamos nuestros alimentos.  Porque trabajamos para vivir y no para ganar paga.

  Tal vez somos inoportunos e inconvenientes porque nos gobernamos a nosotros mismos como pueblos que somos.  Porque consideramos el trabajo de gobierno como un trabajo más de los comunitarios que habremos de cumplir.

  Tal vez somos rebeldes porque no nos vendemos, porque no nos rendimos, porque no claudicamos.

  Tal vez somos todo eso que dicen de nosotros.

-*-

  Pero algo miramos, algo escuchamos, algo sabemos que está pasando y que va a pasar.

  Y por eso estamos en este viaje.  Porque pensamos y sabemos que no somos los únicos que luchamos, que no somos los únicos que vemos lo que está pasando y lo que va a pasar.

  Nuestro rincón del mundo es una pequeña geografía de lucha por la vida.

  Estamos buscando otros rincones y queremos aprender de ellos.

  Por eso llegamos hasta acá, no a traerles reproches, injurias, reclamos, cobros por deudas impagadas.

  Aunque eso esté de moda y aunque cualquiera diría que sí, que tenemos razón en esos reclamos o que no sabemos lo que debemos hacer y ellos, los malos gobiernos, lo harán por nosotros.

  Y que esté de moda que esos malos gobiernos se escondan detrás de nacionalismos de cartón.

  Y que, bajo la bandera del nacionalismo, nos cubramos nosotros y se cubra también quien nos oprime, quien nos persigue, quien nos asesina, quien nos divide y nos confronta.

  No. No venimos a eso.

  Detrás de los nacionalismos se esconden no sólo las diferencias, también y sobre todo los crímenes.  Bajo un mismo nacionalismo se cobijan el macho violento y la mujer agredida, la intolerancia heterosexual y la otredad perseguida, la civilización depredadora y el pueblo originario aniquilado, el capital explotador y los trabajadores subyugados, los ricos y los pobres.

  Las banderas nacionales ocultan más de lo que muestran, mucho más.

  Porque pensamos eso, es que nuestro empeño por la vida es mundial.  No reconoce fronteras, lenguas, colores, razas, ideologías, religiones, sexos, edades, tamaños, banderas.

  Por eso la nuestra, es una Travesía por la Vida.

-*-

  Ésta es de las pocas veces que haremos uso de la palabra en un acto donde unos pocos hablan y muchos escuchan.

  Y lo aprovechamos para hacerles una petición respetuosa.

  Cuéntenos su historia.  No importa si es grande o pequeña.

  Cuéntenos su historia de resistencia, de rebeldía.  Sus dolores, sus rabias, sus “no” y sus “sí”.

  Porque nosotras las comunidades zapatistas hemos venido a escuchar y a aprender la historia que hay en cada habitación, en cada casa, en cada barrio, en cada comunidad, en cada lengua, en cada modo y en cada ni modos.

  Porque, después de tantos años, hemos aprendido que en cada disidencia, en cada rebeldía, en cada resistencia, hay un grito por la vida.

  Y, según nosotros los pueblos zapatistas, de eso se trata todo: de la vida.

  Y, cuando un día cualquiera, alguien les pregunte “¿a que vinieron los zapatistas?”, juntos podremos responder, sin pena para ustedes y sin vergüenza para nosotras, “vinieron a aprender”.

  500 años después, las comunidades zapatistas vinieron a escucharnos.

Desde Madrid, en la geografía que llaman España,
y en estos suelos y bajo estos cielos renombrados como
SLUMIL K´AJXEMK´OP, o “tierra insumisa”.

A nombre de las comunidades zapatistas.

El Escuadrón Marítimo Zapatista, llamado “Escuadrón 421”.
Planeta Tierra. 13 de agosto, apenas 500 años después.

 


Música: Rage Against The Machine – «Wake Up»

La Travesía por la Vida: ¿A QUÉ VAMOS?

 

Tradução em portugês (Portugués)
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Traduzione Italiano (Italiano)
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Traduction en Français (Francés)
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Ελληνική μετάφραση (Griego)
English Translation (Inglés)
Slovenski prevod (Esloveno)

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La Travesía por la Vida: ¿A QUÉ VAMOS?

Junio del 2021.

  Una aclaración: Muchas veces, cuando nosotros usamos el “los zapatistas” no nos estamos refiriendo a los varones, sino a los pueblos zapatistas.  Y cuando nosotras usamos “las zapatistas”, no describimos a las mujeres, sino a las comunidades zapatistas.  Así que encontrará usted ese “salto” de género en nuestra palabra.  Cuando nos referimos al género, siempre agregamos “otroa” para señalar la existencia y lucha de quienes no son ni hombres ni mujeres (y que nuestra ignorancia en el tema nos impide detallar –pero ya aprenderemos a nombrar todas las diferencias-).

-*-

  Ahora bien, lo primero que tiene usted qué saber o entender es que los zapatistas, cuando vamos a hacer algo, nos preparamos primero para lo peor.  Se parte de un final de fracaso, y, en sentido inverso, nos preparamos para enfrentarlo o, en el mejor de los casos, evitarlo.

  Por ejemplo, imaginamos que nos atacan, las masacres de rigor, el genocidio vestido de civilización moderna, el exterminio total.  Y nos preparamos para esas posibilidades.  Bueno, para el Primero de Enero de 1994, no imaginamos la derrota, la asumimos como una certeza.

  En fin, que tal vez eso le ayude a usted a entender el por qué de nuestro pasmo inicial, nuestros titubeos y una improvisación desconcertante cuando, después de mucho tiempo, trabajo y preparación para la ruina, nos encontramos con que… vivimos.

  A partir de ese escepticismo es que se desarrollan nuestras iniciativas.  Algunas pequeñas, otras más grandes, delirantes todas, nuestras convocatorias siempre van dirigidas a “lo otro”, lo que está más allá de nuestro horizonte cotidiano, pero que reconocemos como algo que es necesario en la lucha por la vida, es decir, en la lucha por la humanidad.

  En esta iniciativa o apuesta o delirio o sinrazón, por ejemplo, en su versión marítima nos preparamos para que el Kraken, una tormenta o una ballena blanca extraviada hicieran naufragar la embarcación, por eso fabricamos cayucos -y viajaron con el Escuadrón 421 en La Montaña hasta llegar a Vigo, Galicia, Estado Español, Europa-.

  También nos preparamos para no ser bienvenidos, por eso buscamos antes el consenso para la invasión, es decir, la visita… Bueno, de eso de ser “bienvenidos” no estamos muy seguros todavía.  Para más de uno, una, unoa, nuestra presencia es perturbadora, por decir lo menos, cuando no francamente irruptora.  Y lo entendemos, puede ser que a alguien, después de un año o más de estar en confinamiento, le resulte al menos inoportuno que un grupo de indígenas de raíz maya, tan poca cosa como productores y consumidores de mercancías (electorales y no), pretenda platicar en persona.  ¡En persona! (¿recuerda usted que antes eso era parte de su cotidianeidad?).  Y, además, que tenga como misión principal el escucharle a usted, llenarlo de preguntas, compartir pesadillas y, claro, sueños.

  Nos preparamos para que los malos gobiernos, de uno y otro lado, nos impidan u obstaculicen la salida y la llegada, por eso algún@s zapatistas ya estábamos en Europa… Ups, no debí escribir eso, bórrenlo.  Ya sabemos que el gobierno mexicano no pondrá obstáculos.  Falta ver qué dicen y hacen los demás gobiernos europeos –porque Portugal y el Estado Español no se opusieron-.

  Nos preparamos para que fracase la misión, es decir, que se convierta en un evento mediático y, por lo mismo, fugaz e intrascendente.  Por eso primordialmente aceptamos las invitaciones de quienes quieren escuchar y hablar, o sea platicar.  Porque nuestro objetivo principal no son los actos masivos –aunque no los excluimos-, sino el intercambio de historias, conocimientos, sentimientos, valoraciones, retos, fracasos y éxitos.

  Nos prepararemos para que falle el avión, por eso fabricamos paracaídas con bordados de muchos colores para que, en lugar de un “Día D” en Normandía (oh, oh, ¿quiere decir eso que el desembarco aéreo sería en Francia?… ¿eh?… ¡¿en París?!), sea un “Día Z” para la Europa de abajo, y parecerá entonces que del cielo, llueven flores como si Ixchel, diosa madre, diosa arcoíris, nos acompañara y, de su mano y con su vuelo, abrir un segundo frente para la invasión.  Y más seguro porque ahora, gracias a la Galicia de abajo, el escuadrón 421 ha logrado afianzar una cabeza de playa en las tierras de Breogán.

  En suma, siempre nos preparamos para fracasar… y para morir.  Por eso la vida, para el zapatismo, es una sorpresa que hay que celebrar todos los días, a todas horas.  Y qué más que mejor si es con bailes, música, artes.

 

 


-*-

  Durante todos estos años hemos aprendido muchas cosas.  Acaso la más importante es darnos cuenta de lo pequeños que somos.  Y no me refiero a estatura y peso, sino al tamaño de nuestro empeño.  Los contactos con personas, grupos, colectivos, movimientos y organizaciones de diferentes partes del planeta, nos han mostrado un mundo diverso, múltiple y complejo.  Con esto se ha reforzado nuestra convicción de que toda propuesta de hegemonía y homogeneidad no sólo es imposible, es, sobre todo, criminal.

  Porque los intentos -no pocas veces ocultos detrás de nacionalismos de cartón piedra en los escaparates del mall de la política electoral-, de imposición de modos y miradas, son criminales porque pretenden el exterminio de diferencias de todo tipo.

  Lo otro es el enemigo: la diferencia de género, racial, de identidad sexual o asexual, de lengua, de color de piel, de cultura, de credo o descredo, de concepción del mundo, de físico, de estereotipo de belleza, de historia.  Contando con todos los mundos que en el mundo son, prácticamente hay tantos enemigos, actuales o potenciales, como seres humanos.

  Y podríamos decir que casi cualquier afirmación de identidad es una declaración de guerra para lo diferente.  He dicho “casi”, y a ese “casi” nos aferramos como zapatistas que somos.

-*-

  Según nuestros modos, nuestros calendarios y en nuestra geografía, hemos llegado a la conclusión de que siempre es posible que la pesadilla empeore.  La pandemia del llamado “Coronavirus” no es el apocalipsis.  Es sólo su preludio.  Si los medios de comunicación y las redes sociales nos querían tranquilizar, antes, “informando” sobre la extinción de un glaciar, de un terremoto, de un tsunami, de una guerra en una parte lejana del planeta, del asesinato de otro indígena por paramilitares, de una nueva agresión a Palestina o al pueblo mapuche, de la brutalidad gubernamental en Colombia y Nicaragua, de imágenes de campos de migrantes que son de otro lugar, otro continente, otro mundo, y así nos convencen de que eso “pasa en otro lado”; en tan sólo unas semanas, la pandemia demostró que el mundo puede ser apenas una pequeña parroquia egoísta, necia y vulnerable.  Los distintos gobiernos nacionales son las pandillas que pretenden controlar, con violencia “legal”, una calle o un barrio, pero el “capo” que controla todo es el capital.

  En fin, que se vienen cosas peores.  Pero eso usted ya lo sabía, ¿no?  Y si no, pues ya va siendo hora de que se entere.  Porque, además de tratar de convencerle de que las penas y las desgracias siempre serán ajenas (hasta que dejan de serlo y se sientan con usted a la mesa, le perturban el sueño y le dejan sin lágrimas), le dicen que la mejor forma de enfrentar esas amenazas es individualmente.

  Que el mal se evita alejándose de él, construyendo su mundo estanco, y haciéndolo cada vez más estrecho hasta que sólo cabe el “yo, mi, me, conmigo”.  Y para eso, pues le ofrecen “enemigos” a modo, siempre con un flanco débil y al que es posible derrotar adquiriendo, oiga usted, este artículo que, mire qué casualidad, por esta única ocasión, tenemos en oferta y podrá usted adquirirlo y recibirlo en la puerta de su bunker en cuestión de horas, días… o semanas, porque la máquina ha descubierto, oh sorpresa, que la paga depende también de la circulación de las mercancías, y que, si ese proceso se detiene o aletarga, la bestia sufre… así que también es negocio su distribución y reparto.

  Pero, como zapatistas que somos, hemos estudiado y analizado.  Y queremos confrontar las conclusiones a las que hemos llegado, con científicos, artistas, filósofos y analistas críticos de todo el mundo.

  Pero no sólo, también y especialmente con quienes, en la cotidianidad de sus luchas, han padecido y advertido las desgracias por venir.  Porque, en lo que a lo social se refiere, tenemos en alta estima el análisis y la valoración de quien se juega el pellejo en el combate contra la máquina, y somos escépticos de la de quien, desde la óptica externa, opina, valora, aconseja, juzga y condena o absuelve.

  Pero, ojo, consideramos que esa mirada crítica “outsider” es necesaria y vital, porque permite ver cosas que no se miran en el fragor de la lucha y, atención, aporta conocimientos sobre la genealogía de la bestia, sus transformaciones y su funcionamiento.

  En fin, que queremos hablar y, sobre todo, escuchar a quien se ponga a modo.  Y no nos importa su color, tamaño, raza, sexo, religión, militancia política o traspié ideológico, si es que coincide en el retrato hablado de la máquina asesina.

  Porque si, cuando hablamos del criminal, alguien lo identifica con el destino fatídico, la mala suerte, “el orden natural de las cosas”, el enfado divino, la desidia o el desenfado, pues ahí no tenemos ningún interés en escuchar ni en hablar.  Para conocer esas explicaciones basta con ver telenovelas y acudir a las redes sociales en busca de confirmación.

  Es decir, creemos haber establecido quién es el criminal, su modus operandi y el crimen en sí.  Estas 3 características se sintetizan en un sistema, es decir, en una forma de relacionarse con la humanidad y con la naturaleza: el capitalismo.

  Sabemos que es un crimen en curso y que su consecución será desastrosa para el mundo entero.  Pero no es ésa la conclusión que nos interesa corroborar, no.

-*-

  Porque resulta que, también estudiando y analizando, hemos descubierto algo que puede ser o no importante.  Depende.

  Dando por sentado que este planeta será aniquilado, al menos como hasta ahora lo percibimos, hemos estado investigando sobre las posibles opciones.

  Es decir, el barco se hunde y allá arriba dicen que no pasa nada, que es pasajero.  Sí, como cuando el buque-tanque Prestige naufragó frente a costas europeas (2002) – Galicia fue testigo y víctima primera-, y las autoridades empresariales y gubernamentales decían que apenas unos chorritos de combustible se habían derramado.  El desastre no lo pagaron ni el Mandón, ni sus capataces y mayorales.  Lo pagaron, y lo siguen pagando, los poblados que viven de la pesca en esas costas.  Ellos y sus descendientes.

  Y por “Barco” nos referimos al planeta homogeneizado y hegemonizado por un sistema: el capitalismo.  Claro, podrán decir que “ése no es nuestro barco”, pero el hundimiento en curso no es sólo de un sistema, sino del mundo entero, completo, total, hasta el rincón más apartado y aislado, y no sólo el de sus centros de Poder.

-*-

  Entendemos que alguien piense, y actúe en consecuencia, que es posible todavía remendar, parchar, pintar un poco aquí y allá, remozar la embarcación.  Mantenerla a flote como sea, incluso vendiendo la fantasía de que son posibles megaproyectos que no sólo no aniquilen poblados enteros, también que no afecten a la naturaleza.

  Que existan personas que piensen que basta con estar muy decididos y echarle ganas al maquillaje (al menos hasta que pasen los procesos electorales).  Y que crean que la mejor respuesta a los reclamos de “Nunca mais” -que se repiten en todos los rincones del planeta-, sean promesas y dinero, programas políticos y dinero, buenas intenciones y dinero, banderas y dinero, fanatismos y dinero.  Que sean fieles creyentes de que los problemas del mundo se reducen a la falta de dinero.

  Y el dinero necesita carreteras, grandes proyectos civilizatorios, hoteles, centros comerciales, fábricas, bancos, mano de obra, consumidores,… policías y ejércitos.

  Las así llamadas “comunidades rurales” son clasificadas como “carentes de desarrollo” o “atrasadas” porque la circulación de dinero, es decir de mercancías, es inexistente o muy reducida.  No importa que, por ejemplo, su tasa de feminicidios y de violencia de género sea menor comparada con la de las urbes.  Los logros gubernamentales se miden por la cantidad de zonas destruidas y repobladas por productores y consumidores de mercancías, gracias a la reconstrucción de ese territorio.  Donde antes había una milpa, un manantial, un bosque, ahora hay hoteles, centros comerciales, fábricas, termoeléctricas,… violencia de género, persecución de la diferencia, narcotráfico, infanticidios, tráfico de personas, explotación, racismo, discriminación.  En suma: c-i-v-i-l-i-z-a-c-i-ó-n.

  Su idea es que la población campesina se convierta en empleada de esa “urbanización”.  Seguirán viviendo, trabajando y consumiendo en su localidad, pero el dueño de todo su entorno es un conglomerado industrial-comercial-financiero-militar cuya sede está en el ciberespacio y para quien ese territorio conquistado es sólo un punto en el mapa, un porcentaje de ganancias, una mercancía.  Y el resultado real será que la población originaria tendrá que migrar, porque el capital llegará con sus propios empleados “calificados”.  A la población originaria le tocará regar jardines y limpiar estacionamientos, locales y albercas donde antes había campos de cultivo, bosques, costas, lagunas, ríos y manantiales.

  Lo que se oculta es que, detrás de las expansiones (“guerras de conquista”) de los Estados -sean internas (“incorporando a más población a la modernidad”), o sean externas con distintas coartadas (como la del gobierno de Israel en su guerra contra Palestina)-, hay una lógica común: la conquista de un territorio por la mercancía, es decir por el dinero, es decir por el capital.

  Pero entendemos que esa gente, para poder llegar a ser el cajero que administre los pagos y cobros que le dan vida a la máquina, forme partidos políticos electorales, frentes -amplios o estrechos- para disputar el acceso al gobierno, alianzas y rupturas “estratégicas”, y todos los matices en los que se empeñan esfuerzos y vidas que, detrás de pequeños éxitos, esconden grandes fracasos.  Una pequeña ley por ahí, una interlocución oficial aquí, una nota periodística allá, un tuit más acá, un like acullá, y sin embargo, por poner un ejemplo de un crimen mundial en curso, los feminicidios van en aumento.  En el entretanto sube la izquierda y baja, sube la derecha y baja, sube el centro y baja.  Como cantaba la inolvidable malagueña Marisol, “la vida es una tómbola”: todos (arriba) ganan, todas (abajo) pierden.

  Pero la “civilización” es sólo una coartada endeble para una destrucción brutal.  El veneno sigue brotando (ya no del Prestige –o no sólo de ese navío-), y el sistema entero parece estar dispuesto a intoxicar hasta el último rincón del planeta, porque son más rentables la destrucción y la muerte que detener la máquina.

  Estamos seguros que usted podrá agregar más y más ejemplos.  Botones de muestra de una pesadilla irracional y, sin embargo, actuante.

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  Entonces, desde hace varias décadas nos hemos concentrado en buscar alternativas.  La construcción de balsas, cayucos, lanchas, y aún de embarcaciones más grandes  (la 6ta como improbable arca), tienen un horizonte bien definido.  En algún lugar habrá que desembarcar.

  Leímos y leemos.  Estudiamos y lo seguimos haciendo.  Analizamos antes y ahora.  Abrimos el corazón y la mirada, no a ideologías actuales o pasadas de moda, sino a las ciencias, a las artes y a nuestras historias como pueblos originarios.  Y con esos conocimientos y herramientas, nos hemos encontrado con que hay, en este sistema solar, un planeta que podría ser habitable: el tercero del sistema solar y que, hasta ahora, aparece en los libros escolares y científicos con el nombre de “La Tierra”.  Para más referencia, está entre Venus y Marte.  Es decir, según ciertas culturas, está entre el amor y la guerra.

  El problema es que ese planeta es ya un montón de escombros, pesadillas reales, y horrores tangibles.  Es poco lo que queda en pie.  Incluso la tramoya que oculta la catástrofe se agrieta.  Entonces, pues, ¿cómo les diré?, el asunto no es conquistar ese mundo y disfrutar de lo placeres de quien vence.  Es más complicado y requiere, ése sí, un esfuerzo mundial: hay que hacerlo de nuevo.

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  Ahora bien, según las grandes producciones fílmicas de Hollywood, la salida frente a la catástrofe mundial (siempre algo externo –alienígenas, meteoros, pandemias inexplicables, zombis parecidos a candidatos a algún puesto público-), es producto de una unión de todos los gobiernos del mundo (encabezados por los gringos)… o, peor, del gobierno estadunidense sintetizado en un individuo, o individua (porque la máquina ya aprendió que la farsa debe ser incluyente), que puede tener las características raciales y de género políticamente correctas, pero lleva en su pecho la marca de la Hidra.

  Pero, lejos de esas ficciones, la realidad nos muestra que todo es negocio: el sistema produce la destrucción y te vende los boletos para que huyas de ella… al espacio.  Y de seguro, en las oficinas de las grandes corporaciones, hay brillantes proyectos de colonización interestelar…  con la propiedad privada de los medios de producción incluida.  Es decir, el sistema se traslada, íntegro, a otro planeta.  El “all included” se refiere a quienes trabajan, a quienes viven sobre de quienes trabajan y a su relación de explotación.

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  Pero a veces no sólo miran al espacio.  El capitalismo “verde” pugna por zonas “protegidas” en el planeta.  Burbujas ecológicas donde pueda resguardarse la bestia mientras el planeta se cura de los mordiscos (lo cual tomaría apenas unos cuantos millones de años).

  Cuando la máquina habla de “un nuevo mundo” o “de humanizar el planeta”, está pensando en territorios a conquistar, despoblar y destruir, para luego repoblar y reconstruir con la misma lógica que ahora tiene al mundo entero frente al abismo, siempre dispuesto a dar el paso adelante que el progreso demanda.

  Usted podrá pensar que no es posible que alguien sea tan imbécil como para destruir la casa donde vive.  “La rana no bebe toda el agua del charco que habita”, dicen que dice un proverbio del pueblo originario Sioux.  Pero si usted pretende aplicar una lógica racional al funcionamiento de la máquina, no entenderá (bueno, tampoco la máquina).  De nada sirven valoraciones morales y éticas.  La lógica de la bestia es la ganancia.  Claro, ahora usted podrá preguntarse cómo es posible que una máquina irracional, inmoral y estúpida rija los destinos de todo un planeta.  Ah, (suspiro), eso está en su genealogía, en su esencia misma.

  Pero, dejando de lado el imposible ejercicio de dotar de racionalidad a lo irracional, llegará usted a la conclusión de que es preciso destruir ese engendro que no, no es diabólico.  Desgraciadamente es humano.

  Y, claro, usted estudia, lee, confronta, analiza, y descubre que hay grandes propuestas para salir adelante.  Desde las que proponen afeites y maquillajes, hasta las que recomiendan clases de moral y lógica para la bestia, pasando por nuevos o viejos sistemas.

  Sí, le entendemos, la vida es una mierda y siempre es posible refugiarse en ese cinismo tan sobrevalorado en las redes sociales.  El finado SupMarcos decía: “lo malo no es que la vida sea una mierda, sino que te obligan a comerla y todavía esperan que lo agradezcas”.

  Pero supongamos que no, que usted sabe que, en efecto, la vida apesta, pero su reacción no es la de replegarse en sí mismo (o en su “mundo”, eso depende del número de sus “seguidores” en las redes sociales habidas y por haber).  Y entonces usted decide abrazar, con fe, esperanza y caridad, alguna de las opciones que se le presentan.  Y elige la mejor, la más grande, la de más éxito, la más famosa, la que va ganando… o la que le queda cerca.

  Grandes proyectos de nuevos y viejos sistemas políticos.  Retrasos imposibles del reloj de la historia.  Nacionalismos patrioteros.  Futuros compartidos a fuerza de que tal opción tome el Poder y se mantenga en él hasta que todo se solucione.  ¿Su grifo gotea?, vote por tal.  ¿Mucho ruido en el vecindario?, vote por cual.  ¿Subió el costo de transporte, alimentos, medicinas, energía, escuelas, ropa, diversión, cultura?, ¿Le teme a la migración?, ¿Le incomodan las personas de piel oscura, las creencias distintas, las lenguas incomprensibles, las diferentes estaturas y complexiones?, vote por…

  Incluso los hay quienes no difieren del objetivo, sino del método.  Y luego repiten arriba lo que criticaron abajo.  Con malabares asquerosos y argumentando estrategias geopolíticas, se apoya a quien se reitera en el crimen y la estupidez.  Se demanda que los pueblos aguanten opresiones en beneficio de la “correlación de fuerzas internacional y el ascenso de la izquierda en la zona”.  Pero Nicaragua no es Ortega-Murillo y no tardará la bestia en entenderlo.

  En todas esas grandes ofertas de solución en el supermercado mortal del sistema, muchas veces no se dice que se tratan de la imposición brutal de una hegemonía, y un decreto de persecución y muerte a lo que no es homogéneo al ganador.

  Los gobiernos gobiernan para sus seguidores, nunca para quienes no lo son.  Las estrellas de las redes sociales alimentan a sus huestes, aún a costa de sacrificar la inteligencia y la vergüenza.  Y la “corrección política” traga sapos, que habrán luego de devorar a quien aconseja resignación “para no beneficiar al enemigo principal”.

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  ¿Es el zapatismo una gran respuesta, una más, a los problemas del mundo?

  No.  El zapatismo es un montón de preguntas.  Y la más pequeña puede ser la más inquietante: ¿Y tú qué?

  Frente a la catástrofe capitalista, ¿el zapatismo propone un viejo-nuevo sistema social idílico, y con él repetir las imposiciones de hegemonías y homogeneidades ahora “buenas”?

  No.  Nuestro pensamiento es pequeño como nosotros: son los esfuerzos de cada quien, en su geografía, según su calendario y modo, que permitirán, tal vez, liquidar al criminal, y, simultáneamente, rehacer todo.  Y todo es todo.

  Cada quien, según su calendario, su geografía, su modo, habrá de construir su camino.  Y, al igual que nosotros, los pueblos zapatistas, irá tropezando y levantándose, y lo que construya tendrá el nombre que le dé la gana tener.  Y sólo será diferente y mejor que lo que hemos padecido antes, y lo que padecemos actualmente, si reconoce lo otro y lo respeta, si renuncia a imponer su pensamiento sobre lo diferente, y si al fin se da cuenta de que muchos son los mundos y que su riqueza nace y brilla en su diferencia.

  ¿Es posible?  No lo sabemos.  Pero sí sabemos que, para averiguarlo, hay que luchar por la Vida.

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  Entonces, ¿a qué vamos en esta Travesía por la Vida si no aspiramos a dictar caminos, rutas, destinos?  ¿A qué, si no buscamos adherentes, votos, likes?  ¿A qué, si no vamos a juzgar y a condenar o absolver?  ¿A qué, si no llamamos al fanatismo por un nuevo-viejo credo? ¿A qué, si no buscamos pasar a la Historia y ocupar un nicho en el panteón enmohecido del espectro político?

  Bueno, para serles sinceros como zapatistas que somos: no sólo vamos confrontar nuestros análisis y conclusiones con lo otro que lucha y piensa críticamente.

  Vamos a agradecer a lo otro su existencia.  A agradecer las enseñanzas que su rebeldía y su resistencia nos han regalado.  A entregar la flor prometida.  A abrazar lo otro y decirle al oído que no está sola, soloa, solo.  A susurrarle que valen la pena la resistencia, la lucha, el dolor por quienes ya no están, la rabia de que esté impune el criminal, el sueño de un mundo no perfecto, pero sí mejor: un mundo sin miedo.

  Y también, y sobre todo, vamos a buscar complicidades… por la vida.

SupGaleano.
Junio del 2021, Planeta Tierra.

 

 

 

https://enlacezapatista.ezln.org.mx/2021/06/27/la-travesia-por-la-vida-a-que-vamos/

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LLEGAMOS.

20 de junio del 2021.

  Serían las 06:59 –hora de México- del día 20 de junio del 2021, cuando, desde La Montaña y por entre un horizonte brumoso, se avistó tierra de la península ibérica.  Serían las 09:14:45 cuando el navío fondeó en la bahía de Baiona o Bayona, Galicia, Estado Español, Europa.  De ahí queda cerca, “a tiro de piedra”, la geografía llamada Portugal, y un poco al Noreste se avista Vigo.  Tod@s bien de salud.  Por cuestiones de papeleo y etcétera, La Montaña y el Escuadrón 421 permanecerán aquí hasta, tentativamente, el día martes 22 a las 1700 –fecha y hora de Vigo-, en que se hará el desembarco.  La Guardia Civil del Estado Español abordó la nave, tomó los datos de la tripulación y pasajeros, revisó los pasaportes y realizó el chequeo de rutina.  Sin novedad.  Condiciones climatológicas: nublado, lluvias ligeras pero frecuentes, 15 grados centígrados.

   Al poco tiempo se acercaron varios veleros con compas de la Europa insumisa, para dar la bienvenida… o para comprobar si eran ciertos los rumores que corren por los barrios, campos y montañas del mundo: “los zapatistas han invadido Europa”.

  En tierra, al pie de lo que parece un faro, otro grupo gritaba algo como “¡Nos rendimos!”… Nah, es broma.  Gritan que Zapata Vive, que Bienvenid@s, que… no se entiende bien.  Portan pancartas y dibujos.  Hasta donde se alcanza a ver, no hay señales obscenas –lo que puede indicar que no nos han repudiado… todavía-.  Algún desubicado porta un cartel que reza: “Comedor La Palomita Insurrecta. Caldo Gallego, Empanadas Ídem y Xoubas.  Descuentos especiales a Invasor@s, escarabajos y gato-perros”.  En otro cartel se lee “¡Sáquenme de aquí!”.  Las personas más prudentes usan las pancartas como paraguas.

  El cielo europeo llora conmovido.  Sus lágrimas se confunden con las que humedecen las mejillas –curtidas a sol, mar, angustias y adrenalina-, del intrépido Escuadrón 421.  En sus pasos, en sus miradas, en sus latidos, los pueblos mayas -así dirá la leyenda-, cruzaron el Atlántico en 50 días con sus noches, en su larga y accidentada travesía por la vida.

  Afuera hace frío, pero dentro, en la geografía del corazón, algo como un sentimiento entibia el alma.  En las montañas del sureste mexicano el sol sonríe y, del equipo de sonido, salen alegres las primeras notas de una cumbia.

  Claro, falta el desembarco, el traslado de la delegación aérea, la organización de la agenda, los encuentros,… y la fiesta de la palabra.

  Es decir, falta todo.

SupGaleano.
Junio del 2021.

 


Música: La Cumbia del Sapito – Alfredo y sus Teclados

 

https://enlacezapatista.ezln.org.mx/2021/06/20/llegamos/