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miércoles, 6 de octubre de 2021

Apenas 500 años después

 

 Fotografía de @ButGoya

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Palabras de los pueblos zapatistas.

13 de agosto del 2021.

Hermanas, hermanos, hermanoas:

Compañeros, compañeras, compañeroas:

  Por nuestras voces hablan las comunidades zapatistas.

  Primero queremos agradecer.

  Agradecer que nos hayan invitado.

  Agradecer que nos hayan recibido.

  Agradecer que nos hayan hospedado.

  Agradecer que nos hayan alimentado.

  Agradecer que nos hayan cuidado.

  Pero sobre todo agradecerles que, a pesar de sus diferencias y contrariedades, se hayan puesto de acuerdo para esto que hoy hacemos.  Que tal vez les parecerá poco a ustedes, pero para nosotros los pueblos zapatistas es muy grande.

-*-

  Somos zapatistas de raíz maya.

  Somos de una geografía llamada México y atravesamos el océano para decirles estas palabras, para estar con ustedes, para escucharles, para aprender de ustedes.

  Somos de México y en ustedes y con ustedes encontramos cariño, cuidado, respeto.

  El Estado Mexicano y sus gobiernos no nos reconocen como nacionales de esa geografía.  Somos extraños, extranjeros, indeseables, inoportunos en los mismos suelos que fueron cultivados por nuestros antecesores.

  Para el Estado Mexicano somos “extemporáneos”.  Eso dice el acta de nacimiento que, después de muchos gastos y viajes de nuestros poblados a las oficinas del mal gobierno, logramos obtener.  Y lo hicimos para poder llegar hasta ustedes.

  Pero no hemos llegado hasta acá para quejarnos.  Ni siquiera para denunciar al mal gobierno que padecemos.

  Sólo les decimos esto, porque es ese mal gobierno el que le ha exigido al Estado Español que pida perdón por lo ocurrido hace 500 años.

  Deben comprender que, además de ser un sinvergüenza, el mal gobierno de México es también ignorante de la historia.  Y la tuerce y acomoda a su conveniencia.

  Así que dejemos de lado a los malos gobiernos que cada quien padecemos en nuestras geografías.

  Ellos son sólo capataces, empleados obedientes de un criminal mayor.

-*-

  Quienes formamos el Escuadrón Marítimo Zapatista, y que nos conocen como el Escuadrón 421, hoy estamos frente a ustedes, pero sólo somos el antecedente de un grupo más grande.  Hasta 501 delegados.  Y somos 501 sólo para demostrarles a los malos gobiernos que vamos delante de ellos.  Mientras ellos simulan un festejo falso de 500 años, nosotros, nosotras, nosotroas, vamos ya en lo que sigue: la vida.

  En el año 501 habremos de recorrer los rincones de esta tierra insumisa.

  Pero no se preocupen.  No vendrán los 501 delegados y delegadas de un jalón.  Sino que por partes irán llegando.

  Ahora mismo, en las montañas del Sureste Mexicano, se está preparando la compañía zapatista aerotransportada a la que llamamos “La Extemporánea” y que está formada por mujeres, hombres, niños y niñas zapatistas.

  Con esta compañía aerotransportada viajará también una delegación del Congreso Nacional Indígena-Concejo Indígena de Gobierno y del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra y el Agua.

  Todas, todoas, todos han padecido para conseguir papeles y vacunas.  Se han enfermado y se han aliviado.  Han tenido hambre y han estado lejos de sus familias, sus comunidades, su tierra, su lengua, su cultura.

  Pero todos, todas y todoas están animados y entusiasmados por llegar a encontrarles.  Pero no es en actos grandes, sino que en los lugares donde ustedes resisten, se rebelan, luchan.

  Tal vez a alguien le parezca que nos interesan los grandes actos y el impacto mediático, y así valoren los éxitos y fracasos.

  Pero nosotros hemos aprendido que las semillas se intercambian, se siembran y crecen en lo cotidiano, en el suelo propio, con los saberes de cada quien.

  El mañana no se gesta en la luz.  Se cultiva, se cuida y se nace en las sombras inadvertidas de la madrugada, cuando la noche empieza apenas a ceder terreno.

  Los terremotos que sacuden la historia de la humanidad empiezan con un “ya basta” aislado, casi imperceptible.  Una nota discordante a mitad del ruido.  Una grieta en el muro.

-*-

  Por eso es que no venimos a traer recetas, a imponer visiones y estrategias, a prometer futuros luminosos e instantáneos, plazas llenas, soluciones inmediatas.  Ni venimos a convocarles a uniones maravillosas.

  Venimos a escucharles.

  No será fácil, cierto.

  Somos tan diferentes, tan distintos, tan lejanos, tan contrarios y, sobre todo, tan contradictorios.

  Nos separan muchas cosas.

  Tal vez, al hablar, queriéndolo o no, no sólo decimos nuestra historia, también demostramos la convicción de que lo nuestro es lo que vale, es la verdad.

  Cada mirada al pasado nos divide.  Y no es de balde esa diferencia.  En cada mirada hay rabia y dolor que con legitimidad se asoman a lo anterior.

  Es cierto que al mirar la historia pasada buscamos encontrar lo que queremos.  Sea rabias, rencores, condenas o absoluciones.  Aunque hay estudios serios y profundos, podemos buscar el que nos conviene, el que nos da la razón.  El que nos justifica.  Y lo hacemos “verdad”.

  Así podemos juzgar y condenar.  Pero la justicia queda olvidada.

  Y así podemos encontrar muchas cosas que nos dividen y confrontan.

  Tenemos broncas en nuestra familia, en nuestro grupo, colectivo, organización.  En nuestro barrio.  En nuestra comarca.  En nuestra geografía.

  Cada quien tiene un dolor que le marca.  Una rabia que le mueve.

  Y esos dolores y esas rabias, que no son pocas, están ahí.

  Y los pueblos zapatistas decimos que sólo una amenaza más grande, un dolor más terrible, una rabia mayor, es la que puede hacer que nos pongamos de acuerdo en dirigir esa rabia y ese dolor más arriba.

  Pero no es que desaparezcan esas diferencias que tenemos, como en los falsos llamados a la “unidad” que suelen hacer los de arriba cuando los de abajo les piden cuentas.

  No, de lo que hablamos las comunidades zapatistas es de una causa, de un motivo, de una meta: la vida.

  No se trata de abandonar convicciones y luchas.  Al contrario.  Pensamos que las luchas de mujeres, de otroas, de trabajadores, de originarios, no sólo no deben detenerse, sino que debieran ser más profundas y radicales.  Cada quien enfrenta una o varias cabezas de la Hidra.

  Porque todas esas luchas, de ustedes y de nosotros los pueblos zapatistas, son por la vida.

  Pero mientras no destruyamos al monstruo en su corazón, esas cabezas seguirán brotando y cambiando de forma pero con mayor crueldad.

-*-

  Ahora, en estos tiempos, miramos y sufrimos una destrucción gigantesca; la de la naturaleza, con la humanidad incluida.

  Porque bajo los escombros, las cenizas, el lodo, las aguas sucias, las pandemias, la explotación, el desprecio, el despojo, el crimen, el racismo y la intolerancia, hay seres humanos sin vida.  Y cada vida es una historia que se convierte en un número, una estadística, un olvido.

  El futuro, la historia por venir, es, como el presente, una pesadilla real.  Y, cuando pensamos que no puede ser peor, viene la realidad a golpearnos en el rostro.

  Y entonces cada quien ve por sí mismo y, en el mejor de los casos, por sus cercanos: su familia, sus amistades, sus personas conocidas.

  Pero, así como en cada rincón del planeta, en cada corazón que late, hay una desgracia presente y una por llegar, hay también una resistencia, una rebeldía, una lucha por la vida.

  Porque vivir no es sólo no morir, no es sobrevivir.  Vivir como seres humanos es vivir con libertad.  Vivir es arte, es ciencia, es alegría, es baile, es lucha.

  Y claro, vivir también es estar en desacuerdo con una u otra cosa, discutir, debatir, confrontar.

  Entonces hay alguien o algo que nos impide vivir, que nos arrebata la libertad, que nos engaña, que nos estafa, que nos acorrala, que nos va quitando el mundo de cada quien a mordiscos, a tajos, a heridas.

  Ahí podemos elegir al responsable.  Buscar un culpable.  Confrontarlo y hacer justicia.  Alguien o algo que pague, que responda por ese dolor que nos deja solos, solas, soloas.  Que nos arrincona en una isla cada vez más pequeña, tan diminuta que sólo queda el yo de cada quien.

  Y aún ahí, en la pequeña isla, lejana de todo y de todos, nos obligan a ser otra cosa, a no ser lo que somos.  Nuestra historia individual que tiene su parte de historia colectiva: una habitación, una casa, un barrio, una comunidad, una geografía, una causa que debe ser cambiada y traicionada para ser parte de otra cosa.

  Una mujer que sea del agrado del hombre.  Unoa otroa que sea aceptada por lo hetero.  Una juventud a la satisfacción de la madurez.  Una vejez tolerada por la juventud.  Una niñez en disputa por jóvenes, adultos, ancianos.  Una fuerza de trabajo eficiente y dócil para el capataz.  Un capataz al gusto del Mandón.

  Y esa presión para transformarse en lo que no somos tiene el modo de la violencia.

  Y es estructural.  Todo el sistema está construido para imponer el molde de la normalidad.

  Si somos mujeres, debemos serlo según el molde de los varones.

  Si somos otroas, debemos serlo según el molde de lo heterosexual.

  Por ejemplo, ya ven que hasta hay clínicas para “corregir” la diferencia sexual.

  Bueno, pues el sistema es una gigantesca y brutal clínica que “cura” la “anormalidad”.  Una máquina que ataca, aísla y liquida lo otro, lo diferente.

  Entonces pues así nos traen, día y noche, queriéndonos domar, buscando domesticarnos.

  Y nosotros, pues resistiendo.  Toda la vida y generaciones completas resistiendo, rebelándose.  Diciendo “no” a la imposición.  Gritando “sí” a la vida.

  No es nuevo, es cierto. Podríamos remontarnos 5 siglos atrás y la misma historia.

  Y lo ridículo de todo eso es que, quienes nos oprimen ahora, pretenden tomar el papel de nuestros “libertadores”.

-*-

  Sin embargo, algo es diferente.  Y es que el dolor de la tierra, de la naturaleza, también se ha unido al nuestro.

  Y aquí podemos estar o no de acuerdo.  Podemos decir que no es cierto, que las pandemias se terminarán, que las catástrofes cesarán, que el mundo, que nuestra vida en el mundo, volverá a ser como antes.  Aún cuando ese “antes” era y es de dolor, destrucción e injusticia.

  Nosotros, los pueblos zapatistas, pensamos que no.  Que no sólo no volverá a ser como antes.  Que se va a poner peor.

  Nosotras las comunidades zapatistas nombramos al responsable de estos males y le llamamos “capitalismo”.

  Y también decimos que sólo con la destrucción total de ese sistema será posible que cada quien, según su modo, su calendario y su geografía, habrá de levantar otra cosa.

  No perfecta, pero sí mejor.

  Y a eso que se construya, a esas nuevas relaciones entre los seres humanos y entre la humanidad y la naturaleza, se le pondrá el nombre que a cada quien le dé la gana.

  Y sabemos que no será fácil.  Que no lo es ya.

  Y sabemos bien que no podremos solos, cada quien en su parcela combatiendo contra la cabeza de la hidra que le toca padecer, mientras el corazón del monstruo se rehace y crece todavía más.

  Y sobre todo sabemos que no habremos de mirar ese mañana en el que, al fin, la bestia arda y se consuma hasta que de ella sólo quede un mal recuerdo.

  Pero también sabemos que haremos nuestra parte, aunque sea pequeña, aunque la olviden las generaciones venideras.

-*-

  Como comunidades zapatistas que somos, vemos señales.

  Pero tal vez estamos equivocados como pueblos que somos.

  Ya ven que dicen que somos ignorantes, retrasados, conservadores, opositores al progreso, pre-modernos, bárbaros, incivilizados, inoportunos e inconvenientes.

  Tal vez es así.

  Tal vez estamos atrasados porque como mujeres que somos o como otroas, podemos salir a pasear sin temor de que nos ataquen, nos violen, nos descuarticen, nos desaparezcan.

  Tal vez estamos en contra del progreso porque nos oponemos a los megaproyectos que destruyen la naturaleza y nos destruyen como pueblos, y que heredan muerte para las generaciones que siguen.

  Tal vez estamos en contra de la modernidad porque nos oponemos a un tren, una carretera, una presa, una termoeléctrica, un centro comercial, un aeropuerto, una mina, un depósito de material tóxico, la destrucción de un bosque, la contaminación de ríos y lagunas, el culto a los combustibles fósiles.

  Tal vez somos atrasados porque honramos a la tierra en lugar de al dinero.

  Tal vez somos bárbaros porque cultivamos nuestros alimentos.  Porque trabajamos para vivir y no para ganar paga.

  Tal vez somos inoportunos e inconvenientes porque nos gobernamos a nosotros mismos como pueblos que somos.  Porque consideramos el trabajo de gobierno como un trabajo más de los comunitarios que habremos de cumplir.

  Tal vez somos rebeldes porque no nos vendemos, porque no nos rendimos, porque no claudicamos.

  Tal vez somos todo eso que dicen de nosotros.

-*-

  Pero algo miramos, algo escuchamos, algo sabemos que está pasando y que va a pasar.

  Y por eso estamos en este viaje.  Porque pensamos y sabemos que no somos los únicos que luchamos, que no somos los únicos que vemos lo que está pasando y lo que va a pasar.

  Nuestro rincón del mundo es una pequeña geografía de lucha por la vida.

  Estamos buscando otros rincones y queremos aprender de ellos.

  Por eso llegamos hasta acá, no a traerles reproches, injurias, reclamos, cobros por deudas impagadas.

  Aunque eso esté de moda y aunque cualquiera diría que sí, que tenemos razón en esos reclamos o que no sabemos lo que debemos hacer y ellos, los malos gobiernos, lo harán por nosotros.

  Y que esté de moda que esos malos gobiernos se escondan detrás de nacionalismos de cartón.

  Y que, bajo la bandera del nacionalismo, nos cubramos nosotros y se cubra también quien nos oprime, quien nos persigue, quien nos asesina, quien nos divide y nos confronta.

  No. No venimos a eso.

  Detrás de los nacionalismos se esconden no sólo las diferencias, también y sobre todo los crímenes.  Bajo un mismo nacionalismo se cobijan el macho violento y la mujer agredida, la intolerancia heterosexual y la otredad perseguida, la civilización depredadora y el pueblo originario aniquilado, el capital explotador y los trabajadores subyugados, los ricos y los pobres.

  Las banderas nacionales ocultan más de lo que muestran, mucho más.

  Porque pensamos eso, es que nuestro empeño por la vida es mundial.  No reconoce fronteras, lenguas, colores, razas, ideologías, religiones, sexos, edades, tamaños, banderas.

  Por eso la nuestra, es una Travesía por la Vida.

-*-

  Ésta es de las pocas veces que haremos uso de la palabra en un acto donde unos pocos hablan y muchos escuchan.

  Y lo aprovechamos para hacerles una petición respetuosa.

  Cuéntenos su historia.  No importa si es grande o pequeña.

  Cuéntenos su historia de resistencia, de rebeldía.  Sus dolores, sus rabias, sus “no” y sus “sí”.

  Porque nosotras las comunidades zapatistas hemos venido a escuchar y a aprender la historia que hay en cada habitación, en cada casa, en cada barrio, en cada comunidad, en cada lengua, en cada modo y en cada ni modos.

  Porque, después de tantos años, hemos aprendido que en cada disidencia, en cada rebeldía, en cada resistencia, hay un grito por la vida.

  Y, según nosotros los pueblos zapatistas, de eso se trata todo: de la vida.

  Y, cuando un día cualquiera, alguien les pregunte “¿a que vinieron los zapatistas?”, juntos podremos responder, sin pena para ustedes y sin vergüenza para nosotras, “vinieron a aprender”.

  500 años después, las comunidades zapatistas vinieron a escucharnos.

Desde Madrid, en la geografía que llaman España,
y en estos suelos y bajo estos cielos renombrados como
SLUMIL K´AJXEMK´OP, o “tierra insumisa”.

A nombre de las comunidades zapatistas.

El Escuadrón Marítimo Zapatista, llamado “Escuadrón 421”.
Planeta Tierra. 13 de agosto, apenas 500 años después.

 


Música: Rage Against The Machine – «Wake Up»

EL DESEMBARCO

 

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EL DESEMBARCO

«El desembarco» de León Gieco interpretado por León Gieco (Voz y Armónica), Jairo (Voz y Djembe), Silvina Moreno (Voz), Sandra Corizzo (Voz), Diego Boris (Armónica), Antonio Druetta (Mandolin), Pablo Elizondo (Guitarra), Luciana Elizondo (Viola da gamba). 2021.

-*-

Desde la Otra Europa.

Individu@s, Grupos, Colectivos, Organizaciones y movimientos Europeos –con la colaboración del Escuadrón 421.
Junio del 2021.

 
 
Posdata.- Está esa canción de León Gieco que se llama “El Desembarco”.  La tenía desde hace años en la carpeta de “pendientes”, dudando de cuándo y en qué video ponerla.  Al final, pensé que, cuando llegara su momento, lo sabría.

  Mirando el momento en que Marijose pone su pie sobre el suelo gallego, pensé, no en la canción, sino en el invisible entramado que unían música y una bota bucanera, calzando un pie originario maya, posándose en suelo ibérico.

  Investigué y resulta que la canción fue hecha pública en 2011, en un disco homónimo.  Eso hace 10 años… o más.  ¿Cuándo llegó el hacer esa canción en su corazón de León Gieco, ese hermano involuntario –o bajo protesta, como Juan Villoro-, que tenemos en el abrazo grande que es Latinoamérica?  ¿Meses o años antes?

  ¿Soñó León en lo que dice la letra?

  ¿Es el mismo sueño que tuvo Marijose cuando, en el abrazo ardiente de abril, se le dijo que elloa sería quien primero desembarcara?  ¿Es el mismo que tuvo el difunto SupMarcos cuando, años antes del alzamiento, escribió “Marinero en la montaña”?  ¿El mismo que desveló a Don Durito de La Lacandona cuando imaginó (o realizó, nunca se sabrá) su periplo por suelos de Europa?  ¿Lo soñó la Comandanta Ramona, la primera en salir del territorio zapatista y a cuyo paso nació el Congreso Nacional Indígena?  ¿Es el mismo que soñó el entonces Teniente Coronel Insurgente Moisés cuando -en 2010 y en las afueras de una champa en las montañas del sureste mexicano-, recibió el grado de Subcomandante?  ¿El que tuvieron el Señor Ik, el SubPedro y 45 zapatistas más, instantes antes de caer peleando en enero de 1994?  ¿El que, en colectivo, soñó el pueblo originario Sami -en el norte más norte de Europa- con la Declaración por la Vida?  ¿Lo soñó hace más de 500 años Gonzalo Guerrero cuando hizo suyo el camino y el destino del pueblo maya?  ¿Inquietó a Jacinto Canek?

  ¿Alivió en algo la partida del Comandante Ismael, la doctora Paulina Fernández C., Oscar Chávez, Jaime Montejo, Jean Robert, Paul Leduc, Vicente Rojo, Mario Molina, Ernesto Cardenal y tantos y tantos familiares –herman@s sin saberlo- que perdimos en los últimos meses?

  ¿El sueño que animó a la Europa de abajo que organizó ese terrible y maravilloso recibimiento en Vigo?

  ¿El que ahora recorre las calles, barrios, campos y costas de la Europa repitiendo “Lloverá julio en París”?

  ¿Es el sueño que anima las voces que, en los emblemáticos espejos de la playa de Vigo, atravesaron el Atlántico y anidan ahora en las comunidades zapatistas?

  Porque no de un navío desciende el Escuadrón 421, sino que de La Montaña desembarca “sin armas, por la vida”.

  ¿Es eso lo humano?  ¿Lo que borda el largo y oculto hilo que une geografías distintas y distantes, que enlaza calendarios próximos y lejanos?

  No lo sé.  Pero sí le recomendaría a quienes tienen por maldición el arte: plasmen ese su sueño.  El que sea, pero que sea suyo.

  Porque nunca se sabe cuándo y dónde otra mirada, otro oído, otras manos, otro paso, otro corazón, en otro calendario y en otra geografía, habrá de bajarlo del extenso estante de las ilusiones, le abrirá las entrañas y lo plantará, como una semilla, en la doliente realidad.

Doy fe.

El SupGaleano.
Junio del 2021.

 

https://enlacezapatista.ezln.org.mx/2021/06/23/el-desembarco/

 

LLEGAMOS

 

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LLEGAMOS.

20 de junio del 2021.

  Serían las 06:59 –hora de México- del día 20 de junio del 2021, cuando, desde La Montaña y por entre un horizonte brumoso, se avistó tierra de la península ibérica.  Serían las 09:14:45 cuando el navío fondeó en la bahía de Baiona o Bayona, Galicia, Estado Español, Europa.  De ahí queda cerca, “a tiro de piedra”, la geografía llamada Portugal, y un poco al Noreste se avista Vigo.  Tod@s bien de salud.  Por cuestiones de papeleo y etcétera, La Montaña y el Escuadrón 421 permanecerán aquí hasta, tentativamente, el día martes 22 a las 1700 –fecha y hora de Vigo-, en que se hará el desembarco.  La Guardia Civil del Estado Español abordó la nave, tomó los datos de la tripulación y pasajeros, revisó los pasaportes y realizó el chequeo de rutina.  Sin novedad.  Condiciones climatológicas: nublado, lluvias ligeras pero frecuentes, 15 grados centígrados.

   Al poco tiempo se acercaron varios veleros con compas de la Europa insumisa, para dar la bienvenida… o para comprobar si eran ciertos los rumores que corren por los barrios, campos y montañas del mundo: “los zapatistas han invadido Europa”.

  En tierra, al pie de lo que parece un faro, otro grupo gritaba algo como “¡Nos rendimos!”… Nah, es broma.  Gritan que Zapata Vive, que Bienvenid@s, que… no se entiende bien.  Portan pancartas y dibujos.  Hasta donde se alcanza a ver, no hay señales obscenas –lo que puede indicar que no nos han repudiado… todavía-.  Algún desubicado porta un cartel que reza: “Comedor La Palomita Insurrecta. Caldo Gallego, Empanadas Ídem y Xoubas.  Descuentos especiales a Invasor@s, escarabajos y gato-perros”.  En otro cartel se lee “¡Sáquenme de aquí!”.  Las personas más prudentes usan las pancartas como paraguas.

  El cielo europeo llora conmovido.  Sus lágrimas se confunden con las que humedecen las mejillas –curtidas a sol, mar, angustias y adrenalina-, del intrépido Escuadrón 421.  En sus pasos, en sus miradas, en sus latidos, los pueblos mayas -así dirá la leyenda-, cruzaron el Atlántico en 50 días con sus noches, en su larga y accidentada travesía por la vida.

  Afuera hace frío, pero dentro, en la geografía del corazón, algo como un sentimiento entibia el alma.  En las montañas del sureste mexicano el sol sonríe y, del equipo de sonido, salen alegres las primeras notas de una cumbia.

  Claro, falta el desembarco, el traslado de la delegación aérea, la organización de la agenda, los encuentros,… y la fiesta de la palabra.

  Es decir, falta todo.

SupGaleano.
Junio del 2021.

 


Música: La Cumbia del Sapito – Alfredo y sus Teclados

 

https://enlacezapatista.ezln.org.mx/2021/06/20/llegamos/

martes, 5 de octubre de 2021

ISLAS AZORES, PORTUGAL, EUROPA

 

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ISLAS AZORES, PORTUGAL, EUROPA

 

11 de Junio del 2021.
(Nota: calendario y tiempo en la geografía de México).

  Con su carita empolvada, remozada y limpia la cubierta, recompuesto el velamen -después de salir de Cienfuegos, Cuba-, el 16 de mayo La Montaña enrumbó al oriente.  Bordeó la playa de las Coloradas y, con la Sierra Maestra a su izquierda, fue acompañada de nuevo por los delfines convocados por Durito Stahlkäfer, quien maldijo cuando pasaron frente a la estadunidense aberración en Guantánamo.  Frente a Haití, ballenas saludaron su paso, y en la Isla de la Tortuga, Durito y el Gato-Perro desembarcaron alegando algo sobre un tesoro enterrado… o por enterrar.  En apoyo al equipo de apoyo, la Lupita, la Ximena y el Bernal gomitaron fraternalmente, aunque creo que hubieran preferido apoyar de otra forma.  En Punta Rucia, República Dominicana, guardó reposo y cautela La Montaña, por fuertes vientos en contra.  El 24 de mayo, de madrugada y a pura vela (“para no espantar al viento”, dijo el capitán Ludwig), La Montaña tomó rumbo al norte.  Ahora fueron orcas las que saludaron a La Montaña al despedirla de las aguas del Caribe.  Entre los días 25 y 26 de mayo, el navío esquizofrénico –cree él que es una ella y es montaña-, sorteó Las Bahamas y el día 27 se dirigió al Noreste, ya en mar abierto, Duc in Altum.

  El 4 de junio, librado ya el llamado Triángulo de Las Bermudas, la embarcación y su preciada tripulación, dieron cara al sol que al oriente se asomaba.  Entre los días 5 al 9 de junio, navegaron sobre donde la leyenda ubica a la soberbia Atlántida.

  Serían las 22:10:15 horas del 10 de junio cuando, entre las brumas de la madrugada europea, desde la cofa del vigía de La Montaña se alcanzaba a divisar la montaña hermana, Cabeço Gordo, en la Isla Faial del archipiélago de Las Azores, región autónoma de la geografía llamada Portugal, en Europa.

  Serían las 02:30:45 del 11 de junio cuando la vista, “a tiro de piedra”, de las costas del puerto de Horta humedeció la mirada de navío y tripulantes.  En las montañas de Las Azores eran las 07:30 de la mañana de este día.  Serían las 03:45:13 cuando una lancha rápida de la autoridad portuaria de Horta se acercó a La Montaña para indicar donde habría de fondear.  Serían las 04:15:33 cuando el navío fondeó frente a las otras montañas.  Serían las 08:23:54 cuando el bote de la Capitanía de Puerto recogió a los tripulantes de La Montaña y les llevó a tierra para las pruebas PCR de Covid, y les regresó al barco a esperar los resultados.  En todo momento la “Autoridade Maritima”, en el puerto de Horta, se ha portado con amabilidad y respeto.

  La tripulación, pasajeros incluidos, se encuentran muy bien de salud, “animados y contentos, sin broncas, ni chismes ni peleas.  (En el Escuadrón 421) se cuidan entre sí”.

  Aquí es el momento de informar quiénes más, aparte de la tripulación del Stahlratte y el zapatista Escuadrón 421, han navegado este tramo.  Para documentar la travesía marítima van María Secco, cine-fotógrafa independiente, y Diego Enrique Osorno, reportero independiente.  Como equipo de apoyo de la delegación zapatista va Javier Elorriaga.

  Según los usos y costumbres zapatistas, estas 3 personas tuvieron que, además de cubrir sus gastos, presentar autorización escrita de sus familias, parejas y prole.  Sendas cartas fueron entregadas al Subcomandante Insurgente Moisés.  Maridas, maridos, madres, hijos e hijas redactaron y firmaron con su puño y letra las autorizaciones.  Me tocó leerlas.  Hay de todo, desde reflexiones filosóficas hasta dibujos infantiles, pasando por la solicitud atenta de una niña para que le lleven una ballena.  Nadie pidió escarabajos ni gato-perros, lo que no sé si es una afrenta o un alivio.  En las letras infantiles se adivina el orgullo de que padre o madre dependieran de que les dieran permiso (el clásico zapatista: “los patos les tiran a las escopetas”).  Imagino que ya tendrán ustedes la oportunidad de conocer las miradas de María y Diego, sus anécdotas, reflexiones y valoración de su participación “en primera fila” (ambos le hacen a eso del cine) en este delirio.  Otras miradas siempre son bienvenidas y son refrescantes.

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  Al conocerse la noticia en las montañas del Sureste Mexicano, las comunidades zapatistas le han mandado un mensaje a la tripulación del Stahlratte, a través de su capitán: “Gracias, son chingones”.  Todavía están tratando de traducir eso al alemán.

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  Para la reflexión: el lema de Las Azores es “Antes morrer livres que em paz sujeitos” (Antes morir libres que en paz sujetos).

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  A lo lejos, al oriente, las columnas de Hércules -que en su tiempo eran el límite del mundo conocido-, miraban asombradas una montaña que navegando desde occidente viene.

Doy fe.
SupGaleano.
11 de Junio del 2021.

jueves, 13 de mayo de 2021

¡Delfines!

 


¡Delfines!

Mayo del 2021.

  Fueron momentos dramáticos.  Acorralado, entre cabos sueltos y la borda, el bichito amenazaba con su lanza a la tripulación, mientras de reojo observaba al mar embravecido, donde un Kraken, de la especie “kraken escarabujos” –especialista en comer escarabajos-, acechaba.  Entonces, se armó de valor el intrépido polizón, alzó sus múltiples brazos al cielo y su voz rugió, opacando el ruido de las olas al chocar contra el casco de La Montaña:

  Ich bin der Stahlkäfer, der Größte, der Beste!  Beachtung! Hör auf meine Worte¡ (¡yo soy el escarabajo de acero, el más grande, el mejor.  ¡Atención!  ¡Escuchad mis palabras!)

  La tripulación se detuvo en seco.  No porque un insecto esquizofrénico les retara con un mondadientes y una tapita de plástico.  Tampoco porque les hablara en alemán.  Fue porque el escuchar su lengua materna, después de años de escuchar sólo el español tropical costeño, les transportó a su tierra como por un raro encantamiento.

  Gabriela diría después que el alemán del bichito estaba más cerca del alemán de un migrante iraní que del Fausto de Goethe.  El capitán defendió al polizón, alegando que su alemán era perfectamente entendible.  Y, como donde manda capitán no gobierna Gabriela, Ete y Karl aprobaron, y Edwin, aunque sólo entendió la palabra “cumbia”, estuvo de acuerdo.  Así que lo que les narro, es la versión del bicho traducida del alemán:

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  “El titubeo de mis atacantes me dio tiempo para rehacer mi estrategia defensiva, recomponer mi armadura (porque una cosa es morir en un combate desigual y otra muy distinta es hacerlo en fachas), y lanzar mi contraofensiva: un relato…

  Fue hace algunas lunas, en las montañas del Sureste Mexicano.  Quienes ahí viven y luchan, habían lanzado un nuevo desafío para sí mismos.  Pero en esos momentos, vivían en la zozobra y el desaliento porque carecían de un vehículo para su travesía.  Así fue hasta que yo, el grande, el inefable, el etcétera, Don Durito de La Lacandona A.C. de C.V. de (i)R. (i)L. llegué a sus montañas (las siglas, como todos deben saber, significan “Andante Caballero de Cabalgadura Versátil de Irresponsabilidad Ilimitada”).  Tan pronto se corrió la voz de mi arribo, multitud de mozas, infantes de todas las edades, e incluso ancianas, corrieron, raudas y veloces, a aclamarme.  Pero yo me mantuve firme y no sucumbí a la vanagloria.  Me dirigí entonces a los aposentos de quien se encargaba de la malograda expedición.  Por un momento me confundí: la impertinente nariz de quien hacía y rehacía las cuentas imposibles para sufragar los gastos de la expedición punitiva contra Europa, me hizo recordar a aquel capitán, que después sería conocido como el SupMarcos, al que orienté durante años y a quien eduqué con mi sabiduría.  Pero no, aunque parecido, quien se dice llamar SupGaleano tiene todavía mucho que aprender de mí, el más grande de los andantes caballeros.

  En fin, que no tenían embarcación.  Cuando puse a la disposición de esos seres mi navío, el susodicho Sup, con sarcasmo, me respondió: “pero ahí sólo cabe uno, y tiene que ser muy pequeño, y es… ¡una lata de sardinas!”, refiriéndose así a mi fragata, cuyo nombre, “Pon tus barbas a remojar” la nominaba a babor, a la altura de la proa.  Hice caso omiso de tal impertinencia y, caminando por entre la multitud que anhelaba una mirada mía, una palabra al menos, me dirigí hacia la isla “No tiene nombre”, descubierta por quien esto narra en 1999.  Ya en lo alto de su, ahora sí, cofia arbolada, esperé paciente a la madrugada.

  Maldije entonces al averno, convoqué a diosas de todas las latitudes, llamé pues a la más poderosa de ellas: la bruja escarlata.  Ella, la despreciada por los otros dioses, dados como son al machismo fanfarrón y de espectáculo.  Ella, la alejada por las otras diosas, dadas a la belleza falsa de afeites y cosméticos.  Ella, la bruja escarlata, la bruja mayor: Oh, die scharlachrote Hexe!  Oh, die ältere Hexe!

  Conociendo yo que las probabilidades de que esos seres extraños, autodenominados zapatistas, consiguieran una embarcación digna, eran exiguas, bien sabía que sólo el más poderoso de los poderes mágicos podría sacarlos del apuro y cumplir con su palabra.  Ergo, llamé a la bruja mayor, la de ropaje purpúreo, quien puede alterar la posibilidad de que algo ocurra.  Ella hizo cuentas y cuentos y llegó a la conclusión de que, en efecto, la probabilidad de que consiguieran una embarcación era casi de cero.  Así dijo:

  “Pero nada puedo hacer, si no hay una petición.  Y no cualquier petición.  Debe ser hecha por un Titán, un ser grandioso y magnánimo que a su buen talante cobije a quienes necesitan de un mágico evento”.

  ¿Y quién mejor que yo?, bramé sonoro.  La dama del manto carmesí alzó la mano demandando mi silencio.  “No es todo”, susurró.  “Preciso es que el tal Titán arriesgue su vida, su fortuna y reputación en la odisea que esos seres pretenden.  Esto es, que les acompañe con su aliento y bondad y, junto a ellos, aunque no a su lado, afronte desafíos y penares.  Esto es, estará y no estará”.

  Estuve de acuerdo pues mi única fortuna son mis hazañas, la vida la arriesgo con sólo existir y, bueno, mi reputación está por los sótanos del mundo.

  La bruja hermana hizo pues lo que se hace en estos casos: encendió su ordenador, se conectó a un servidor en Alemania, tecleó no sé qué conjuro, modificó una gráfica de probabilidades y subió, de casi cero a 99,9 % el porcentaje, tecleó de nuevo y un zumbido de su impresora delató el papel que de ella salía.  No sin antes apreciar la modernización que hay en el gremio de brujas escarlatas y similares, tomé la nota.  Una única sentencia la llenaba:

Si el titán de acero es, encuentre su semejante, que de eso depende el faltante

  ¿Qué significaba aquello?  ¿Dónde podría yo encontrar a algo o alguien, ya no digo parecido, sino digamos lejanamente cercano a mi grandeza?  Titanes no hay muchos.  De hecho, según la wikipedia de abajo y a la izquierda, soy el único que prevalece.  Entonces “de acero”.  ¿El hombre de acero?, lo dudo; no creo que la bruja escarlata haya recomendado a un varón.  Entonces una fémina o hembra de acero.

  Largo anduve.  Recorrí desde la Patagonia hasta la lejana Siberia.  Crucé caminos con el digno Mapuche, grité con la Colombia ensangrentada, atravesé la dolida pero persistente Palestina, pasé por los mares teñidos de la pena negra de migrantes, y volví sobre mis pasos, creyendo, erróneamente, que fracasado había en mi misión.

  Pero, al desembarcar en la geografía que llaman “México”, algo llamó mi atención.  Sobre aguas turquesas un navío padecía los arreglos y parches que su tripulación le daba.  “Stahlratte”, se leía en un costado.  Como a la bruja escarlata la encontré en la Alemania de abajo, y esa palabra significa “rata de acero” en su lengua, decidí probar fortuna.  Esperé, con sabia paciencia, a que noche y sombras cobijaran la soledad del barco.  Trepé con habilidad por la proa y, bordeando por estribor, me llegué a donde se ubica el centro de mando o gobierno de la nave.  En ella, un varón maldecía en lengua germana con improperios y blasfemias que apenarían al mismísimo averno.  Algo decía de la pena que da dejar mares y aventuras.  Supe entonces que el navío contaba sus últimos días, y su capitán y tripulación pesadillas tenían de una vida en tierra firme.  Las brujas escarlatas de todo el mundo confabulaban a mi favor y ventura.  Pero todo dependía de mí, del escarabajo de acero inoxidable, del más grande de los andantes caballeros, de etcétera, para encontrar “el faltante”.  Esperé entonces a que el capitán cesara en sus lamentos y maldiciones.  Cuando hubo callado y sólo un sollozo le ahogaba la garganta, me trepé al timón y encarándolo dije: “Yo Don Durito, ¿tú quién?”  El capitán no titubeó al responder “Yo capitán, tú polizón” mientras blandía un periódico o revista y amenazaba con oprimir así mi hermosa y esbelta figura.  Fue entonces que, con voz potente, me presenté.  El capitán dudó y guardó silencio y periódico o revista.

  Después, bastaron unas cuantas frases para que ambos entendiéramos que éramos gente de mundo, aventureros por vocación y elección, seres dispuestos a enfrentar cualquier desafío por imponente y terrible que fuera.

  Ya en confianza, le referí yo la historia de una odisea en curso, algo que llenaría luego los anales de las historias por venir, el más peligroso e ingrato de los quehaceres: la lucha por la vida.

  Me prodigué en detalles, le hablé de una embarcación construida en medio de las montañas, sin más agua que la de la lluvia para darle vocación y razón de ser.  Le platiqué de quienes habían decidido abrazar tamaña osadía, de leyendas sobre una montaña que se niega a la prisión de sus pies en tierra, de mitos y leyendas mayas en voz de sus originarios.

  El capitán encendió un pitillo, me ofreció uno pero hube de rechazarlo al sacar mi pipa.  Compartimos el fuego y el humo del tabaco.

  El capitán guardó silencio y, después de algunas bocanadas dijo algo como: “a fe mía que gran honor sería sumarse a tan noble y descabellada causa”.  Y agregó: “no tengo tripulación ahora, pues estamos ya al retiro, pero estoy seguro que mujeres y hombres se acercarán con tan solo el encanto de esta historia.  Ve con los tuyos y diles que cuenten con lo que somos, humanos y navío”.

  Terminada mi historia, me dirigí a quienes amenazaban con arrojarme por la borda: “Y así fue como ustedes, simples mortales, se embarcaron en esta aventura.  Así que dejadme en paz y volveos a vuestros trabajos y enseres, que yo he de vigilar que el Kraken deje en paz nuestra casa y camino.  Para eso he llamado a peces amigos que lo mantendrán ausente”.

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Y záz, que en ese momento alguien en cubierta grita “¡Delfines!” y tod@s subieron a cubierta armados de cámaras, celulares o sólo sus ojos asombrados.

  En la confusión, Durito, el más grande de los Titanes, el único héroe a la altura del arte, el cómplice de magos y brujas, se escabulló y trepó de nuevo a, ahora sí, la Cofa y desde ahí entonó cánticos que, lo juro, eran replicados por los delfines que, entre olas y sargazo, bailaban por la vida.

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  Más tarde, en la cena, el capitán confirmó la historia del bichito.  Y desde ese momento el bichito dejó de ser “el bichito” y es llamado, a partir de ese evento, “Durito Stahlkäfer”, “Durito, el Escarabajo de Acero”.

  “Una raya más al tigre”, debió decir el finado SupMarcos, tres metros bajo cubierta, err, quise decir, bajo tierra.

  Ahora, con camaradería, Gabriela le corrige a Stahlkäfer la pronunciación germana; en el hombro de Ete, Durito sube a lo más alto del palo mayor; acompaña a Carl cuando toma el timón y le divierte con historias terribles y maravillosas; sobre la cabeza de Edwin le dirige en el desplegar y arriar del velamen; y en las madrugadas comparte con el Capitán Ludwig el tabaco y la palabra.

  Y, cuando el mar embravece y el viento aumenta su lujurioso cortejo, el más grande ejemplar de la andante caballería, Stahlkäfer, entretiene al Escuadrón 421 relatando leyendas increíbles.  Como aquella que narra la historia absurda de una montaña que barco se hizo por la vida.

Doy fe.

SupGaleano.
Planeta Tierra.

Nota: El video de los delfines convocados por Stahlkäker fue tomado por la Lupita, porque el equipo de apoyo de la Comisión Sexta, encargado de tal misión, estaba ocupado… gomitando.  Sí, de pena ajena.  Ahora el Escuadrón 421 tiene como misión apoyar al equipo de apoyo.  Y todavía hay que atravesar el Atlántico (suspiro).

 

Música: «La Bruja», son jarocho interpretado por Sones de México Ensamble, con  Billy Branch. Imágenes: parte de la travesía de La Montaña, arribo y desembarco en Cienfuegos, Cuba; y reunión del Escuadrón 421 para mirar la página de Enlace Zapatista.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

http://enlacezapatista.ezln.org.mx/2021/05/12/delfines/

jueves, 6 de mayo de 2021

SOBRE EL MAR.

 


SOBRE EL MAR.

Mayo del 2021.

  Pensando en sus pasajeros, como debe de ser, el capitán Ludwig recomendó salir el día 2 en la tarde.  El oleaje previsto para el día 3 iba a hacer sufrir a l@s noveles mariner@s más de la cuenta.  Por eso el capitán propuso adelantar la salida para las 1600 horas del segundo día del quinto mes.

  El Subcomandante Insurgente Moisés le escuchó con atención y estuvo de acuerdo.  Así que, ahora que se acostumbra usar la palabra “histórico” para cualquier cosa, es la primera vez que el zapatismo realiza algo programado antes de lo anunciado (por lo regular nos colgamos y empezamos tarde).  Ergo: es algo histórico en el zapatismo.

  Salió entonces el Escuadrón 421 a las 16:11:30 del día 2 de mayo del año 2021.  Aquí les presentamos dos informes distintos sobre el mismo tramo de navegación.

Informe del Escuadrón 421 al Alto Mando Zapatista:
Itinerario del navío La Montaña.  Las horas están dadas en la hora oficial de la Ciudad de México, México (UTC -5).

Día 2 de mayo del 2021.  A las 16:11:30, La Montaña inició su travesía a una velocidad aproximada de 4 nudos (1 nudo = 1.852 km/h).  A las 16:21:30 tomó rumbo sur sureste y, a las 17:23:04, La Montaña inició una suave curva hacia el oriente.  A las 17:24:13 comenzó las maniobras para desplegar todo su velamen.  La tripulación, con el apoyo del Escuadrón 421, fue izando las velas.  A las 17:34 continuó el viraje y enfiló hacia el Este.  Completó la curva a las 17:41, teniendo al norte la punta sur de Isla Mujeres.  A esa hora tomó rumbo Noreste, en dirección al Primer territorio libre de América: Cuba.  Con el viento a su favor, La Montaña mantuvo velocidades entre los 8 y 9 nudos.  A las 23:01, al entrar al llamado “Canal de Yucatán”, su velocidad era de 6 nudos.

3 de mayo.  Madrugada.
A las 01:42 con velocidad de 8 nudos, La Montaña se acerca a las costas de Cuba.  Referencia: el Cabo de San Antonio.  A las 08:18:00, a unas millas al sur del Faro Roncali, pone rumbo al sureste.  Velocidad: 5 nudos.  A las 10:35:30 da un giro al Nor-norEste.  La velocidad sube a 7 y 8 nudos y ráfagas de viento maltratan el velamen.  A unas millas al suroeste de Cabo Corrientes, el Capitán decide entrar a la bahía del mismo nombre.  A las 13:55 bordea, por la izquierda, Punta Caimán.  El 3 de mayo, a las 14:25:15, el Capitán decide fondear frente al poblado cubano llamado “María la Gorda”; latitud 21.8225; longitud: 84.4987; para reparar el velamen afectado y esperar a que el viento amaine.

  El día 4 de mayo del 2021, a las 16:55:30, La Montaña reinicia su navegar, ahora con rumbo Oeste-SurOeste, con velocidad de 6 nudos.  A las 17:45:30, a la altura del Cabo Corrientes, toma rumbo Sur-Sureste.  A las 19:05:30 gira para enrumbar al Este-Noreste.

  A las 00:16:15 del 5 de mayo, La Montaña navega a 7-8 nudos.  A las 04:56:30, teniendo al norte Cayo Real y Cayo del Perro, el motovelero enrumba a Sur-Sureste.  Frente a la costa occidental de la Isla de la Juventud, dibuja dos “Z” sucesivas y a las 12:07:00 navega en paralelo a la costa sur de la mencionada isla, con 5 nudos y en dirección Este.  El último reporte recibido es de las 23:16:45 del 5 de mayo: 6-7 nudos con dirección al Este.  Se dirige hacia la ciudad y puerto cubano de Cienfuegos, para llegar ahí en el transcurso del día 6 de mayo.

  En Cienfuegos, La Montaña habrá de repostar y estacionarse algunos días, para luego seguir su viaje.  Se reporta que el Escuadrón 421, en su totalidad, se encuentra bien y adaptándose.  Sin “gómitos” y sólo mareos leves.

Es todo por ahora.

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Relato enviado por un ser extraordinariamente parecido a un escarabajo -que viaja de polizón en La Montaña-.  Los miembros de la tripulación han probado de todo para capturarlo.  No lo han logrado.  Las veces que han conseguido acorralarlo, el bichito les embruja con cuentos y leyendas de cosas terribles y maravillosas, historias ocurridas y por acontecer.  Cuando la tripulación sale del trance, el escarabajo ha vuelto a la Cofia del navío y, desde ahí, declama poemas en varios idiomas, grita amenazas y maldiciones, y desafía a la Hidra con un mondadientes como lanza y una tapa de plástico de algún frasco como escudo.  Aquí la narración:

  “Más que navegar, La Montaña parece bailar al mar.  Como en un largo y apasionado beso, se despegó del puerto y se dirigió a un destino incierto, pleno de retos, desafíos, amenazas y no poco contratiempos.

   Una cumbia le acompaña, le marca el paso y la distancia.  Un sol asombrado se detiene, para mejor mirar las caderas por el ritmo convocadas.  La luna, pálida de envidia y rabia, pierde el paso con el último y sensual agitar de palmas.

   Un viento lascivo, sátiro de nubes y ráfagas, perseguía a La Montaña, embobado por el vaivén de la popa.  La cumbia nada hacía por atenuar deseos y ansias, y más les alentaba y así les crecía y aumentaba.  Torpe y apresurado, como amante novicio, arriesgó el viento, erizado de lujuria, un manotazo.  Rasgó así las velas, trigueñas a fuerza de sal y agua, con las que la nave guardaba su preciada carga.

   Pudorosa, La Montaña, buscó recaudo y discreción para remendar sus ropas.  Y así reflexionaba: “El viento ha de aprender que el apetito y las ansias, mutuos han de ser, o atraco serán y no amor, que así le llaman”.

   Aliñada ya, La Montaña retomó rumbo y misión, no sin antes reconvenir a un viento que, apenado, con sigilo y cortedad le sigue ahora, pero que, con porfía marina, así le colma de requiebros:

   Que se despoje del pudor, le ruega.  Que el velamen desfallezca y que desnuda se muestre aunque su luz la mirada hiera, suplica.  Que la desnudez no peca si con otra desnudez se cubre, argumenta.

   La Montaña, digna y altiva, no cede.  Firme y tierna le rechaza.  “Ni aunque repose en puerto y en puerto me rehaga”, ha dicho La Montaña.  Y con la proa señala y dice: “Mirad esa otra isla que nuestra esperanza columbra y Cuba le llaman.  A esas montañas saludan, desde esta Montaña, seres anacrónicos cuyo desafío presente, caminos de mar andan”.

   E, irritada, la embarcación al viento impertinente regaña.  Que se deje de hurgar bajo las naguas, que para desanudar el deseo a veces una mirada basta.  El viento guardó recato entonces, pero no escatimó suspiros que el andar del navío mejoraban.

   Y así navega La Montaña, le sigue el viento prometiendo madrugadas.

   Al oriente, la espera crece y, con ella, la esperanza.

Firma: Don Durito de La Lacandona, aka “Black Shield”, aka “Durito”, aka “Nabucodonosor”, aka “Escarabajo Impertinente”, aka “Desfacedor de Entuertos”, aka “el grande, que digo ‘grande’, el gigante, el maravilloso, el superlativo, el hiper-mega-plus, el supercalifragilísticoespialidoso, el único, el inigualable, él. ÉL, ¡Don Durito de La Lacandona!”, aka (siguen varios tomos de la enciclopedia de atributos del “más grande de los andantes caballeros” –la mayoría de ellos, elaborados por el susodicho-).

Y agrega una posdata lejana del lejano y finado SupMarcos: “La esperanza es como una galleta: de nada sirve si uno no la tiene dentro”.

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  Por mi parte, me deslindo de todo lo anterior.  Especialmente del informe del bichito.

Vale.  Salud y que embarcación y vientos a la misión se allanen.

El SupGaleano tallando la cumbia como si la navegara.
Planeta Tierra.
Mayo del 2021.

 


«Viento en espiral», composición de Jesús G. Camacho Jurado. Interpretado por PsiqueSon.


“Cumbia sobre el mar”: letra y música de Rafael David Mejía Romani. Interpreta: Quantic, Flowering Inferno.