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miércoles, 6 de octubre de 2021

VOLANTEM EST ALIO MODO GRADIENDI

 

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VOLANTEM EST ALIO MODO GRADIENDI

(¿Qué esperamos?)

Cualquier día, cualquier mes de cualquier año.

  Sequías.  Inundaciones.  Sismos.  Erupciones.  Contaminación.  Pandemias actuales y futuras.  Asesinatos de líderes de pueblos originarios, de defensores de los derechos humanos, de guardianes de la Tierra.  Violencia de género escalada hasta el genocidio contra las mujeres –el suicidio imbécil de la humanidad-.  Racismo no pocas veces mal oculto detrás de la limosna.  Criminalización y persecución de la diferencia.  La condenación irremediable de la desaparición forzada.  Represión como respuesta a demandas legítimas.  Explotación de los más por los menos.  Grandes proyectos de destrucción de territorios.  Poblados desolados.  Desplazados por millones, ocultos bajo la figura de “migración”.  Especies en peligro de extinción o ya sólo un nombre en la carpeta de “animales prehistóricos”.  Gigantescas ganancias de los más ricos de los ricos del planeta.  Miseria extrema de los más pobres de los necesitados del mundo.  La tiranía del dinero.  La realidad virtual como salida falsa frente a la realidad real.  Estados Nacionales agonizantes.  Cada individuo un extraño enemigo.  La mentira como programa de gobierno.  Lo frívolo y superficial como ideales a alcanzar.  El cinismo como nueva religión.  La muerte como cotidianeidad.  La guerra.  Siempre la guerra.

  La tormenta arrasando con todo, susurrando, aconsejando, gritando:

¡Ríndete!

¡Ríndete!

¡RÍNDETE!

  Y sin embargo…

  Allá, cerca y lejos de nuestros suelos y cielos, hay alguien.  Una mujer, un hombre, unoa otroa, un grupo, un colectivo, una organización, un movimiento, un pueblo originario, un barrio, una calle, un poblado, una casa, una habitación.  En el rincón más pequeño, más olvidado, más lejano, hay alguien que dice “NO”.  Que lo dice quedo, que apenas se oye, que lo grita, que lo vive y lo muere.  Y se rebela y resiste.  Alguien.  Hay que buscarle.  Hay que encontrarle.  Hay que escucharle.  Hay que aprenderle.

  Aunque tengamos que volar para abrazarle.

  Porque, después de todo, volar es sólo otra forma de caminar.  Y, bueno, caminar es nuestro modo de luchar, de vivir.

  Así que, en la Travesía por la Vida, ¿qué esperamos?  Esperamos mirarle su corazón de usted.  Esperamos que no sea demasiado tarde.  Esperamos… todo.

Doy Fe.
SupGaleano.
Planeta Tierra… o lo que queda de él.


«On lâche rien» en Francés, Español, Catalan, Euskera, Gallego. Interpretada por: HK et les SALTIMBANKS con LA PULQUERIA, TXARANGO, LA TROBA KUNG-FÙ, FERMIN MUGURUZA et DAKIDARRIA.

 

https://enlacezapatista.ezln.org.mx/2021/07/06/volantem-est-alio-modo-gradiendi/

domingo, 20 de enero de 2019

Contrainsugencia progresista [ por Raúl Zibechi. Desinformémonos ]

Imagen de www.marxistsfr.org/espanol/luxem/rosa.jpg

Ahora que se cumplen cien años de los asesinatos de Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht, vale preguntarse: ¿quién fue el responsable de los crímenes? ¿quién o quienes apretaron el gatillo y con qué autorización lo hicieron?

La respuesta es tan clara como dramática: el gobierno socialdemócrata de Friedrich Ebert, aliado con los paramilitares Freikorps (“cuerpos libres”) en respuesta al levantamiento obrero en toda Alemania, en una coyuntura revolucionaria como la que atravesaba buena parte de Europa al finalizar la I Guerra Mundial.

Los Freikorps estaban integrados por ex soldados del ejército alemán, con un fuerte sentimiento anti-comunista y anti-obrero, y participaron en los años siguientes en numerosos choques con obreros socialistas y comunistas en huelga. Ante la “revuelta espartaquista” en Berlín en enero de 1919, los Freikorps fueron inducidos por el ministro de Defensa, el socialdemócrata Gustav Noske, para reprimir a los obreros y a los comunistas, incluyendo a Liebknecht y Rosa Luxemburgo el 15 de enero de 1919.

Poco después apoyaron al gobierno para aplastar la República Soviética de Baviera y con los años muchos de sus miembros comenzaron a acercarse al nazismo, ingresando al Partido Nacional Socialista alemán y a su milicia, la SA (grupos de asalto).

La deriva de la socialdemocracia alemana hacia la represión que abrió las puertas al fascismo, comenzó en realidad mucho antes, bajo el gobierno del canciller Otto von Bismarck en la década de 1880. En esos años las clases dominantes estaban obsesionadas por la posible repetición de una revolución como la de 1848 (recordemos que Wallerstein plantea que se trató de una de las dos revoluciones mundial que cambiaron el mundo) y de la Comuna de París de 1871.

Para evitar esa posibilidad, un político conservador como Bismarck comenzó a dar los primeros pasos para la construcción de un amplio sistema de cobertura social que luego fue seguido por otros países del continente. En consecuencia se aprobaron leyes de Seguro de Enfermedades (1883), Seguro de Accidentes de Trabajo de los Obreros y Empleados de Empresas Industriales (1888) y durante 1889 la del Seguro de Invalidez y Vejez. El espíritu de la legislación social se desprende de un célebre mensaje de Bismarck: “La superación de los males sociales no puede encontrarse exclusivamente por el camino de reprimir los excesos socialdemócratas, sino mediante la búsqueda de formulas moderadas que permitan una mejora del bienestar de los trabajadores”.

En el mismo período en el que el canciller Bismarck innovaba con la construcción de una amplia legislación de protección social, la primera en el mundo capitalista, impuso las llamadas “leyes antisocialistas” (prohibición de actividades y partidos de signo socialista, de prensa y recaudación de fondos), entre 1878 y 1888, con el objetivo de debilitar al partido socialdemócrata y a las organizaciones de la clase trabajadora que contaba con cooperativas, bibliotecas, periódicos y una infinidad de asociaciones culturales y sociales.

A un siglo de distancia, no sólo debemos mostrar nuestra indignación por los asesinatos de Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht, sino extraer alguna enseñanza para iluminar las resistencias actuales.
La primera es que la socialdemocracia (el progresismo o la izquierda) en el gobierno, se atreve a hacer aquello que la derecha no tiene posibilidad de realizar. Porque el progresismo al mando del Estado tiene mayor legitimidad y puede sustituir a la derecha en el trabajo sucio, como hizo en 1919.
La segunda es que para asumir el mando del aparto estatal, las diferencias entre izquierda y derecha han debido diluirse hasta desaparecer completamente. La socialdemocracia alemana no sólo es responsable de los crímenes señalados, sino también de haber alfombrado el camino del nazismo, al destruir a los únicos que podían evitar que llegara al poder: la clase obrera organizada. La cuestión no es la actitud de tal o cual dirigente, sino una política que colocó en el centro la ocupación del Estado, desde donde no hay otra posibilidad que hacer lo que hicieron. Es un tema estructural, no de coyuntura o de personas.

Lo sucedido un siglo atrás no es sólo historia. En América Latina el progresismo está transitando, pasos más o menos, un camino muy similar: las políticas sociales y la represión forman parte de un mismo proceso.