El desprecio racista de los “sabios”
Sergio Rodríguez Lascano
Una de las características más bajas
del pensamiento teórico de izquierda es que ubica los
planteamientos, conceptos, análisis, tendencias y teorías que
vienen del abajo profundo como parte del folclore de quienes no han
sido formados en la academia.
De un plumazo o de un teclazo no sólo
se empobrece la historia de la teoría emancipatoria, sino que se
miente rotundamente sobre el origen de esa teoría.
No importa si uno es marxista o
anarquista o sindicalista revolucionario o blanquista.
Siempre, las diversas teorías
emancipatorias estuvieron vinculadas a procesos sociales que no tan
sólo las permitieron, sino que las hicieron inevitables.
Así, por ejemplo, la Liga de los
Proscritos —luego Liga de los Justos y finalmente Liga de los
Comunistas—, estaba conformada por sastres, zapateros, relojeros.
El conjunto de esos revolucionarios elaboraron sus teorías no en el
medio académico (es más, muchas veces lo hacían en condiciones de
hambre o en la cárcel), sino en medio de la gente común con la que
trabajaban, práctica y teóricamente y, desde luego, en medio de
grandes confrontaciones sociales: la revolución de 1830 en Francia,
la revolución de 1848 en gran parte de Europa y, desde luego, la
Comuna de París en 1871.
Por eso, Carlos Marx acuñó una frase
que todavía hoy causa escozor a muchos comentaristas de la lucha
social:
“Cada paso de
movimiento real vale más que una docena de programas.” (“Carta
de C. Marx a W. Bracke”. Londres, 5 de
mayo de 1875.
https://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/gotha/c5-v-75.htm ).
Todo esto viene a cuento porque un
grupo de comentadores de la realidad, cuya actividad práctica se
reduce a atravesar con temor la avenida Eje Central, de la ciudad de
México (no sin antes pedir ayuda a alguien porque la gente les
provoca asco), desde las redes sociales (aquí se ubica la zona de su
praxis) se han sumado al coro de ataques contra el zapatismo, en
especial contra el Subcomandante Insurgente Moisés. Su “argumento”
—que sería risible si no fuera tan deshonesto— consiste en
señalar que él no es realmente anticapitalista (con un dejo
bondadoso, este sí muy chic, señalan que… lo puede ser, siempre y
cuando estudie y entienda el profundo significado de la ley del valor
y de la fetichización de las mercancías).
Uno se podría preguntar: ¿Desde qué
ladrillo se ubican esas personas para hacer esta crítica? o ¿cuáles
son sus bases teóricas y prácticas para hacer esta crítica?
Desde luego, no es extraño que ahora
se sumen al coro antizapatista, tampoco que ubiquen lo fundamental de
su crítica con una gran dosis de desprecio racista. La fila es
larga. En la práctica, comienzan el camino de Octavio Rodríguez
Araujo y escriben su versión cool de “mi paso por el zapatismo”.
La elaboración zapatista, por lo menos
la que se ha hecho pública, viene desde 1994. Ellos han planteado
una serie de conceptos y categorías que, muchos años después,
algún escritor famoso retoma, desde luego, sin citar el origen del
planteamiento.
Están también quienes, en el colmo
del atraso y el racismo, plantearon la idea de que el zapatismo
estaba bien para la selva pero no para la polis. Que la polis era una
sociedad compleja y no una simple como la indígena (¡chale!).
La idea era muy sencilla: el zapatismo
no debe meterse en los vericuetos de los planteamientos teóricos,
sino que debe construir sus Caracoles y quedarse en la selva sin
opinar sobre temas candentes como neoliberalismo, mercado, capital
financiero, crisis del Estado-Nación, fetichización de la mercancía
(para quien quiera una explicación sencilla, pero profunda de lo que
significa este último concepto le recomiendo el discurso del difunto
Subcomandante Insurgente Marcos en Altepexi, Puebla, sobre las
trabajadoras de las maquilas), acumulación por despojo, etcétera.
Pero resulta que sobre todos esos temas
el zapatismo no sólo ha hablado sino que ha construido un método de
aproximación que, por lo menos, tiene dos variantes:
1. Como ellos lo han dicho: su
reflexión teórica es producto de su práctica.
2. Lo que ellos plantean no son
juicios terminados ni teorías cerradas, tan queridas por esos que se
llenan la boca de hablar de ciencia y no entienden que, desde el
punto de vista histórico, la duda ha desempeñado una función
saludable. Desde luego, hablamos de la “duda científica”, que ha
servido para poner en tela de juicio las verdades reveladas.
Entonces, para la ciencia, toda verdad para ser científica ha de ser
refutable. Una verdad científica “indiscutible” es por
consiguiente un oxímoron. Toda la elaboración teórica de l@s
compañer@s ha tenido como característica el “principio
precaución”, que casi siempre va acompañado de la siguiente idea:
“bueno, así la vemos nosotros, pero quién sabe cómo la vean
ustedes”. Ellos analizan los procesos económicos, sociales,
políticos tratando de ubicar las tendencias que ahí se expresan. Y
hay que decirlo: casi todas esas tendencias por ell@s señaldas se
han evidenciado como realidades.
¿Por qué esa precaución? Creo que
hay tres razones:
a) Son modestos y su forma de
explicar las cosas no tiene la pedantería de los teóricos de buró.
b) Parten de un principio ético que,
en este caso, es profundamente ajeno no sólo a los teóricos de las
redes sociales sino a los intelectuales de la academia, los cuales
nunca o casi nunca se hacen responsables de lo que escriben. Una
semana se expresa una idea, la realidad demuestra un día después
que todo el planteamiento fue equivocado, y no se retoma el análisis
para señalar explícitamente el error o el horror, sino que se pasa
al siguiente tema sin el menor rubor. En cambio, para l@s zapatistas
su palabra tiene valor. Por eso cuando escriben o dicen algo, ese
algo ha sido producto de un largo proceso de reflexión y no de la
ocurrencia del momento. Y, por eso, ell@s sí se hacen responsables
de lo que dicen. No se olvidan de lo que dijeron, lo tienen presente
y le dan seguimiento a esa tendencia señalada, ven si otros tienen
otras ideas y luego, por medio de la práctica, saben quién tuvo
razón. Pero, sin embargo, eso no los lleva a cantar victoria ni a
mostrar superioridad. Una nueva tendencia se abre frente a sus ojos y
recomienzan todo el proceso.
c) Como su reflexión teórica es
producto de su práctica, pues entonces tienen que estar confrontando
permanentemente esas tendencias que señalan con la realidad.
Le dejan a otros la soltura con la que
descalifican a todo un movimiento que, cuando se había decretado el
fin de la historia, la construcción de un “nuevo orden mundial”,
cuando la resignación se había engalanado cubierta de cinismo, dijo
¡NO! y ¡Ya Basta!
Luego se han dicho frases tontas como
que el zapatismo es un “eticismo chic” o que no son del todo
anticapitalistas (independientemente de que así se definan) porque
no entienden la teoría del valor y la fetichización de las
mercancías.
Los que han dicho esto último no se
caracterizan por ser unos estudiosos serios de los trabajos de Marx.
Nunca han leído las obras fundamentales del marxismo, sólo buscan
estar a la “moda” sin saber que, como dijo Walter Benjamin:
“La moda tiene un
olfato para lo actual, donde quiera que lo actual dé señales de
estar en
la espesura de los antaño. La moda es un salto de tigre al pasado.
Sólo que tiene lugar en una arena en donde manda
la clase dominante” (Walter Benjamin:
Tesis sobre la historia.
https://marxismocritico.com/2013/05/31/tesis-sobre-la-
historia-y-otros-fragmentos/)
Entonces, interpretan a Marx a través
de las gafas de Robert Kurz (muerto en 2012). No me interesa en esta
ocasión discutir las tesis de Kurz, que además de cosas muy
interesantes, destilan un pesimismo producto de alguien que
vomita desprecio hacia la gente común, la que vive, crece y se
relaciona en las calles o en los campos. De aquél que nunca habla
con la gente común ni busca encontrar un piso común con ella, no
busca entenderla, más aún, tampoco la ve.
Pero me llama la atención que estas
personitas se agarren de Kurz para criticar a l@s zapatistas y
“demostrar” por qué no son realmente anticapitalistas —bueno,
que todavía no lo son y que a lo mejor algún día, si les hacen
caso a ellos (no lo dicen pero se sugiere), lo llegarán a ser— y
que pasen por alto algo fundamental: ¿Cuáles son las expresiones
concretas, prácticas, del anticapitalismo zapatista?
Veamos con un poco de detalle el
problema:
En una serie de párrafos memorables,
el Subcomandante Galeano, a nombre de l@s zapatistas, en referencia a
los discursos de cinco generaciones diferentes de mujeres zapatistas
señala lo siguiente:
“El zapatismo no
puede ser explicado por sí mismo, necesita conceptos, teorías y
pensamientos críticos para dar cuenta de sí mismo. Porque ustedes
han escuchado o leído la maravillosa genealogía de la lucha de las
mujeres zapatistas, sí, su heroicidad, sí, su terco empeño, pero
faltó algo.
“Faltó la
economía política.
“Sí, porque esas
rebeldía y resistencia pudieron crecer, desarrollarse y extenderse a
lo que ahora nos sorprende y aterra, sólo cuando existieron las
bases materiales que las concretaron. Fue hasta que las mujeres se
fueron desprendiendo de la dependencia económica de los varones, que
se pasó de la teoría a la realidad.
“Fue hasta que
surgieron sus cooperativas, sus proyectos propios, hasta que se
apropiaron de la economía, que despegaron. Porque el trabajo
incansable de las Ramonas, las Susanas y todas las mujeres zapatistas
que malorientaron (ok, eso fue un desliz machito), que contagiaron a
otras mujeres, y éstas a otras y así, pudieron hacerlo y pueden
hacerlo porque no dependen económicamente de los varones.
“Y déjenme
decirles que esto fue posible sólo hasta que ocurrieron al menos dos
hechos fundamentales: el uno, el cambio en la propiedad de los medios
de producción, y el otro la toma y ejecución de sus propias
decisiones, es decir, la política.
“Al explicarles
esto, he usado las herramientas de la economía política. Sin ellas,
ustedes podrían llegar a pensar que todo fue y es una cuestión de
voluntad, de firmeza, de compromiso, de militancia.
“En las ciencias
exactas y naturales funciona el llamado Principio del Tercer
Excluido. Bueno, en realidad dice “Tercio Excluido”, pero los
“Tercios Compas” somos zapatistas y resistimos. Este principio es
muy sencillo: una cosa no puede ser y no ser.
“Es decir, en
condiciones idénticas una premisa siempre tendrá una y sólo una
conclusión.
“En las ciencias
sociales es tal el ritmo vertiginoso de la mutación en las
condiciones de las premisas que, cuando el teórico llega “loco de
contento con su cargamento” a la realidad, ésta ya se ha
modificado.
“A menos que sea
un cínico que sólo quiera mantener la beca o la plaza, el pensador
crítico tendrá que ir y venir continuamente de la realidad a
la teoría, de tal forma y con tal celeridad que no es de extrañar
que luego se maree y vomite.
“Pero el
científico social no tiene por qué rehacer todo, qué más
quisieran en las redes sociales y en los medios de paga o no. El
científico social no vuelve a descubrir el fuego cada vez que quiere
dar cuenta de los múltiples incendios que crecen y se extienden en
la realidad social. Parte él de un marco teórico, de unas ideas
fundamentales, de unos conceptos científicos, de teorías base.
“Por ejemplo, en
la ciencia de la economía política, la teoría del Valor, o la
teoría que nos orienta a buscar las explicaciones generales en las
bases materiales. Partir de la propiedad de los medios de producción,
circulación y consumo de mercancías (nosotros hemos agregado “los
medios de despojo”, por lo que explicaré luego), y de las
relaciones sociales de producción que esa propiedad impone.
“Esas teorías,
esos conceptos ¿son sólo buenas intenciones, ocurrencias,
ideologías más o menos estructuradas?
“¿Sirven para
explicar una realidad? Por ejemplo, ¿se puede explicar la genealogía
del sistema capitalista sin el concepto de mercancía, sin la teoría
del valor? O de forma más provocadora: ¿se puede explicar a
cabalidad el nacimiento y desarrollo del capitalismo con conceptos y
teorías contrarias y contradictorias a las de la economía
política?” (El Pensamiento Crítico frente a la Hidra Capitalista.
Tomo 1)
¿Así que todavía les falta para ser
anticapitalistas? ¿Así que tienen que leer a Kurz? ¡JA!
En estos párrafos se ubican, desde mi
punto de vista, por lo menos cuatro elementos fundamentales de la
práctica y la teoría anticapitalista de l@s zapatistas.
Quienes pudimos escuchar la narración
de las cinco compañeras zapatistas fuimos tocados profundamente por
dicha narración. Lo que oímos fue la evidencia de la lucha por “el
tránsito del dolor a la esperanza”. De la vida bajo el finquero a
la construcción de nuevas relaciones sociales. Pero la narración no
se llevó a cabo a partir de un discurso cerrado, duro y aburrido
sino desde la perspectiva de aquéllas que cuentan, de manera
completamente natural, su gran creación heroica.
Y luego el Sup, a partir de esa
experiencia práctica crea y recrea una serie de conceptos claves:
a) Esto fue posible, sólo gracias a
que se dio un cambio en la propiedad de los medios de producción.
Pero el cambio de propiedad se ha dado
muchas veces en la historia, la peculiaridad es que no se trató de
una estatización de los medios de producción sino de una
socialización de los mismos. La diferencia no es baladí. El proceso
de organización que ha permitido la creación de las nuevas
relaciones sociales tiene como base material la apropiación social
de los medios de producción, en especial de la tierra.
A partir de eso, todo cambia. Las leyes
mercantiles como tales se modifican. Los nuevos dueños de los medios
de producción deciden la forma, el tiempo, la estructura, los
ritmos, todo lo que tiene que ver con el trabajo, el producto y la
distribución del excedente social llevada a cabo con criterios
sociales.
El trabajo deja de ser una relación
social impuesta por intereses privados, que determinan las metas y
las cadencias de la producción y que se apropian del tiempo de
trabajo no pagado, para su beneficio personal.
Pero, igualmente, el trabajo deja de
ser algo impuesto por una burocracia estatal que determina las metas
y las cadencias de la producción y que, aunque distribuya un poco
menos mal el resultado del tiempo de trabajo no pagado, se apropia de
una parte fundamental desarrollando la corrupción y el proceso de
conformación, a la larga, de una burguesía burocrática.
En ambas formas anteriormente señaladas
de control de los medios de producción el resultado del trabajo no
sólo no le pertenece a los productores directos, sino que son la
base de la explotación y la dominación.
Pero, cuando los productores directos
tienen el control del proceso productivo, gracias a que son los
dueños de los medios de producción, entonces se hace realidad la
idea axial de que la sociedad por la que luchamos es aquélla que
está basada en “la asociación libre de los productores”.
b) Pero ese hecho no se ubica
únicamente en una relación económica sino en algo igualmente
profundo: “la toma y ejecución de sus propias decisiones”. Para
los que les obsesiona la ontología, ¿aquí cuál es la diferencia
entre el sujeto y el objeto? ¿Se puede separar? ¿Es posible
construir otra relación social si la apropiación de los medios de
producción no va acompañada de la “toma y ejecución de sus
propias decisiones” por parte de los productores? ¿Se pueden
tomar y ejecutar (por lo menos completamente) sus propias decisiones
sin la apropiación de los medios de producción? ¿No estará aquí
la base real del concepto de libertad? ¿No estará aquí la base
real del concepto de dignidad? ¿No estará aquí la base real del
concepto de democracia? ¿No es esto antagónico a la ley del valor y
a la fetichización de la mercancía?
c) ¿Y la ley del valor? ¿Y la
fetichización de la mercancía? Si cambian las relaciones sociales
de producción y si la comunidad (no un patrón, no el Estado, no el
gobierno, no un burócrata, tampoco un revolucionario) decide la
forma que van a tener las relaciones de producción y si se definen
en función del interés colectivo y no hay apropiación privada del
excedente social, entonces pues solamente alguien muy obtuso que no
tiene más punto de mira que una pantalla sea grande o chica, puede
decir que eso “no es anticapitalismo, pero que a lo mejor algún
día lo será”.
Si entendemos que la base fundamental
de la ley del valor tiene que ver con la apropiación y control de la
vida por medio de la apropiación del trabajo no pagado, pues
entonces la respuesta es obvia.
Y si entendemos que la base de la
fetichización de las mercancías es el carácter externo, ajeno, que
tiene la producción para el productor —lo cual permite que las
mercancías cobren vida ante sus ojos azorados y comiencen a bailar—,
entonces entenderemos por qué en las comunidades zapatistas la gente
baila con exceso, ell@s son los que bailan y festejan su creación,
no al revés.
d) Pero tampoco tienen la idea de que
lo que están construyendo es un falansterio que vive al margen de
las relaciones sociales de producción capitalista. Tampoco la
caricatura que hace Kurz, cuando dice:
“En los últimos
años, esta fórmula ha sido cada vez más utilizada en el sentido de
ser sólo
una economía alternativa cooperativista, por así decirlo ‘al
lado’ de la
síntesis social por el capital, y la que de alguna manera habría
que ampliar gradualmente. Esto solo da continuidad al
particularismo ‘colorido’ posmoderno. Sin embargo, la
formación de una sociedad negativa (negativeVergesellschaftung)
del
capitalismo solo puede ser superada por entero, o no será superada”
(“La era del
capitalismo pasó”.
http://www.sinpermiso.info/textos/la-era-del-capitalismo-pas-la-
izquierda-y-la-dialctica-sujeto-objeto-del-fetichismo-moderno).
L@s zapatistas han hecho de una frase
la insignia de su buque: “falta lo que falta”. Su construcción
heroica, llevada a cabo en las zonas zapatistas, son sólo la
demostración de que la sociedad se puede organizar de otra manera.
Que el objetivo no puede circunscribirse a un territorio, una región,
un estado, un país, un continente, un mundo… Que sí se pueden
construir otras relaciones sociales. Que es mentira que
inevitablemente el egoísmo de la humanidad impida una construcción
común, pareja, colectiva. Que el capitalismo o es superado del todo
o no será superado.
“Que hablen los
cinco continentes y que todos escuchen. Que la humanidad suspenda un
momento su silencio de vergüenza y angustia. Que hable la humanidad.
Que la humanidad escuche que…
“En el mundo de
ellos, los que en el Poder viven y por el Poder matan, no cabe el ser
humano. No hay espacio para la esperanza, no hay lugar para el
mañana. Esclavitud o muerte es la alternativa que el mundo de ellos
ofrece a todos los mundos. El mundo del dinero, el mundo de ellos,
gobierna desde las bolsas de valores. La especulación es hoy la
principal fuente de enriquecimiento y, al mismo tiempo, la mejor
muestra de atrofia de la capacidad de trabajo del ser humano. Ya no
es necesario el trabajo para producir riqueza, ahora sólo se
necesita la especulación” (Segunda declaración de la Realidad,
agosto de
1996.ttp://enlacezapatista.ezln.org.mx/1996/08/03/segunda-declaracion-de-la-realidad-por-la-humanidad-y-contra-el-neoliberalismo/
)
No, la idea no es hacer seis, siete
caracoles —cada quién su modo—, pero lo que sí creo que está
en la base del pensamiento anticapitalista del zapatismo es que es
indispensable enfrentar las dos cabezas madres del capitalismo: la
propiedad privada de los medios de producción y el dominio que
permite que la sociedad sobreviva o muera sin tener el control de su
vida. ¿Cómo se va a lograr? Los zapatistas nunca le dicen a los
demás lo que esos demás deben saber, hacer y, sobre todo,
descubrir. Por eso formulan una pregunta clave: ¿Y tú qué?
Porque ningún programa puede sustituir
al camino por el cual el movimiento real avanza. Por lo tanto, ese
paso es el indispensable para poder generar (con programa codificado
o no) las bases de la liberación.
Eso es un poco más complicado que
vivir con el placer de contar con un grupo de ocho que abren la boca
con cara de ¡Oh ha hablado el científico!
Es una pena. No, no todos lo pueden
hacer. No, no todos pueden ser el dron subterráneo llamado
Subcomandante Insurgente Moisés, pero por lo menos deberíamos tener
un poco de sobriedad en los juicios. Pero, en fin, allá cada quien y
su grey.
Una idea diferente solamente podría
partir de algo que es profundamente desconocido por este tipo de
personas. Para poder llegar a esa visión compleja de la economía
política y la vida, l@s zapatistas nos dejan una huella por la cual
se podría avanzar, claro, no es sencillo, pero es una huella:
“Es necesario
reeducar al deseo. Enseñarle al deseo a desear, a desear mejor, a
desear más, y sobre todo a desear de un modo diferente.”
(Subcomandante Insurgente Marcos. Desde las
montañas del sureste mexicano, agosto de 1996.)
Son 137 caracteres, tres menos que su
universo. No sé, puede ser, en una de ésas lo entienden.
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